jueves, 21 de julio de 2016

La Leyenda de Cox: La Virgen y el Mudéjar


Corría el año 1240 por el mes de Noviembre/Diciembre.

Un mudéjar de Cox había salido a coger olivas a un huerto cercano a la aldea.

Concentrado en uno de los árboles echaba a manos llenas las olivas sobre su espuerta. Cuando cambió de árbol se dio cuenta de que sin querer, el recipiente se hallaba volcado y todo su contenido esparcido por el suelo.

Afanoso y contrariado se urgió a recoger el contenido vertido para completar cuanto antes su tarea.

Otra vez lleno el receptáculo volvió sus ojos hacia el árbol siguiente y con el primer puñado de aceitunas en la mano descubrió para su asombro que la espuerta se hallaba de nuevo volcada.

- ¿Qué prodigio es este que yo lleno mi bolsa y alguien invisible la vuelca?

Decidió proseguir con su trabajo pero sin quitar el ojo al depósito. Primero volvió a recoger las olivas esparcidas del suelo y allí no ocurrió nada pero cuando fue a coger del árbol vio que un niño era el culpable pues se acercó a donde los frutos y de un golpe los tiraba, mas corriendo volvía al olivo y se posaba en el regazo de una hermosa mujer que estaba en lo alto de la copa.

Del susto una piedra del suelo cogió y con gran acierto a la cabeza se la tiró golpeando esta en una parte de la frente de la señora que ni se inmutó ni emitió queja alguna.

Así que se levantó y corrió pies en polvorosa hasta llegar al pueblo cercano de Cox donde le aconsejaron que acudiera a su jefe Abén Udiel.

Una vez que se encontraba ante este relató todo lo sucedido.

Ambos acudieron al lugar del prodigio y encontraron que niño y señora permanecían en el mismo lugar.

Uno del pueblo que les acompañaba les advirtió que aquella mujer era la madre de Cristo el Resucitado y los mudéjares asombrados por el milagro decidieron convertirse al cristianismo.

Y así lo testimonian las crónicas que nos relatan que cuando Alfonso el Sabio batalló para la conquista de Orihuela, un mudéjar, de nombre Udiel, fue el que más empeño puso contra sus propios hermanos por lo que se hizo merecedor de manos de Su majestad Alfonso de la gobernación de la comarca de Cox y de todos los terrenos anejos a esta.

Terminada la contienda, el renacido cristiano, la primera empresa en la que se empeñó fue en la construcción, en el lugar del milagro, de una ermita dedicada a la Madre de Dios bajo la titulación de Nuestra Señora de las Virtudes.

Lugar que se convirtió en centro de peregrinación tanto de cristianos como de moros que acudían allí al sentirse atraídos por el portento y ante la imagen de la Señora se convertían sin que nadie lo pudiese explicar.

La leyenda continúa con una trama bien urdida de los vecinos de Cox asentados en el pueblo de al lado, Callosa del Segura, que tramaron el rapto de la imagen de la Virgen.

Ofuscados los callosinos en la disputa por el culto a la dama mariana abordaron un día la ermita y se hicieron con la imagen que en seguida dirigieron hacia su población.

Pero conforme se iban alejando de la ermita, la imagen era más y más pesada. Llegando un punto en el que era imposible trasladarla.
Así que decidieron volver sobre sus pasos y dejarla donde estaba.












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