Ruta de las Yeseras


A aquellos hombres fuertes que supieron aprovechar la riqueza de la sierra, y que supieron sacar producto hasta los años treinta del siglo XX.

Durante mucho tiempo hubo yeseras en la localidad de la Aparecida detrás del chalet de la “catalana” en manos de la tía “Pepeta”, también en el Raiguero de Levante, controlada por el tío “Pililes”.

El proceso de la fabricación del yeso era arduo a la vez que sencillo. De las cuevas se extraía la piedra blanca de yeso utilizando picos, palas, marros e incluso barrenos explosivos.

Estos pedruscos eran colocados en los hornos encima de la leña y se le prendía fuego hasta que el calor conseguía ablandar las piedras. Durante 12 o 14 horas se dejaban enfriar para transportarlas a las eras que estaban junto a cada horno.

Con el uso de un rulo se conseguía aplastar y refinar el yeso.

Luego se transportaba en carros para hacer el reparto por los pueblos de la comarca. Ese dichoso camino era bastante difícil pues los carros atravesaban el barranco por un camino que iba por encima de las cuevas de “Tío Rugo” y “Ramón el Sanes” bajando hasta la carretera por el barrio que actualmente está junto a la gasolinera.

A la vez que se participaba de todo este proceso, se recogían también las plantas aromáticas típicas de esta sierra y se vendían en manojos para hacer cocimientos para apaciguar dolencias y problemas de salud más graves.

También tuvo una gran repercusión el cultivo de colmenas de abejas de las que se extraía una miel suculenta.

Gran parte de los cultivos estaban poblados de olivos de la que se aprovechaba hasta las olivas más tempraneras que eran aliñadas con las plantas aromáticas para llevar el resto a la almazara del tío José María. (Que aún se conserva y puede ser visitada).

De la sierra también se recogía esparto con el que las mujeres de la aldea con algunos habilidosos hombres preparaban capazos, esteras, esparteñas para uso propio.

Otras cosas que se aprovechaba de la sierra era el “embojo” para facilitar la fabricación de capullos a los gusanos de seda.

El “Cerillo” era como llamaban los vecinos del pueblo a los lugares por donde pastaban sus vacas lecheras.

Para abastecer los hornos de Remedios Simón en el Raiguero de Levante, Jazmín en el pueblo y el tío Antonio Martín en el Raiguero de Poniente, subían a la sierra para recoger leña formando haces que luego vendían a seis pesetas el haz.

Se practicaba la caza para consumo de varias especies de pájaros. O se recogían las serranas en épocas lluviosas.

La tía Morena en el Raiguero de Levante era dueña de un cultivo de almendros, muy cerca de la escuela de la señorita. Labrado con vacas y vallado con piteras.

También había abundancia de higos y chumberas con los que se hacía negocio en la Calle Mayor de Orihuela y en Murcia en el puente de los Peligros.

Las Piteras se usaban para delimitar terrenos, como vigas en los tejados de las casas y como marcos de puertas y ventanas. Las hojas secas se usaban para encender el fuego del horno y poder cocer el pan. Los pitones se vaciaban, se utilizaban a modo de canaleta para recoger el agua de la lluvia y con la fibra se fabricaba una especie de hilo para coser.

La arena del barranco transportada con carros y camiones se podía utilizar para fregar o para la construcción. Y se llevaba a las localidades vecinas.

La espiga de trigo, nos la comíamos o las transformábamos en rastras para guardar las brevas.

La madera de la morera era utilizada para la fabricación de muebles como sillas o mesas. Y las hojas, para alimentar a las cabras o a los gusanos de seda.

Había cañares por toda la huerta, la Gralla (Acequia de aguas restantes) y las orillas de los barrancos. Con las cañas se hacían zarzos, se hacían bardisas para vallar los terrenos, instrumentos musicales, se ponían en el techo como aislante del calor y del frío, para hacer cestas, polleras, para aliviar el dolor de espalda (medir los riñones), para hacer fregadores, gallineros.

