lunes, 18 de julio de 2016

La Corneja del Castillo de Orihuela



VERSIÓN ACTUAL:


Habíase madrugado Perico para ir a visitar a su padre que trabajaba en la taberna de Orihuela.

Al entrar, escuchó un barullo que hizo que se le escapara una sonrisa pues se le antojó similar al ruido que las abejas hacen en la colmena.

Un coro de hombres se reunían alrededor de otro más robusto y fornido que parecía escupir por su boca un montón de palabras que en seguida atrajeron su atención.

Quedó escuchando y se sorprendió a si mismo al sentir sus piernas temblorosas pues lo que allí se contaba era más bien una historia de terror, una leyenda antigua que sólo unos pocos sabían y que los demás habían querido olvidar para no dar pie a nuevos temores en la ciudad.

Inmediatamente reconoció a Martínez, un cazador de la comarca, que además de por sus cacerías era bien conocido por sus historias.

El hombre señalaba hacia la cuesta del castillo y estas eran sus palabras:

No se sabe si por hechicería o por maldición, hay una presencia cerca del castillo que tiene atemorizados a los del pueblo desde tiempos antiguos.

Pues un demonio se disfraza por esos contornos con plumas de ave y forma de corneja.

Así vuela de rama en rama posándose al acecho de cualquier incauto que sobre alguna de sus tramas pueda caer y así cobrarse su alma.

Para ello cuenta con una voz angelical, un canto dulce y precioso que embelesa al que la escucha y se deja así arrastrar para su perdición.

Conozco la historia de un cabrero que acudió a su llamada y nunca más se ha vuelto a saber de él.

Si alguna vez camináis por esos lares y os encontráis con algo que llame vuestra atención hasta el punto de que sin daros cuenta os arrastre hasta las ruinas del castillo, no lo dudéis y salid corriendo, pues el hechizo ya ha hecho mella en vosotros y quizás sólo tengáis esa oportunidad para escapar.

La tensión se plasmaba en el ambiente y Perico quedó muy influenciado por aquella historia. Mientras su cabeza daba vueltas a una cosa, no se dio cuenta de las palabras de Tono, el valiente del pueblo que con mucha chulería le decía a Martínez lo siguiente:

-      Todo eso no son más que embustes y cuentos para asustar a los niños y a las viejas.

-      Mañana mismo voy a ir allí arriba y te voy a demostrar que nada hay por el camino que justifique tus fantasías.

Desoyendo la advertencia del tabernero, Tono salió por la puerta decidido a demostrar a los demás clientes de la taberna su hombría y su tozudez.

Mientras, Perico que recientemente había conocido a una moza y que para no ser objeto de miradas curiosas e indiscretas la había citado en la madrugada del día siguiente en lo alto de las ruinas del castillo decidió impresionado por la historia y afectado del mal del miedo posponer un poco su subida a las ruinas para con la mayor cantidad de luz posible no sufrir ningún susto que le dejase en desventaja sobre su amada.

Las primeras luces del día llegaron con el cántico de los gallos y Tono el machote se armó con su pistola y encaminó la subida por la cuesta del Castillo.

La empinada no se demoró demasiado y al llegar junto a las primeras ruinas ya vio con un poco de latir en su corazón un bulto que aguardaba en la parte más alta.

Tono enseguida comprendió lo que aquello era.

La corneja, capaz de cualquier transformación como había dicho el cazador, se había transformado en bella muchacha para engañar sus sentidos y que así cayera con antelación ante los encantamientos y conjuros del morador del lugar para arrebatarle el alma.

Se paró y escondido tras las ruinas se dispuso a cargar su arma mientras una dulce y encantadora voz, como había sugerido el cazador, lo llamaba al encuentro con ella.

-      ¿Por qué te escondes mi amor? Aquí llevo esperándote desde el alba. Con mi corazón en un puño por no haberte visto aparecer. No tardes y acude ya ante mis brazos.

Tono, ignorando aquellas palabras, salió de su escondite y tratando de evitar su nerviosismo para no errar en el tiro, apuntó y una deflagración sonó en lo alto de la montaña.

El bulto cayó al suelo ante sus narices mientras el arma aún humeaba.

Mientras Tono iniciaba el ascenso hacia el lugar en donde estaba tendida la muerta creyó escuchar un ruido por uno de sus lados.

De repente, un rostro conocido se mostró ante él. Era Perico, el hijo del tabernero que subía por uno de los atajos del monte.

-      Mira Perico, sube y se testigo de cómo me despaché de la hechicera y como libré a Orihuela del encantamiento de los demonios.

