domingo, 24 de enero de 2016

Un testimonio oriolano de Bilocación


Anda que no es curioso ni nada este extraño relato que me ha contado un vecino de Orihuela a través del Correo Electrónico. De ser verdad aún estoy flipando.
Os animo a que si tenéis algún caso incomprensible en vuestras vidas o tenéis una imagen en la que aparezcan cosas que no deberían estar, me las podéis mandar para que os las publique en este mismo blog. Gracias por leerme.

Estábamos sentados mi mujer y yo a la espera como cada noche de empezar a cenar mientras ella buscaba con el mando a distancia una película en la televisión con la que poder entretenernos.

Nos pareció escuchar pasos por el pasillo de nuestra casa y nos quedamos mirando entre asombrados y asustados.

Los pasos se hicieron más fuertes y de repente, como una visión de algo insólito, de algo que sabíamos era imposible pero que con una naturalidad increíble apareció ante nosotros.

Una de las sobrinas de mi mujer, a la que ella tiene más cariño, apareció por la puerta del comedor en pijama de color azul y zapatillas.

Enseguida pensé que aquello no podía ser, que siempre cerrábamos la puerta con el cerrojo y que a menos que la hubiésemos dejado abierta sin querer, era del todo imposible que aquella joven hubiese sido capaz de entrar a nuestra casa.

Yo le pregunté que cómo había entrado y me respondió algo que no tenía mucho sentido. Dijo algo como que las puertas son gratis.

No muy convencido con la respuesta me levanté y me dirigí hacia la puerta para examinarla para comprobar que no nos la habíamos dejado abierta. Pero todo estaba correcto, con el cerrojo echado y sin posibilidad de abrir a no ser que la niña tuviera una llave.

Mi mujer, empezó a comportarse con ella con toda naturalidad, como si todo fuera algo normal y aquella niña hubiese estado toda la noche con nosotros y no hubiésemos reparado en ello hasta ese momento.

Y yo no sé si fue por cariño a mi esposa, me dejé llevar también con la sensación de que aquello era de lo más normal del mundo.

El caso es que le preguntamos si había cenado y nos dijo que sí, que quería ver una película con nosotros como había hecho en otras ocasiones que había venido de visita.

Entonces mi mujer se puso a buscar en los canales infantiles algo de dibujos animados mientras yo entre regañadientes decidía que abandonaría la sala y me iría al otro cuarto para ver algo que me gustase a mí.

Mi mujer ya sentada en el sillón y con la niña entretenida, empezó a escribir un mensaje en el móvil a su hermana que vive a más de una hora de viaje de nuestra casa.

En dicho mensaje le explicaba a su hermana lo que estaba pasando y esperó a que esta le contestara.

La respuesta no tardó en llegar.
Mi mujer se quedó muy sorprendida pues en el mensaje recibido se afirmaba que su sobrina estaba en su casa con sus padres y su hermanos viendo una película.

Mi esposa se levantó y se acercó al cuarto en donde yo estaba y me lo contó.
La sensación de que algo imposible estaba ocurriendo se intensificó aún más.

Así que decidimos hacer una prueba para demostrarnos a nosotros mismos que no se trataba todo de una broma.

Fuimos al comedor en donde estaba la niña viendo los dibujos animados y asegurándonos de que no era un sueño, que la chica estaba allí con nosotros con su pijamita, aparecida de la nada, le mandamos un mensaje al móvil para ver si respondía.

Resultó que aquella niña de azul no llevaba el smartphone pero la otra que se suponía que estaba en casa con sus padres sí, pues en pocos segundos nos respondió.

Mi mujer le pidió que se hiciera un selfie con sus padres y la niña al poco nos mandó la foto que le habíamos pedido.

Y era cierto, en la fotografía aparecía junto a su madre, también en pijama, pero diferente al que llevaba puesto en nuestra casa.

Así que sumidos entre la fantasía y la realidad, dejamos que la noche pasara con normalidad aún siendo testigos de un fenómeno imposible.

De vez en cuando le preguntábamos cosas para cerciorarnos de que aquella persona era real.
Y todo parecía de lo más normal. Ella respondía con naturalidad.

Cuando llegó la hora, nos marchamos a la cama como siempre. Esto es, yo a la nuestra de matrimonio y mi mujer con la niña en la de invitados.

Cuando me desperté a la mañana siguiente fui a buscarlas a la cama, para demostrarme a mí mismo que todo había sido un sueño.

La cama de invitados estaba ocupada por dos bultos. Uno era mi mujer y el otro no era más que un amasijo de prendas de color azul colocados de manera que parecía que la persona que había estado dentro se había evaporado.

Desperté a mi mujer y se lo comenté y ella se espantó al comprobar por ella misma que su sobrina ya no estaba entre nosotros.

Volvimos a ponernos en contacto con sus familiares y ellos respondieron que todo seguía normal, con la niña en su cama en su habitación.

Esto es para mí el caso más raro que he vivido en toda mi vida.

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