domingo, 4 de junio de 2017

Leyendas de Cartagena: El Cristo Moreno


Corría el siglo XVI y en el puerto de Cartagena había un barco abandonado del que nadie quería hacerse cargo.

Se mandó una expedición al interior para tratar de encontrar cualquier cosa de valor que pudiera dar una pista de quien o quienes eran sus dueños.

Entre otras cosas de poca importancia se toparon con un cristo de tez oscura crucificado al que se empezó a venerar como Cristo del Socorro. Al pueblo le dio por llamarlo El Cristo Moreno.

Así llegamos al año 1689 en donde una terrible sequía asoló los campos de la ciudad.

El cabildo de Cartagena casi se vio en la obligación de llevar al Cristo Moreno en rogativa por las calles para ver si el milagro se producía y caía un poco de agua.

A la altura de la Plaza de San Ginés, apareció Don Pedro de Colón de Portugal y de la Cueva, el famoso duque de Veragua que era también Capitán General de las Reales Galeras de España en dirección al Cristo con un niño en brazos.

Se trataba de su propio hijo Manuel, un infante de apenas veintidós meses de edad cuya vida pendía de un hilo al estar aquejado de una enfermedad incurable.

El Duque se puso de rodillas ante la imagen santa al mismo tiempo que alzó el cuerpo del bebé hacia la figura pidiendo por su vida.

A los pocos días, sin que nadie lo entendiera, se produjo el milagro y el niño empezó a mejorar.

En agradecimiento por el fenómeno, el Duque sufragó la construcción de una capilla en la Catedral Vieja de Cartagena para que se le rindiera culto de forma permanente y fundó una cofradía formada por treintaitrés hermanos, caballeros nobles de la ciudad a la que se le denominó Muy Noble, Devota, Ilustrísima y Pontificia Cofradía de la Hermandad de Caballeros del Santísimo Cristo del Socorro de la Ciudad de Cartagena.

En la madrugada del Viernes de Dolores, el Cristo Moreno abre la Semana Santa, con un desfile penitencial, donde los silencios de la noche se mezclan con el vibrante redoble del tambor, el traquetear de las velas y el susurro del rezo de las estaciones del Vía Crucis, para llegar hasta la Basílica de la Virgen de la Caridad, donde se celebra la Eucaristía, en el día magno de la patrona de la ciudad.

Durante la Guerra Civil se intentó su destrucción en varias ocasiones, siendo intimidados los republicanos que querían demolerlo por la visión de las uñas crecidas en las manos del santo. Llegando a resultar en la oscuridad de la capilla tan tétrico como misterioso.

La imagen fue destruida finalmente en la Guerra Civil en el mes de septiembre después de una larga espera para comprobar que la leyenda de sus uñas no era cierta...

Hoy día la sustituye una réplica del autor cartagenero Manuel Ardil Pagán.

Hasta aquí la parte buena.

El caso es que el pueblo, los ciudadanos con más imaginación, se pusieron a repartir esta otra leyenda:

Finalmente el niño murió por causas desconocidas y desde entonces se advierte de que su alma sin descanso reposa en el interior del palacio de Veragua y es el causante de ciertos fenómenos indescriptibles que acontecen en las inmediaciones de las horas de mayor oscuridad.





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