domingo, 23 de octubre de 2016

Relatos de Ruta II: Ayuda desde el más allá


Las Rutas del Miedo a veces nos traen sorpresas.

Pues en ese ambiente tan agradable que se produce en ocasiones, la gente se anima a contar sus propias historias y experiencias.

Este es el testimonio de uno de los ruteros que nos acompañó en una de mis rutas y que fue  protagonista principal de un misterioso hecho que a continuación os voy a relatar.

Antiguamente, la mayoría de las comparsas de la fiesta de la reconquista de Moros y Cristianos de Orihuela estaban situadas en el Rabaloche.

En la parte donde está el Oriol, enfrente, había una que ocupaba bastante sitio.

Fue un chico el viernes de fiesta por la tarde a recoger su moto después de trabajar.

Le quitó el candado con cadena que la llevaba sujeta para que no se la robaran y entonces se dio cuenta de que algún gracioso de la comparsa le había puesto un cable 
enganchado y se vio en el apuro de que no podía quitarlo.

Lo intentó una y otra vez, pero no consiguió liberar la moto de aquel cable grueso.

Entonces pasó por allí un coche.

En el interior del coche un amigo suyo al verlo trajinando le preguntó que le pasaba y que estaba haciendo tan sulfurado.

Primero se alegró porque llevaba mucho tiempo sin saber de aquel que le hablaba desde el coche y luego le explicó lo que estaba pasando, que no podía irse a su casa porque algún listillo le había enganchado la moto con un cable y que no había manera de sacar la moto de allí.
- Mira, yo me tengo que ir, pero sube a mi casa y dile a mi padre que detrás de la puerta principal hay una cizalla, dile que te he dicho yo que te la preste para cortar el cable y ya te podrás ir.
Se despidieron y viendo alejarse el coche se dirigió a la casa donde vivía el padre de su amigo y tocó a la puerta.

Le abrió un hombre entrado en años vestido de negro con el rostro entristecido que inmediatamente lo reconoció y se saludaron.
- Hola, ¿te acuerdas de mí? Soy Juan el amigo de tu hijo. Es que me he quedado ahí abajo tirado con la moto que no puedo moverla porque algún gracioso de la comparsa me la ha enganchado con un cable. Ha pasado tu hijo y me ha dicho que viniera a pedirte la cizalla para que lo cortara. Déjamela un momento y ahora me paso con la moto y te la devuelvo.
El padre se quedó sin palabras al oír mencionar a su hijo. Su cara pálida ya de por si se puso más blanca.
- Es que yo no sé donde están sus herramientas. -Dijo el hombre con el rostro demacrado por el dolor.
- Me ha dicho que está detrás de la puerta principal.
El fatigado progenitor dudó un instante y luego reaccionó, buscó detrás de la puerta como este le había dicho y era cierto, la cizalla estaba allí. Se la prestó sin abrir la boca y esperó pacientemente a que el otro regresara sin añadir más palabra.

Bajó el chico con la cizalla y al llegar a la altura de la moto, cortó el cable, liberó la moto y se fue a devolver la herramienta.

Volvió en busca del padre de su amigo, le dio las gracias y se despidió de él.

Pasados dos días, el chico se fue a un bar a tomarse una cerveza y se puso a charlar con los amigotes.

Les relató lo que le había ocurrido días antes con la dichosa moto.
- Pues sí, el viernes cuando iba a coger la moto…
- ¡Qué bordes!, -le respondieron los que le rodeaban.
- Sí, pasó mi amigo Pepe Cañizo y me dijo tal cosa y…
- ¿Pepe?, ¿el hijo de Antonio el Morral?
- Sí, ese mismo. Fue el que pasó con el coche y me dijo que le pidiera a su padre la cizalla.
- Pero si ese chico se mató hace dos semanas en el túnel con su coche. ¿Cómo dices que lo viste el viernes?
Todos callaron y no volvieron a comentar el tema.






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