lunes, 13 de febrero de 2017

Leyendas de Murcia: La Leyenda del Ángel de Salzillo



No son pocas las obras conocidas que parió este Murciano y que realizó con sus propias manos.

Un hombre que parece que ha dejado huella en la Semana Santa de casi toda España.

La perfección en el detalle, la pureza de los rostros, son sus características principales.

De sobra es conocido el Cristo de la Agonía del Convento de San Francisco de Orihuela que está considerada como una de las más memorables obras de este artista dedicada al tema de la Crucifixión de Cristo.


Podemos sentirnos privilegiados.

Durante la Guerra Civil fueron muchas las obras del escultor murciano que fueron destruidas o que a día de hoy permanecen en paradero desconocido.

Un ejemplo de ello es La Magdalena que se puede apreciar en la foto pero que ya no existe por la barbarie de la guerra.


Muchas leyendas giran alrededor de la figura de este personaje que como corresponde a este blog vamos a desvelar para el gusto de nuestros lectores.

Ya que los cronistas e historiadores de Orihuela no parecen muy amigos de las leyendas fabulosas tendremos que recurrir a las que circulan por nuestra ciudad vecina, Murcia, en donde llevan siglos contándolas de padres a hijos.

Una de las más conocidas, con más de dos siglos de antigüedad, es la que se refiere a una talla que con mucho cariño guardan en la ciudad de Murcia y que algunos autores se han atrevido a comparar con las inmaculadas obras de Miguel Ángel o del mismísimo David de Florencia. Y que la tratan como si fuera un icono de importancia mundial.

La Oración en el Huerto.


Salzillo quería crear un ángel perfecto pero no era capaz de encontrar la inspiración.
Tenía ya representado a Cristo en actitud de oración en el Huerto de los Olivos y quería que la figura del ángel cobrara todavía mayor importancia.

Pero ¿Cómo retratar a un ángel? Si, nadie ha sido capaz de haberlo hecho nunca.

Así pasaron los días, los meses, y la obra quedaba sin finalizar.

Este hombre se atormentaba al mirar hacia el lugar vacío en donde debía de estar la figura del ángel.

Fueron muchos los bocetos que desestimó porque consideraba que no reflejaban el rostro perfecto de la criatura más importante de la creación.

Un día, alguien llamó a la puerta de su casa. (como habitualmente sucedía como se refleja en las crónicas que hablan de su vida).

Al abrirla, Salzillo se encontró frente al rostro desatendido de un harapiento desfallecido de hambre que solicitaba su piedad.

Salzillo, se sintió conmovido y lo hizo pasar dándole una hogaza de pan y dejando que se acomodara en su taller para resguardarse del frío del exterior. Y a continuación se subió a su aposento para descansar.

A la mañana siguiente, Salzillo ya vestido bajó al taller para ver como estaba el desprotegido que había recogido.

Pero se encontró con que se había marchado.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando descubrió que la puerta estaba abierta.

Se dirigió para cerrarla y cuando volvía contrariado por no saber del paradero del mendigo, sus ojos se posaron sobre algo de color claro que permanecía sobre la mesa de su taller de trabajo.

Se acercó hasta allí y al contemplarlo más detenidamente descubrió un boceto que el mismo desconocía su procedencia y que instantáneamente lo atribuyó al mendigo al que de una manera desinteresada y piadosa había acogido y alimentado por una noche.

Y así es como la caridad de Salzillo atrajo los pasos de un ángel del cielo que había bajado para probar su fidelidad a los buenos preceptos y que como premio le había obsequiado con la imagen verdadera del rostro y cuerpo de un ser perfecto que no es hombre ni tampoco mujer.

Desde ese día, no son pocos los que se quedan maravillados ante la visión de esta talla que puede contemplarse en Murcia durante las procesiones de Semana Santa o en el propio museo dedicado a la obra del escultor.


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