domingo, 14 de febrero de 2016

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar auténtico terror: 1. Antiguo Hospital Municipal




TUBERCULOSIS:

La muerte no descansa.

Sigue sus pasos marcados con la sangre de aquellos que sufren.

La agonía y los gritos de dolor son el ritmo que marca su andar.

Y se dirige hacia la primera planta.

Dando filo a la guadaña que ha de segar la vida de los enfermos de tuberculosis que allí la esperan.

Al día siguiente el inconfundible ruido de las ruedas del carro del sepulturero.

Hombres vestidos de blanco se dirigen en compañía de este hombre al que no le asusta nada hacia una habitación conocida como la de las “tres losas”.

Es el depósito de cadáveres del antiguo Hospital Municipal de Orihuela.

La mayoría de los muertos  han perecido por culpa de esta maldita enfermedad que en un 70 % de los casos es mortal de necesidad.

Las cifras son alarmantes, solo en 1932 fallecieron 28.000 españoles.

La enfermedad se expandió con rapidez entre aquellos jornaleros más pobres, peor alimentados y alojados como podían en casuchas mal ventiladas donde se hacinaban familias enteras sin recursos y sin nada que llevarse a la boca, helados de frío y sin ropa de abrigo que ajustarse a sus cuerpos.

Estos infelices sabían lo que les esperaba pero aun así, eran desconocedores del lugar en donde habrían de exhalar su último aliento.

Bajo el suelo más profundo de ese edificio tocado por la mano del maligno había una sorpresa que nadie adivinaba.

Los restos de cientos de cuerpos enterrados  en la era musulmana del siglo XII mezclados con los huesos de los judíos que habían sido enterrados en el siglo XVII en lo que para ellos era “La ciudad de los muertos”.

Y así permaneció hasta que un buen día, la arqueóloga de Orihuela hizo sus primeras excavaciones mostrando ante las autoridades civiles y eclesiásticas los restos de este cementerio olvidado.

Pero parece que eso fue lo que hizo que los estigmas del pasado se levantaran de su descanso eterno.


Y entonces, comenzaron de nuevo los fenómenos…


GRIPE DE 1918:

“Se enterraban de treinta a treinta y cinco víctimas. Como los cadáveres no podían permanecer en los domicilios se agrupaban en la capilla y en la sala de autopsias hasta que debían inhumarse, resultando insuficiente los depósitos y teniendo que dejarlos al aire libre dentro del Campo Santo. Se prohibieron los entierros; a todas horas del día se encontraba por la calle el coche fúnebre que conducía carga macabra con paso acelerado y escalofriante”

Los cadáveres eran llevados hasta su última morada en dichos coches fúnebres sin que los cubriera la tapa del ataúd o solo con un lienzo.

Murieron en total, por culpa de la Gripe de 1918, unas 331 personas. 90 en Orihuela y el resto en las pedanías. 13 de los cuales lo hicieron en las mismísimas habitaciones del Hospital Municipal.




Un lugar imposible, una pesadilla real que convive con nosotros más allá de las débiles fronteras que delimitan nuestra realidad cotidiana.

Un lugar por el que pasamos habitualmente y que sin embargo no nos damos cuenta de que allí precisamente allí han podido suceder miles de horrores olvidados pero que siguen respirando junto a nuestra nuca.

Dolores, enfermedades, sangre, muerte…

Es la zona del dolor, la zona de la muerte. No en vano fue así como se le llamó durante años por los judíos que vivieron en la Orihuela antigua: La ciudad de los muertos decían.

Unas excavaciones recientes pusieron de manifiesto que todo lo que aquí les estoy relatando no es algo surgido de la ficción de la mano de un escritor que con el ansia de hacerles pasar miedo se atrevió a contar.





Les estoy hablando de unas excavaciones que se hicieron hace muy poco, apenas unos años, dirigidas por la prestigiosa arqueóloga Silvia Yus Cecilia
 y en los que se encontraron varios restos humanos pertenecientes a la época musulmana del siglo XII y parte del XIII.

A ellas pertenece esta fotografía extraída del libro dedicado a su rehabilitación..




Un lugar misterioso que siguió acogiendo los sinsabores de la pálida muerte y que siguió siendo utilizado como ciudad de los muertos en el siglo XVII por los judíos.

