sábado, 28 de enero de 2017

Concurso de Relatos: 6. "El Palacio" de Efrén Pamies



Transcurría el verano de 1.993 y como cada fin de semana, volvía a casa en moto por la antigua carretera, hoy CV-95, y al llegar a la famosa curva de los Palacios, la moto de repente se detuvo, teniendo que comprobar el motivo. Recuerdo que eran las 03:45 de la madrugada y volvía de pasar un rato con los amigos, un sábado caluroso y a pesar del tiempo transcurrido, parece que fue ayer.

Mientras comprobaba el motivo de la avería, sentí de repente y a mis espaldas, el gemido o el llanto de una mujer, a la vez que me recorría un escalofrió, sin ver ni saber su procedencia exacta. Miré a mí alrededor y descubrí que me encontraba a escasos metros de lo que fue un Palacio señorial ya en ruinas, del que recuerdo haber jugado en su interior siendo un crío. Me dio la impresión de que el llanto que creí oír venía de las mismas ruinas. Afiné el oído sorprendido, pero ya no escuché nada. Estaba todo muy oscuro, seguí comprobando la moto con una linterna de petaca que guardaba. Jamás me había dejado tirado, pero estaba tranquilo porque el pueblo se encontraba a escasos metros y por fin tras varios intentos de arrancarla, conseguí ponerla en marcha. Me marché a casa sin más y con la intriga de saber qué fue ese lamento tan extraño....podría haber sido el "aullido" de un ave nocturna??... Ni idea... Ahora tengo mis dudas. La historia que nos ocupa y mis mayores escalofríos comienzan años posteriores, cuando un anciano me relató un hecho que ocurrió hace ya muchos años...


Este relato narra la historia de lo que hace tiempo los mayores de mi pueblo saben y casi ninguno quiere recordar o hablar, donde solo los más atrevidos la han mantenido hasta la actualidad y hoy quisiera dejar constancia de esa historia o leyenda urbana que desde que la escuché, siempre me impresionó.

Corrían los duros años de la España de finales del siglo XIX y en mi localidad, a la cual mantendré en el anonimato, y como en todos los lugares de la España de la época, solo los ricos y señoriales podían permitirse el lujo de la buena vida y a mi parecer, el mal hacer, por el abuso hacia los menos favorecidos y me explico....

De todos es sabido que el hombre desde que es hombre, se ha lucrado y beneficiado del más débil, porque el egoísmo y la hipocresía innata, desgraciadamente, siempre estarán ligadas al ser humano y no es una crítica, es un hecho.

Pues volviendo a la historia que nos ocupa, como he dicho, en mi pueblo existió también, esa diferencia de clases sociales, donde solo los poderosos podían aprovecharse de los más débiles y empobrecidos y así ocurría en una hacienda, que todavía se conserva en pie pero ya carcomida y totalmente en ruinas......


En su época la finca era increíblemente espectacular, donde el Palacio señorial deslumbraba a kilómetros de distancia. La finca y dicho palacio, como siempre se le conoció, era de un terrateniente muy poderoso en la Vega baja, conocido como Don Jerónimo el cual tenía el privilegio de contar con todas las comodidades que le ofrecía su estatus social a la hora de necesitar cualquier servicio público o privado....es decir, estos señores disponían de seguridad privada, atenciones sanitarias, favores administrativos y políticos sin necesidad de "rascarse" el bolsillo......qué curioso ese refrán: "tanto tienes tanto vales" Pues sí, esas ventajas los hacía ser doblemente poderosos y autoritarios. 


La hacienda, rodeada de cultivos y demás plantaciones, necesitaba de la mano de obra durante todo el año, y no solo los vecinos del pueblo se arrodillaban textualmente ante el capataz para conseguir dichas labores y poder llevar el pan a sus familias, incluso de pueblos vecinos venían a pie diariamente en busca de trabajo. Ni que hablar de la explotación a la que tenían que lidiar de sol a sol y casi todos los días de la semana, excepto el domingo para ir a misa, que era la única fe a la que poder aferrarse en aquellos tiempos. 

Los servicios internos del Palacio estaban bien distribuidos y repartidos por varias sirvientas jóvenes que se encargaban de las labores domésticas y muy bien escogidas por Don Jerónimo.

Don Jerónimo rondaba los 45 años, estaba casado y tenía cuatro hijos, todos varones, los cuales estaban estudiando en la ciudad de Murcia y solo algunos fines de semana o en vacaciones estivales, volvían a casa. Pero mientras tanto, Don Jerónimo mantenía sus preocupaciones en la hacienda, con fama de ser duro, y extremadamente agresivo, se sabe que llegó a agredir a más de un campesino por solo una mala mirada, Carácter posiblemente heredado de su padre, del cual contaban algunos mayores de la época y muy discretamente, que llegó a matar a un sirviente a palos y lo hizo enterrar bajo las grandes piedras de los muros exteriores que levantaban el Palacio señorial y que en la actualidad todavía se conservan (auténticos restos arqueológicos). 


