lunes, 17 de octubre de 2016

La Superviviente de San Bartolomé


El bebé llora mojado entre los fuertes brazos de la hermana desesperada que la sujeta con cariño.

Envuelta entre paños que intentan protegerla de la intemperie.

Permanecen las dos muchachas heladas por el frio.

El agua las rodea por doquier.

Subidas a un árbol para no ser tragadas por la desgracia.

El bebé ya no llora.

La hermana se asusta y la llama con todas sus fuerzas.

¿Estará viva?

Una sombra aparece por el horizonte, algo que sobrevuela la zona.

Se posa encima de ellas.

Es un helicóptero de auxilio.

Las recoge con mucha dificultad y las salva.

Ya en el aparato, los sanitarios de urgencia, encuentran signos de vida en la pequeña de tan solo un año y la llevan al Hospital.

Era la Riada de 1987. La última Gran Riada del coloso Río Segura. 

El que antaño fue el río más peligroso de Europa.

Esta niña crece como cualquier persona normal.

Alrededor de ella se va forjando una leyenda. La que acompaña a los que han sobrevivido a catástrofes naturales de tanta intensidad.

¿Pudo ella ser una elegida?

Es entonces, cuando empiezan a sucederle las cosas más extrañas…

TESTIMONIO REAL 
(Recogido el sábado 15 de octubre de 2016):

Esto pasó por lo menos hace seis años, o sea, que estábamos en el 2010.

Fíjate la importancia que le doy que ya ni me acordaba.

Por aquel entonces, tuve un sueño extraño. Soñé con la madre de mi cuñada que había fallecido hacía por lo menos un año o dos.

Lo recordaré siempre porque era el día 2 de noviembre.

Vais a creer que estoy loca.

Pues bien, yo soñé que estaba despierta, me levantaba de la cama en mi habitación y me dirigí a un habitáculo que había antes en la casa y que daba para la parte de atrás.

Yo no tenía miedo, yo iba muy tranquila. Aunque sabía de buena tinta o entendía que en esa habitación me iba a encontrar con algo inexplicable.

Era esa sensación de estar teniendo un sueño real, de vivir una experiencia que para nada se asemeja a lo que se vive en un sueño, pues era todo muy natural y vívido.

Al entrar en la habitación la vi de frente. Me estaba aguardando allí.

Allí estaba la madre fallecida de mi cuñada que había sufrido muchísimo presa de incontables dolores producidos por un cáncer que se extendió sin remedio alejándola cada día más de nosotros hasta que se marchó hacia el otro lado.

Tenía el rostro sano, como hacía tiempo que ya no la recordaba.

Las mejillas rosadas y brillantes, la mirada fresca y muy viva.

Te podría describir con exactitud la ropa que llevaba porque lo estoy recordando en este mismo momento.

Me llamó la atención que no era la indumentaria con la que la enterraron, era otra más de diario, la que se solía poner todos los días para estar en su casa.

Yo solo respiraba paz en esa habitación. En vez de sentirme asustada y muerta de miedo, me sentía arropada por una fenomenal luz y una paz que me rodeaba y me abrazaba como si…

Abrió entonces la boca y me dio tres mensajes que quiso que yo contara a sus familiares. En especial a sus hijas. Y otro para una sobrina.

Quiero que le digas a mis dos hijas que yo estoy con ellas, que yo estoy bien donde estoy.

Una de mis hijas sufre mucho dolor con mi muerte y necesita de consuelo. Quiero que le transmitas que estoy en paz.

Y aquí no me especificó a cuál de las dos se refería, pero yo tenía una intuición que me surgió a partir de ese mismo momento como si ella me transmitiera algo, un sentimiento, de a cuál de las dos se refería.

Dile a mi nieta, que tanto ha pasado con los hombres, que no se preocupe, que esta vez le va a salir bien.

Yo sabía que todas las relaciones que había tenido con anterioridad habían terminado en chasco. (Incluso con fecha de boda establecida).

Y por favor, dile a mis hijas y al resto de familiares que no abandonen mi casa. Que la cuiden y la sigan protegiendo porque para mí es muy importante.

Yo como estaba tan a gusto y tan bien, pensé “esta es la mía” y me atreví a preguntarle:

¿Pero es que, existe el cielo?

Porque de verdad estaba tranquila. No era una pesadilla, no tenía nada de miedo.

Y entonces me respondió:

No es fácil explicar lo que me preguntas. Hay… como una serie de niveles superiores e inferiores, pero no lo entenderías…

No terminó la frase. Pues en ese mismo instante, desapareció de mi vista.

Al día siguiente cuando me levanté, fui a ducharme y es cuando empezó a ocurrirme un hecho bastante curioso:

Mi madre tiene un calentador de gas, el típico que se ha utilizado siempre para la ducha y eso…

Ocurría que sólo cuando me duchaba yo, y allí éramos un montón, el botón del calentador se giraba ante las propias narices y ojos incrédulos de mis familiares y se apagaba como si alguien, un ser invisible pero presente allí mismo, lo moviese con su mano transparente.

Se ponía entonces el agua fría y yo empezaba a llamar a mi mamá a gritos para que hiciese algo.

Mi madre se sorprendía incrédula negando constantemente con la cabeza sin entender lo que sucedía y también mi entonces novio, ahora mi marido.

¿Pero cómo puede ser? ¿Cómo podía ser?

Mi madre se plantaba delante del calentador con mi novio al lado, lo encendían y comprobaban que todo funcionase correctamente. Me daban el aviso y yo continuaba duchándome.

Cuando el agua volvía a salir caliente, la palanquita empezaba a girar otra vez delante de sus ojos. Y esto era algo que sólo pasaba cuando me duchaba yo.

Lo puedo jurar, pues para comprobarlo, inmediatamente después, se duchaban otros y nada ocurría.

Testigos hay: mi madre, mi padre, mi sobrino y mi marido.

Digo yo, que si hubiese sido un problema del calentador, le habría pasado a todo el mundo, ¿no?, Pues nada más lejos de la realidad. Me ocurría solo a mí, sólo cuando me duchaba yo.

Y es que encima, pasó durante bastante tiempo.

Pasado un período más o menos breve, consulté al resto de mi familia si debía contarles a las dos hermanas todo lo que yo había vivido en ese extraño sueño.

Todos lo vieron bien y entonces se lo conté a mi cuñada pocos días después.

Mi cuñada me confesó que desde la muerte de su amada madre, no había podido dormir ni menos descansar con tranquilidad.

Y a raíz del día en que se lo conté, su vida cambió, entró en una fase de mucha paz, me lo agradeció y ya no volvió a tener problemas con el descanso.

También, a partir de aquel día que cumplí con las obligaciones que había acogido en mí ser con la madre fallecida de mis cuñadas, todo volvió a la normalidad.

Nunca más, me volvió a pasar lo del calentador.

Pero esto, no es más que una de las constantes cosas que me suceden a lo largo de mi vida.

Y como esta, he estado en contacto con entidades tanto en sueños como despierta que me han transmitido otros mensajes, lo he contado luego a quien iba destinado ese mensaje y han alucinado por los detalles tan exactos con los que yo se lo citado y que se supone que yo no podía conocer.
















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