viernes, 4 de marzo de 2016

La inesperada visita de mi abuela fallecida



Hoy me ha tocado visita sanitaria. He tenido que ir a hacerme un análisis de sangre y un electrocardiograma.

Pero por supuesto, yo no puedo dejar de investigar ni en esos momentos tan críticos.

Durante la sesión de los análisis he coincidido con un simpático oriolano y vecino de mi lugar de trabajo con el que he tenido el gusto de charlar sobre estos temas tan interesantes.

Por supuesto, él ha sentido mucha curiosidad y se ha metido enseguida al blog con el smartphone y me ha preguntado varias cosas.

Su interés venía condicionado por un caso extraño e inolvidable que le ocurrió en su pubertad y que ha sido muy amable de contarme.

No me ha permitido grabarlo pero sí me ha dado permiso para contároslo.

Esto es lo que me ha relatado:


Tú sabes que lo normal es guardar una estrecha relación con los padres de tu madre, o sea, con los abuelos maternos que son los que más ves a lo largo de tu vida y con los que más tiempo pasas.

Pero este caso que te voy a relatar me ocurrió con los otros abuelos, con la madre de mi padre.

Recuerdo como si fuera ayer mismo que era verano y que llevaba pantalones cortos.
Mi abuela falleció y fuimos al velatorio en su casa de Murcia.

Yo por supuesto, me negué a verla porque me sentía muy incómodo ante la presencia de un cadáver.

Lo que más recuerdo de ella cuando estaba viva es es esa sonrisa y ese pellizquito que me daba en la barbilla en tono cariñoso.

El caso es que, ya en nuestra casa de Orihuela, aquella misma noche o la siguiente, eso no lo puedo asegurar, estaba en mi cama tratando de dormir pero el calor no me dejaba.

De repente, la temperatura de la habitación cambió bruscamente hacia un frío extraño.
Sentí tanto frío que no tuve más remedio que taparme con la sábana de mi cama.

Cuando me di cuenta vi una figura que destacaba sobre el marco de la puerta, un rostro pálido, blanco y unas prendas muy oscuras, negras.

No te puedo decir si había luz o que la figura se veía iluminada de por sí como si emitiese luz propia.

El caso es que creí ver el rostro de mi abuela fallecida en esa forma fantasmal que me visitaba a media noche.

Asustado de veras por la aparición, me tapé con toda la sábana sobre la cabeza.

Pero el frío no pareció disminuir, fue todo lo contrario ya que sentí como se hacía más intenso.

Levanté la sábana para mirar y comprobar si aquella figura se había ido y mi susto aumentó al constatar que la figura fantasmal se encontraba junto a mi cara.

Pero algo cambió. Dejé de sentir frío y el miedo desapareció y fue sustituido por una sensación de paz y tranquilidad.

Vi con toda claridad, como te estoy viendo a ti como mi abuela fallecida me acercaba su mano y sentí como si algo me pellizcara la barbilla una última vez.

Tengo ahora 40 años y es como si hubiese pasado el tiempo, lo tengo tan fresco como el día que ocurrió.

La figura me pellizcó la cara e inmediatamente se desvaneció en el aire.

Volví a taparme con la sábana por encima de la cabeza porque aún habiéndose marchado la sensación de frío me quedé aturdido y asustado por lo que me había tocado vivir.

Cuando hablé con mi madre, le dije lo que había pasado y por supuesto ellos no me creyeron pero se quedaron muy mosqueados al describirles con exactitud la ropa de la aparecida que resultó coincidir con la ropa con la que había sido enterrada sin que yo hubiese llegado a verla.



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