Pero el verdadero calvario acechaba de puertas a dentro del Palacio, pues el “señor” todopoderoso Don Jerónimo

hacía tiempo que andaba abusando sexualmente de las sirvientas, importándole un “carajo” que estuvieran casadas, comprometidas e incluso embarazadas....sí, EMBARAZADAS y así se encontraba María, embarazada y en su cuarto mes de gestación, pero que no escaparía a las continuas vejaciones y amenazas de su patrón. Quién iba a denunciar estos hechos??....Esa era la pregunta...Quién iba a atreverse a ser juzgado y condenado, aun con la verdad, acusando a un terrateniente bien protegido y que tenía el poder y a todas las autoridades en el bolsillo??... NADIE!!!...


Lo menos que le podía pasar a un pobre campesino era quedarse sin el pan de sus hijos y molido a palos…Así se las gastaba el Patrón.

Y María era una joven de 18 años que estaba sufriendo los abusos sexuales y violaciones continuas de este hombre sin escrúpulos. La joven debía aguantar en silencio al tiempo que moría interiormente de pena, hasta el punto de que nadie la vio sonreír nunca y claro, su marido, que era analfabeto, pero no tonto y que también trabajaba para Don Jerónimo, tenía que aguantar sin más remedio, por la necesidad económica a la que eran sometidos ya que eran padres de una niña de tres años, la cual vivía con los abuelos, también mantenidos por ellos. Del “sudor” de María y su marido, salía el sustento de esta familia, extremadamente humilde y que apenas tenía para vivir. Lo más grave no era quedarse sin trabajo, lo peor era que nadie te lo diera por recomendación de un terrateniente despechado y rencoroso. Los abusos eran tan continuos que posiblemente, el Patrón empezaba a obsesionarse con la joven y siempre bajo las amenazas, María sin más remedio, accedía a los deseos sexuales de su amo.


La tragedia no hacía más que empezar y aquella tarde el “puñal” que atravesó el alma de María, la marcaría para siempre hasta el punto más insospechado.

Don Jerónimo terminaba de comer y esa tarde se encontraba solo, como muchas veces en el Palacio. María hacía sus labores domésticas cuando sintió como el Patrón, más bebido que de costumbre, fue en su busca, entró en la habitación donde se encontraba la jóven y cerró la puerta desde dentro y volvió a violarla. Esta vez más salvajemente hasta el punto de provocarle unos daños irreparables…..Esa misma noche, María abortó y ya nada sería igual….Jamás pudo superarlo y solo las lágrimas reflejaban el dolor en su rostro.


Cargando con esa pena sintió que sus fuerzas la abandonaban y finalmente María se rompió, no pudo más y una noche decidió acabar con su sufrimiento, subió a la habitación más alta del Palacio y sin pensarlo saltó por la ventana, muriendo en el acto al caer de cabeza.....No puedo evitar imaginarme los momentos de sufrimiento, cuando paso junto a las ruinas pensando en el dolor, los llantos y lamentos que guardan esos muros. En la actualidad, todavía se conserva la ventana donde María decidió acabar con su calvario.....tal vez su alma siga vagando en busca de venganza o tal vez no.....nunca lo sabremos. 


Y hasta ahí la historia que se cuenta del Palacio de Don Jerónimo. No se sabe que ocurrió después, aunque muchos afirman que todo se tapó, que nadie pudo comprobar la verdad y que la muerte de María se cerró como un suicidio. Ya a mediados del siglo XX el Palacio se abandonó definitivamente quedando prácticamente en el olvido, siendo las tierras vendidas. Con el paso de los años solo quedan las ruinas y ese misterio que envuelve sus muros, paredes y ventanas.

Numerosos vecinos han sido testigos de extraños llantos y gemidos de mujer, al pasar junto a las ruinas, además de que varios investigadores de lo paranormal se han dedicado a visitar el lugar y me consta que han conseguido capturar más de una psicofonía, la más espeluznante esa que dice: “Te sacaré los ojos…” Así te pudras, Patrón…”………El misterio está servido…….


Hoy he vuelto a pasar junto al Palacio y que extraño.....No me atreví a mirar la ventana.


*Todas las descripciones, nombres e imágenes de este relato son fruto de las antiguas historias que hasta el día de hoy no tienen ninguna documentación o prueba fehaciente de los hechos descritos o narrados......"La respuesta, y como diría el mismísimo Dylan,....está en el viento".



Efrén Pamies


5 comentarios:

  1. Historia fascinante, me transporto a la época y al misterio,

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  2. Bravo! Buen relato misterioso sobre un lugar cercano que pronto visitaré 😉... me ha gustado conocer esta historia 👏👏👏. Muy bien narrada. Bravo Efrén!

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