martes, 12 de julio de 2016

Una extraña corona en el Museo de la Semana Santa de Orihuela


Este es el curioso y fascinante testimonio de uno de los trabajadores que estuvieron contratados en el Museo de la Semana Santa y que discretamente me ha relatado hoy día 12 de Julio del 2016 y que hemos decidido que permanezca en el anonimato.


Lo que voy a contarte creo recordar que fue por el 2003/2004.

Allí trabajó un hombre muy conocido durante años hasta que durante la celebración precisamente de la Semana Santa, un Miércoles Santo, el hombre falleció si no recuerdo mal en el propio museo.

Yo entré a trabajar por aquel entonces para intentar con mi buen hacer y siempre de forma simpátíca poner un granito de arena en ayudar a que el turismo de Orihuela fuese a mejor. Ya que soy de las personas que pienso que siempre es mejor tratar con una sonrisa a un forastero que con malos modos.

Los problemas hay que dejarlos en casa y cuando uno trabaja por su pueblo lo mejor es hacer tu trabajo tan bien como puedas sin que te afecten tus asuntos personales.

Perdona, me estaba yendo por las ramas.

El caso es que yo llevaba ya unos días trabajando en el Museo de la Semana Santa de Orihuela.

Por aquel entonces había un problema y era que desde la puerta, en donde se desactivaba la alarma, hasta el punto en donde estaban los interruptores de la luz, había un gran trecho que tenías que recorrer totalmente a oscuras aunque fuese de día.

Pero no pasaba nada si ya te conocías el camino, como me ocurría a mí.

Si embargo, aquel día parecía más oscuro de lo habitual. Era un día muy fresco pues mi cuerpo no paraba de tiritar.

El ambiente era tan helado que sentí un temor pasajero.

Cuando me dirigía a oscuras hacia los interruptores, como persona Católica que soy, pedí para mis adentros al Señor que por favor me guiara sin ningún contratiempo.

Lo curioso vino a continuación, ya que de repente una especie de luz circular emergió delante de mi iluminando lo suficiente la sala.

Inmediatamente pensé que podía tratarse de algún rayo de sol que se estaría filtrando por alguna de las ventanas.

Pero era muy extraño pues lo que yo vi emerger del suelo tenía una forma tridimensional, completamente redondo y recordándome a una corona como la que aparece en algunas películas sobre las cabezas de los reyes pero hecha completamente de luz.

Finalmente llegué hasta los interruptores y los pulsé para que la luz artificial invadiera completamente la sala.

Al encenderse las luces, automáticamente, la corona de luz misteriosa que había guiado mis pasos unos minutos antes despareció tal y como había llegado.

Aquel día recuerdo que lo estuve hablando con mi pareja y decidimos olvidar el asunto dando por hecho que no había sido más que un rayo de luz proveniente del sol.

Pero ahora que me lo has hecho recordar ya no tengo la seguridad.

Ya te digo, lo que yo vi, tenía volumen, no era una simple mancha de luz solar en el suelo. Sino más bien como una corona dorada que emergía del suelo y despedía pequeños brillos como si estuviera adornado por algún tipo de joya que hacía vibrar la luz.

Por un instante fue precioso.



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