domingo, 27 de diciembre de 2015

FICCIÓN: Orihuela misteriosa: La extraña muerte del padre Furgús


Cuando un extraño suceso pasa cerca nuestro, o, al menos, en nuestro país, nos damos cuenta de lo alejados de la verdad que podemos estar en nuestro día a día. Cada año aparecen elementos en distintos puntos de la tierra que no podemos identificar, suceden historias lúgubres sin explicación y otros extraños acontecimientos nos dejan con un sentimiento de desprotección.

Y es que a pesar de que la ciencia, la tecnología y la investigación han recorrido un largo camino, lo cierto es que hay ciertos misterios que no se podrán resolver con explicaciones lógicas. A partir de ese momento en el que no damos con más pistas, nos tenemos que conformar con simples especulaciones.

Uno de los misterios más extraños de España es la insólita muerte del padre Furgús, un importante arqueólogo jesuita considerado un pionero de la arqueología en España y dueño de una trascendente y brillante colección de objetos arqueológicos de las más grandes de Europa.

Julio Furgús nació el 13 de enero de 1856 en Agen, cerca de Toulouse. Siendo él niño, su familia se trasladó a Barcelona, donde inició sus trabajos de investigación arqueológica mediante excavaciones y prospecciones arqueológicas.

Ya en esos tiempos, Furgús inició íntimas relaciones con destacados terratenientes e ilustres nobles, gracias al apoyo de los cuáles su trabajo cada vez fue más notable. También influyó en su carrera que fuera miembro de la Compañía de Jesús, ya que el estamento eclesiástico ha participado en el proceso de recuperación y estudio de las antigüedades clásicas desde siempre.

Para Furgús la principal motivación de sus excursiones arqueológicas, tanto dentro de la provincia de Alicante como fuera de ella, era recoger material inédito y valioso para el enriquecimiento de su colección personal del colegio de Santo Domingo de Orihuela.  
Esta ávida necesidad de colección y recuperación de piezas antiquísimas pudo despertar el recelo en algunos de sus allegados, que no verían con buenos ojos que tanta riqueza histórica del país quedara en manos de una única persona.

Además, a causa de su formación decimonónica, se ha comentado que existía una actitud de desconfianza a la hora de mostrar sus objetos a otros investigadores del momento, lo cuál pudo despertar aún más envidias y enemistades.

Se ha descubierto que el padre Furgús mantenía una asidua relación de intercambio de conocimientos e opiniones con los hermanos Siret, con los que, sin embargo, se mostró receloso de enseñar muchos de sus hallazgos.

Así pues, la tensión y desconfianza fueron creciendo a lo largo de la trayectoria de Furgús. Su competitividad por realizar los más insospechados descubrimientos se desbocaba.

Además, tener la primicia a la hora de mostrar los descubrimientos a la sociedad y la comunidad científica pudo llegar a ser una necesidad agónica para él. Algo que, incluso, pudo llevarle hasta su muerte.

Furgús finalmente alcanzó una gran fama y prestigio como arqueólogo entre los poderes políticos y económicos del entorno. Su ambición y pasión incluso lo llevó a crear un importante museo de arqueología en Alicante.

El 30 de Enero de 1909, Furgús partió hacia una de sus usuales excursiones por la cúspide del cerro, en cuya falda se asienta el Colegio de Santo Domingo.
Sin embargo, sucedió algo que nadie podía sospechar: Furgús jamás volvió a ser visto con vida.


Se pueden apreciar las cruces de la leyenda

Se cuenta que durante su exploración se le escurrieron los pies, cayendo despeñado por el lado de la roca cortada en el conocido como patio de Lourdes del colegio Santo Domingo.. Dicen que para testimoniar su amor a cristo, antes de dejar de respirar pintó una cruz en una piedra con su propia sangre.

Sin embargo tras su muerte, comenzó la leyenda: muchas personas afirmaron ver el espectro del padre Furgús vagando por el colegio ¿Una visión? ¿Un fantasma en búsqueda de venganza? ¿Un cuento de niños? Más allá de las habladurías, es inexplicable por qué hubo tan poco revuelo tras la desaparición de una eminencia de sus características.

Su muerte apenas fue mencionada en la prensa, a pesar de las sospechosas circunstancias en las que se ve envuelta su muerte. El padre Furgús gozaba de plena salud y reflejos cuando supuestamente resbaló por el monte, realizando un camino que, además, conocía perfectamente ¿Qué se esconde tras su muerte?


LA IBERIA Diario de la tarde nº 476, 30 Enero 1909
LA IBERIA Diario de la tarde nº 477, 1 de Febrero 1909

A pesar de la importante repercusión que supuso el paso del jesuita por el mundo de la arqueología, tampoco se realizó ningún evento relacionado con Furgús a modo de homenaje. Además, de entre su gran círculo de poderosas amistades jamás se escuchó una queja ante la nula investigación realizada tras el supuesto “accidente”.  Todo apunta  a que su muerte está velada por una oscura capa de manipulación de los hechos, por un círculo muy poderoso con la suficiente fuerza para acallar a todo un pueblo.

Misteriosamente, nadie puede aportar más detalles sobre la misteriosa muerte del padre Furgús, justo en el momento de su plenitud intelectual y su fama entre los círculos más poderosos.

¿Hubo quizá una poderosa mano que acalló tantas bocas?


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