martes, 19 de julio de 2016

La Leyenda de Callosa del Segura: La Aparición de San Roque


Habíase una vez un pastorcillo que era manco del brazo derecho.

Esto no le impedía que cada mañana acudiese con su rebaño de ovejas y cabras a la ladera de la montaña en donde los animales conseguían apaciguar su gana.

Un día, al volver al aprisco con intención de encerrar al ganado, se encontró con una inesperada sorpresa. Un peregrino se protegía del sol sentado a la sombra en un lateral del corral.

El hombre le dijo al muchacho que bajase al pueblo para que avisase al cura con estas palabras.

-         Chico, acércate a donde el cura y tráelo porque aquí lo espera San Roque.

El chico con la rapidez del rayo bajó al pueblo y díjole al oído al cura lo que el otro le había mandado.

Pero como era habitual que por aquellos lares frecuentasen todo tipo de peregrinos el cura que no lo creyó, se apartó del muchacho y díjole bien claro:

-         Mejor, dile tú a San Roque que se de prisa en bajar que aquí lo espero yo.

Volvió el chico al monte para dar la noticia al Santo.

Y este contrariado no tuvo más remedio que obrar el milagro.

Tocando el muñón del muchacho hizo que este brazo dejara de ser inútil y de repente brotó ante la incredibilidad del pastorcillo el miembro que faltaba.

-         Baja otra vez al pueblo y enséñale tu brazo al descreído párroco para que siendo testigo del prodigio acuda aquí con premura.

El chico, animado por el milagro que acababa de presenciar y sentir en sus propais carnes acudió raudo y veloz como los conejos ante el sacerdote y luciendo el brazo ante sus narices le dijo entre lágrimas y gozos:

-         Acuda rápido padre que mire lo que me ha hecho. Que yo antes era manco y ahora tengo brazo nuevo. Que ese hombre que arriba le espera no puede ser más que San Roque.

El cura que conocía al pastorcillo desde niño quedó impresionado por el acontecimiento y con pies en polvorosa se dirigió a advertir a las autoridades para que acudieran con él a entrevistarse con el Santo.

Cuando llegaron al establo, todos quedaron decepcionados, pues el hombre que obraba milagros ya no estaba presente.

Entonces alguien dio aviso de que miraran a la puerta del establo y al hacerlo todos al unísono descubrieron la imagen del Santo estampada en la misma portezuela.

Entonces los del pueblo, avergonzados por que no habían sido dignos de escuchar directamente las palabras de la boca del santo decidieron construir allí mismo una ermita dedicada a San Roque.

En el Altar Mayor colocaron la puerta con la imagen del Santo que fue conservada hasta los tiempos en que la barbarie la borró del mapa. (La de ahora es una restauración).

Desde entonces, aquel peregrino que descansaba al abrigo del sol, se convirtió en el Patrón de Callosa del Segura y otros lugares cercanos, y fue su protector ante las epidemias y otros males hasta el día de hoy.

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