Desde el año 1610 en que la Cofradía del Corpus decidió colocar en ese lugar los 3 hospitales-hospicios en donde la ciudad de Orihuela daría cobijo a enfermos, huérfanos y expósitos.

Una de las primeras referencias sobre hechos sobrenaturales ocurridos en el Hospital San Juan de Dios proviene de la prensa escrita de la época. Concretamente del diario La Comarca en el nº 9 del 12 de noviembre de 1902.

En este viejo periódico se cita textualmente

Hemos oído decir que anoche y muy poco antes de apagarse el alumbrado eléctrico, se vio por la calle del hospital y sus inmediaciones un fantasma que por lo rara y estrafalaria indumentaria que vestía, causó la consiguiente alarma entre las personas que a dicha hora transitaban por aquellos sitios.



Lo cierto es que esta descripción coincide exactamente con otras descripciones que algunos desafortunados testigos han tenido la mala suerte de presenciar en los lugares más malditos de nuestra geografía, casos muy conocidos por los habituales oyentes de los programas de misterio como Milenio 3 o Cuarto Milenio en donde los invitados al contar sus experiencias siempre hablan de apariciones junto a carreteras en donde llegan a ver iluminados por los faros del coche s seres vestidos de manera extraña que en seguida llaman su atención a altas horas de la madrugada.

Y es muy curioso que se haya producido el fenómeno en esa misma calle ya que coincide con los fenómenos denunciados en la actualidad por alguno de los funcionarios que trabajaban en el edificio de la Biblioteca María Moliner. (Edificio que también formaba parte del Hospital Municipal).

Según nos consta, dichos funcionarios presentaron una queja ante sus superiores negándose a trabajar a determinadas horas en el inmueble tras haber sido testigos de fenómenos inexplicables. Hace poco en una entrevista que mantuvimos con la dirección del centro, para comunicarles de la existencia de esta investigación y solicitarles su permiso para la publicación en este sencillo Blog que no tiene ningún ánimo de ofender ni perjudicar a nadie, nos afirmaron que las extrañas subidas y bajadas del ascensor a cualquier hora del día sin que nadie lo estuviese utilizando, eran ya una cosa de lo más normal y que ya había sido incluida en la vida habitual de los que allí trabajan como un hecho inexplicable con el que se habían acostumbrado a vivir.






Otro testimonio que he recogido me asegura que otros trabajadores del edificio, con alguno de los que me entrevistado, además de luces que se apagaban y encendían solas, han podido presenciar como si algo o alguien pasara junto a ellos durante la noche cuando se han quedado a trabajar hasta tarde en solitario.
Que suele ser en época de exámenes, en las que el horario de estudio llega a prolongarse hasta las 12 de la noche.







Pero déjenme que les cuente un poco cómo era este lugar en donde la gente moría de horribles enfermedades:


El Hospital Municipal constaba de una planta baja dividida en varios sectores como eran la sala de hombres, la de mujeres y una sala dedicada exclusivamente para los partos.

También tenía una pequeña habitación utilizada como botiquín farmacéutico

Nos queda por hablar de la habitación de las 3 losas.

Una habitación fría que hacía que todos los que pasaban ante su puerta se santiguaban por temor a lo que en su interior se alojaba.

Esta habitación era utilizada como depósito de cadáveres o morgue.


Ya en el primer piso, las religiosas practicaban sus servicios a diario y podían acudir a su capilla privada.

En esta planta es donde más dolor y sufrimiento se registró, sus paredes son las que mantuvieron aislados a cientos de pacientes moribundos enfermos de tuberculosis.

También en esta planta, y bastante separada de la de los tuberculosos, se encontraba la sala de los ricos, en donde los más favorecidos podían disponer de los cuidados de los principales médicos del Hospital.


Cada noche que paso por el lugar, mi cuerpo se estremeces y siento un escalofrío.

A veces con la mirada trato de buscar algo que pueda servirme en mis investigaciones pero de momento tan sólo he sido testigo de extrañas luces que iluminan desde dentro por pocos minutos alguna de las ventanas que dan a la calle.

Y les invito a pasarse cualquier noche para ver si como yo son también testigos de esas luces que se encienden y se apagan como queriendo jugar conmigo a esas altas horas de la madrugada.


Me queda también el misterio del rostro que aparece en esta foto tomada a las 4 de la tarde a una de las ventanas del viejo Hospital Municipal que como una presencia extraña aparecida de la nada y a la que no le encuentro explicación ni lógica.





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