jueves, 1 de junio de 2017

La Leyenda de Alicante: La Cara del Moro


Desde hace muchísimo tiempo, hay algo en la cabeza de los alicantinos que no les deja dormir.

Se preguntan a diario si ese rostro formado de forma caprichosa en el monte Benecantil que está originado por grandes rocas en la misma naturaleza no es más que una mala jugada que les hace su propia mente.

El autor de la naturaleza y criador del Universo, firmó una cabeza o una cara para que le sirviese de marca o señal.
Lo cierto es que en casi todas las fotos que en la actualidad se toman de ese lugar, todos los que las ven, coinciden que es exactamente eso, el rostro de una persona.

Hay también quien dice, que Alicante no debe su nombre a la antigua denominación islámica (Al-Laqant), sino a una hermosa princesa árabe cuyo padre era el caudillo de la medina musulmana. Este y su hija vivían en la imponente fortaleza del Benacantil, rodeados de abrumadoras riquezas e infinitos manjares traídos de recónditos lugares de todo el mundo.
Cántara, que así se llamaba la hija del califa, crecía y su belleza empezaba a ser abrumadora.

Cientos de pretendientes surgían cada día con las pretensiones de hacerla suya.
Su padre, observaba con paciencia desde la distancia la actitud tanto de su hija como de aquellos futuros esposos que la deseaban. Pronto llegaría el adecuado, el que fuera más fuerte, más rico y más apuesto.

El tiempo pasaba y no aparecía el candidato merecedor de la mano de la muchacha.
Se determinó entonces organizar un gran banquete en el castillo al que asistiera todo pretendiente en condiciones aceptables a considerar.

Fue un rotundo éxito el banquete ya que el califa, se prendó de dos de aquellos jóvenes que vinieron a conocer a la muchacha.
Ambos, adversarios en el amor por la joven, derrochaban galanterías hacia la princesa desde el inicio mismo de la gala.

El padre se sintió satisfecho y a la vez indeciso. Y por ello propuso una dura prueba para cada uno de los pretendientes.
A Alí se le encomendó la misión de traer el agua del Tibi al castillo, con la construcción de una acequia tan larga y robusta como requiriese la empresa.

A Almanzor, se le mandó viajar a las Indias para que buscara allí las mejores especias para deleitar a la joven princesa.
Los dos jóvenes empezaron las duras pruebas con mucha decisión, pero Alí, que era el que más cerca permanecía de la princesa, empezó a verse con ella a escondidas.

Al poco, se sintió correspondido por la muchacha y ambos se enamoraron.
Bajo ese amor, dejaban volar su imaginación planeando lujos y vástagos.

Absorto estaban los enamorados que habían olvidado la tarea que les había encomendado el califa y cuando ya creían que nada les podía volver a separar, apareció una mañana Almazor, que venía de las Indias cargado con todo aquello que le habían encomendado y por tanto con su tarea completada.
El padre de Cántara, obligado por la promesa que había realizado, por no romper su palabra e ignorando los ruegos de su hija, que ya había hecho su elección, entregó la mano de esta al competente Almanzor, para disgusto de los amantes.

Alí se sintió afligido y desposeído de su amada y no halló mejor remedio para su pena que quitarse la vida saltando desde lo alto de la sierra de Tibi, creando un inmenso socavón en el lugar de su caída.
La princesa, al ver perecer a su amado, y no pudiendo contener la pena, se dirigió al cerro de San Julián y, ensimismada en su desdicha, saltó mortalmente al vacío.

El emir sintió entonces tal amargura por haber sido el causante de tanta desdicha que rogó a Alá que le hiciera sufrir bajo el peor de los castigos.
La mano ajusticiadora de Dios alcanzó al emir y desde ese mismo día quedó petrificado bajo la fortaleza de Benicantil.

Hoy día se puede perfectamente recrear con la vista el rostro afligido de un hombre si miramos a poniente.
Desde aquel entonces, los habitantes de Al-Laquant, conmovidos por la trágica historia, decidieron rebautizar la ciudad con el nuevo nombre de Alicántara, por la memoria de la princesa árabe.

Y de ahí supuestamente, procede la denominación actual de la ciudad.


"Obra primorosa de la que debe estar siempre orgullosa Alicante, en la que se combinaron la Naturaleza ofreciendo la materia, el sílice de un magnífico e inexpugnable monte, los primorosos pinceles del mismo Dios dibujando la cara de un guerrero y el arte humano fabricándole un Castillo a modo de casco."

FUENTE:
http://sendasyleyendas.com/2016/01/la-cara-del-moro-en-el-monte-benacantil-alicante/
LIBRO ALICANTE ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA de Manuel Martínez López

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