miércoles, 19 de octubre de 2016

Crimen Múltiple en el Escorratel


El sábado 15 de Marzo de 1986, un guarda jurado llamado Francisco Blas López acabó con la vida de dos mujeres y un hombre empleando un arma de fuego.

La historia es como sigue:

En la barriada del Escorratel, en un local conocido como el Bar Zapata poco sabían sus ocupantes los trágicos acontecimientos que se avecinaban.

Agraciado de un cuantioso premio de lotería nacional cuantificado en un millón de pesetas, Francisco acudía con asiduidad a dicho lugar para dejarse acariciar por la dulce compañía del sugerente ambiente que habitaba en el local.

Repartiendo risas y bromas entre los clientes, las dos chicas de la casa, Beatriz Moreno Martínez de 28 años, compañera del arrendatario del establecimiento  y Martina Martínez López de 23 años, empleada, trataron con mimo a su “amigo” que con afecto las acogía.

Nadie se dio cuenta de que este hombre se estaba encaprichando de una de las muchachas.

Francisco Blas López, el asesino, conocido con el apodo de Paco el Patillas, tenía 57 años, se había separado de su mujer desde hacía 10 años y trabajaba como guarda jurado en una urbanización de Montepinar.

Algunas fuentes apuntan a que este hombre mantenía algún tipo de relación afectiva con alguna de las asesinadas.

Otros por el contrario, afirman que todo se trataba de un asunto de dinero. Quizás pequeños préstamos a cambio de favores y cariño que estas dos muchachas le otorgaban. (Sólo son rumores).

A primeras horas de la mañana apareció el Guarda por el establecimiento y mantuvo duras conversaciones con alguna de las mujeres.

Alrededor de la una de la tarde, regresó Francisco Bas al local para comenzar una discusión con Beatriz Moreno.

Sacó una pistola y disparó a la chica hiriéndola mortalmente.

Sin apenas tiempo para reaccionar, Martina sintió el impacto en su cuerpo de una de las balas e intentando desesperadamente proteger la vida de su hija de tres meses que estaba postrada en un canastillo la envolvió con su cuerpo.

Francisco se abalanzó sobre ella y la remató de varias cuchilladas.

La pequeña sobrevivió milagrosamente.

Francisco Mateo Pacheco, un  leñador de 21 años que se encontraba allí por casualidad,  se enfrentó al asesino intentando evitar la masacre y recibió también varios impactos de bala, causándole la muerte.

Rosi Escámez Gutiérrez de 21 años, herida en una pierna por tres disparos, consiguió refugiarse debajo de una mesa y salvar así su vida. Fue ingresada en el Hospital Provincial de Insalud de Alicante. Se trataba de otra empleada del bar que trabajaba solo los fines de semana.

Lo que poca gente sabe es que precisamente en el instante en el que se producía la masacre un cliente habitual entraba por la puerta del establecimiento sin dar crédito a lo que sucedía.

El asesino le plantó la pistola en la cara con un giño de furor y rabia en los ojos. Permanecieron callados los dos un par de segundos y el que sujetaba el arma dijo:

¡Paco, sal de aquí!

Eso fue lo último que escuchó dando gracias porque había salvado la vida por Dios sabe que razones.

El criminal, contempló el cuadro que había producido, aguardó unos instantes antes de salir por la puerta como queriendo asimilar sus actos y se introdujo en su vehículo para iniciar la fuga.

Un Seat 133 amarillo con matrícula M-9512-G que por un tiempo no pudo ser localizado por la policía.

Durante los escabrosos hechos, se encontraban en el local cerca de una docena de clientes que fueron testigos directos de los crímenes.

Sobre las diez de la noche el establecimiento fue sellado y jamás se ha vuelto a abrir.

Han pasado treinta años y el lugar permanece intacto, tal y como el día en que sucedieron los acontecimientos.


Con las botellas por las mesas, el ventilador en la barra, el canastillo del bebé manchado de sangre, el bolso guarda pañales y los gritos de desesperación alojados por la eternidad en un lugar en donde jamás volverán a florecer los sentimientos de júbilo.

El propietario del establecimiento, acudió al bar media hora después de que hubiesen ocurrido los hechos y hubo que tratarle ante una fuerte depresión nerviosa.

Pocos días después, inspectores del Cuerpo Superior de Policía adscritos a la comisaría de Orihuela, encontraron el cuerpo sin vida de Paco el Patillas, con un orificio de bala del calibre 9 largo en la sien en el interior de un almacén donde también estaba escondido su vehículo en la finca de Montepinar, en donde solía ejercer como Guarda Jurado.

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