Perico reconoció a lo lejos el cuerpo sin vida de su amada y con la rabia que eso le causó sacó su puñal y de un movimiento rápido y seco que sorprendió a Tono se lo clavó en todo el corazón.

-         Tú me quitaste a mi amada, ten de mi el fin de tus días.

Y mientras Tono caía al suelo herido de muerte por la puñalada, el joven acudió tan rápido como pudo al lugar en donde su amor yacía inerte.

Pero sólo pudo llorar desconsolado ante el cuerpo de su amada.

Si por un momento, sólo un momento no hubiese dudado por el temor, ahora ella estaría con vida.


Es paradoja:
La mentira, lleva a la muerte.

Y si el amor por un instante,
recibe un atisbo de cobardía.
seguro llegará el último día,
y la desdicha golpeará fuerte.

VÍCTOR M. NAVARRO 2016



 VERSIÓN ORIGINAL (Hace cien años):

Capítulo I

Entre el barullo de la taberna, especie de mosconeo como rum-rum de enjambre, Periquillo, solo tenía oídos para escuchar la voz de Martínez el cazador, gran embaucador que trataba de hacer pasar como artículos de fe sus enredos y las fantasías de su imaginación.

Narraba el cazador, y el muchachuelo, con tanto así de boca abierta y los ojos en blanco, sumergiéndose en el éxtasis de sus representaciones imaginativas, estaba pendiente de su boca, que decía maravillas.

La de aquel día era tal que atemorizara a los hombres más bizarros ¿cuánto no amedrentaría a los rústicos aldeanos de corazón infantil?

Decía así:

Allá en las quiebras, donde se ve aquel castillo en ruinas, ha aparecido la corneja de la muerte ¡mala bestia! Cosa de hechicería.

Viene hasta el bosque, escóndese entre las ramas, vuela de árbol en árbol y parece hecha de esmeraldas; canta, y música de los ángeles es la suya.

Otras veces parece palomica lisiada que ha caído en los caminos: cuando queréis cogerla aletea y os lleva tras ella.

Una vez tomó forma de cervatillo y se hizo perseguir por un cabrero.

Siempre toma forma de algo apetecible y el que lo ansía corre y corre hasta el castillo… El que al castillo llega nunca vuelve, porque en el castillo, tiene la corneja por permisión del Malo, poder sobre todos.

Tono, el marinero echose a reír…
Periquillo echose a temblar.
Veréis por qué.

-         Agüeros y embustes, decía Tono, leyendas para asustar chicos y viejas.

-         Jurote, decía Martínez, que es verdad.

      -    Pues yo te prometo, dijo el otro, que si es verdad pronto he de verlo, mañana iré al castillo; así se disfrace de ángel la Corneja, No le valdrán conmigo sus encantos, matárela como si fuese un mosquito.

-         Dios te libre del malo.

-         Lo dicho, matárela.


-         Guárdate, recomendó el tabernero- contra el misterio no se juega.

-         Matárela – repitió Tono.

Y Martínez a punto de salir cuando ya la reunión se disolvía dijo:

-         Presto habremos de rezar por tu ánima.

Periquillo, no dudaba, creía en la corneja y sudaba como un azogado.

Quería el mozo a una lugareña del contorno y había concertado con ella verse libre de testigos, junto a las ruinas –en mal hora lo pensó.

¿No había de temblar, al saber como su ignorancia, encaminaba a la muerte a su bien amada?

Capítulo II

Al otro día, festivo por más señas, tomó Tono la ruta del castillo, preparando, a pesar de su escepticismo contra cualquier evento, acariciando nervioso la culata de su pistola.

Cerca ya del solitario montón de ruinas necesitó de todo su corazón bien templado para  no volver grupas.

De entre las piedras surgió un bulto informe que vino a recibirle; la corneja maldita que vino a recibirle de aldeana…

Escondiose al acecho… y ella con voz humana y melodiosa gritaba:

-         No te escondas mi amor, ya te he visto.

Y corría hacia él…

Conteniendo su nerviosidad para no marrar el tiro, disparó y cayó tendida la hechicera…

Por un atajo llegaba alguien.

Lo conoció a lo lejos.

-         Corre periquillo, llega valiente que ya deshice el encanto…

Y juntos llegaron ante la muerta y al volver la cara al cielo, Periquillo que conoció sin vida a su adorada, rápido sepultó el cuchillo en la espalda de Tono.

Y a otro día rezaban por su alma.

LUIS EZCURRA 1916






No hay comentarios:

Publicar un comentario