Con los tallos de las talleras de la sierra se arreglaban como los encurtidos con sal y vinagre.

Esto es lo que nos regalaba la sierra antes de la repoblación (1900-1939) y después de la misma.

Ayúdanos a conservar fresco e intacto nuestro pasado.

Participa con nosotros en la Ruta de las Yeseras.



Extraído del texto de ANA MARÍA CAYUELAS de las FIESTAS DE LA APARECIDA 2017.

Buenos días, como hoy me he levando con ganas de pasarlo bien y de compartir mis experiencias con todos vosotros, los lectores de este blog, os voy a hacer partícipes de una ruta que para la mayoría de los oriolanos ha pasado desapercibida pero que curiosamente es muy practicada por los vecinos de nuestras pedanías.

Hoy les voy a llevar directamente a un lugar encantador, una serie de cuevas preciosas donde perfectamente caben unas 300 personas.

Da igual el calor que haga, pues ya les comento que en su interior se sentirán como si alguien hubiera subido la potencia del aire acondicionado a tope.

No en vano, yo he conocido este sitio durante una ola de calor como no se recordaba.

Por eso no es excusa el veranito.

Ya les digo que dentro hasta tuve frío.

Empecemos nuestro camino si vamos con el coche por la carretera que lleva al Rincón de Bonanza.

Pasaremos por una parada de autobús y cuando veamos esta fábrica, sabremos que hemos llegado al sitio perfecto.



Hacemos el camino contrario a la orientación de la fotografía que fue tomada cuando salíamos. Esto es, por el camino que hay perpendicular a la fábrica, o lo que es lo mismo, enfrente.

Subimos con el coche y si dudamos en una bifurcación, evitamos desviarnos hacia la izquierda, seguimos recto hasta toparnos con un parking rodeado por postes de madera en donde podremos dejar aparcados los vehículos.



Fíjense en la belleza natural de este paraje que aún en estas fechas tan calurosas con sequía y con la mayor parte de la vegetación seca, sigue siendo precioso.











Tiramos por este camino de la derecha hasta llegar a la montaña. (Está señalizado).


Y con muy poco esfuerzo habremos dado con la primera de las Yeseras que a mi particularmente es la que más me gusta.


Ahora sólo resta meternos en su interior con la linterna preparada y disfrutar de las vistas que nos encontraremos. 

La cueva es enorme con zonas en las que podremos ir de pie y otras en las que levemente deberemos llevar cuidado y pasar un poco agachados.




Es muy difícil describir con palabras lo que podrán descubrir en su interior y más difícil todavía hacer buenas fotografías para poder mostrarles un ejemplo de su belleza.


Esta es la parte de la entrada.


Aquí pueden vernos a nosotros mirando a través de recovecos como brillan algunas zonas.


Se puede apreciar la cristalización.


No me negarán que en estos mismos momentos están sintiendo un poquito de curiosidad por ver con sus propios ojos este fascinante mundo subterráneo.


Que curiosamente pertenece a nuestra querida ciudad de Orihuela.














Terminamos de visitar la primera de las grutas y pasamos a la segunda, un poco más a la derecha, que es de mayor tamaño y que generalmente contiene (Sorpresa) un lago subterráneo.













Y volvemos a salir al exterior recuperándonos de la impresión ante tal hermosura.

Seguimos caminado hacia la derecha dejando de lado la tercera Yesera que se ha derribado y hundido y nos topamos con la última que también está derribada pero (sorpresa) podremos contemplar el antiguo horno.


No me negarán que ha sido un viaje fascinante a las entrañas de la tierra...

Les dejo con la última imagen, la foto de El Sepulcro:




* Nuestro agradecimiento a Miguel Sanchez Lidón por hacer de guía de este grupo de patosos que con paciencia supo llevarnos al lugar comentando casi todo y haciéndonos partícipes de un milagro de hermosura sin igual en la sierra oriolana.

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