lunes, 16 de mayo de 2016

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar auténtico terror: 4. La Plaza Nueva


Por la rueda o por la horca, por degüello o por hoguera, la ejecución se desarrolla como una auténtica interpretación dramática, donde el patíbulo es el escenario, el verdugo y el condenado los dos actores principales y los mirones en turbamulta los espectadores.
Francisco de Quevedo



      - ¿Has pedido a Dios que perdone tus pecados?

El preso permanecía cabizbajo ante las preguntas que de forma amable le hacía el hermano de la Cofradía del Santísimo Sacramento encargado de velar por su espíritu.

Con los ojos llorosos sentía en su interior una rabia que no podía controlar.

El mayordomo de la cofradía posó su mano derecha sobre el hombro del reo Pedro Miñana.

A su lado, el otro condenado, Miguel Gash emitió una sonora carcajada.

      - ¿Creéis que podéis darnos consuelo con vuestras inútiles palabras? ¡Más valdría que os marchaseis a rezar al convento y dejarnos en paz en nuestros últimos momentos!

El encargado por el prior de dar consuelo espiritual a los dos que estaban a punto de ser ajusticiados ya tenía cierta experiencia y sabía que las injurias y los insultos irían a más.

      - Os he traído vuestro puchero de gallina como os prometí, podéis alimentaros con esto y luego si deseáis alguna otra cosa os podría proporcionar alguna golosina como chocolate o algún bizcocho.

      - ¡Guárdate tus regalos para aquellos que lo necesiten! ¡No moriré humillado por vuestros gestos ni por los de aquellos que cobardemente os mandan venir hasta aquí sin dar ellos mismos la cara!

Aquel gritó llegó a atravesar las gruesas paredes de su prisión y el mayordomo empezó a sentirse un tanto molesto. Aún así siguió con su actitud benevolente y les ofreció un sorbo de una bebida que habían preparado para ellos conocida como Cordial.

Pedro se levantó del suelo y con grandes zancadas llegó hasta donde estaba situado el cofrade arrebatándole de las manos la bebida.

De un trago se hizo cargo de ella dejando sin nada a su compañero de penurias.

Aquello pilló de improviso a Miguel y entonces centró toda su ira y sus ataques contra el otro reo que tan injustamente había actuado.

Aquel gesto del cofrade significaba que la sentencia había sido dictada y que por tanto se encontraban verdaderamente en sus últimos momentos.

El verdugo ya había llegado a Orihuela y la sentencia debía de cumplirse antes de que el sol se ocultase en el pequeño teatro de madera que habían montado en la Plaza Nueva.

      - ¡Poneos estas túnicas! Pues es preciso que salgáis con ellas.

El cofrade les ofreció algo que parecían dos túnicas de bayeta negras y junto a ellas algo que recordaba sendas mortajas. Era el 22 de mayo de 1720.

Fueron conducidos hacia el cadalso mientras la gente chillaba, les insultaba o les escupía en la cara.

Las maderas del escenario parecían robustas, perfectamente pensadas para aquel acto teatral, el último de sus vidas en donde los actores interpretarían por última vez ante un público que chillaba y permanecía atento ante lo que aconteciera.

Uno por uno fueron ajusticiados los dos condenados. Alrededor de sus cuerpos se colocaron cuatro manuales encendidos que luego se llevarían a la Capilla de Loreto en donde enterrarían sus cadáveres.

Ni una palabra más habían pronunciado los ajusticiados. Toda la valentía que anteriormente proyectaba Miguel Gash había desaparecido de repente enmudeciendo mientras se dirigía hacia su muerte.

Así que todo había transcurrido sin novedad y la gente ya empezaba a marcharse de allí comentando lo bueno y lo malo del acto.

Pero las almas atormentadas de aquellos hombres quedaron con una mancha oscura que no pudieron limpiar. Sus espíritus, junto con los de otros ajusticiados,  aún yacen adheridos al lugar que antaño sirvió como escenario de ahorcamientos y también de corridas de toros.



DOCUMENTACIÓN EXTRAIDA DE LOS TRABAJOS DEL CRONISTA DE ORIHUELA D. ANTONIO GALIANO

Los reos eran llevados a la Capilla y alimentados por la Cofradía del Santísimo Sacramento de la Catedral y Los Hermanos de la Escuela de Cristo.

Eran guardados unos días y luego llevados a la Plaza Nueva para su ahorcamiento.

El alimento que se daba a los condenados consistía en un puchero de gallina y si el reo pedía algún extra de necesidad se le proporcionaba chocolate, bizcochos o alguna cosa especial que solicitaran.

Antes de morir los pasos que se daban eran la compañía constante en la cárcel de un mayordomo perteneciente a dicha cofradía que trataba de dar consuelo espiritual al reo y si fuera necesario proporcionar una bebida conocida como Cordiales que era una bebida tonificante que fortalecía el corazón para que su espíritu no decayera y no dejar en evidencia que el sujeto estaba desfallecido y por tanto hacía que la ejecución tuviese menos interés entre los espectadores.

El cordial se le proporcionaba o bien en el momento que se le comunicaba la sentencia, bien de camino al patíbulo, bien en otro momento que la necesidad lo requiriera.

Una vez que se conocía la llegada a la ciudad del encargado de realizar la ejecución (el verdugo) el gobernador oficiaba al prior de la Cofradía para que dispusiese todo lo necesario.

Se llevaba a la cárcel una cama del hospital con un colchón, mantas, almohadas y sábanas dejando así la habitación lista como capilla.

Se ordenaba confeccionar una túnica de bayeta negra y unas balonas para el reo que se le ponía por el verdugo justo antes de salir hacia el cumplimiento de la condena y que al final les sirviera como mortaja.

El prior, durante los días que duraba la capilla, se encargaba de atender al sentenciado y se mandaban a 4 o 6 caballeros a recoger limosna en beneficio del reo para pagar el traslado de la cama, la confección de la túnica, la celebración de misas y el pago al verdugo.

El lugar en donde se colocaba el pequeño teatro portátil era la Plaza Nueva.

Cuando el reo ya no respiraba, se colocaban junto a él cuatro manuales encendidos a cada lado del cadáver que con posterioridad se trasladaban a la Capilla de Loreto.

El cuerpo del muerto se soterraba en uno de los dos sepulcros disponibles en el atrio de la Capilla de Loreto destinados a todo aquel que había muerto por una desgracia.

Por manuscritos documentales sabemos de esta ejecución producida el 22 mayo de 1720. Los reos ejecutados se llamaban Pedro Miñana y Miguel Gash.

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