miércoles, 20 de julio de 2016

La Maldición de La Algaida


Una joven de 25 años, analfabeta, sin estudios y que formaba parte de una familia de seis hermanos de nombre Francisca tuvo para bien o para mal la desdicha de ser tocada por la mano de Dios.

Durante el verano de 1900 quiso la providencia que esta muchacha sometiera sin querer a su cuerpo a un trance que la hacía decir por su boca un montón de barbaridades que nadie en el pueblo quería creer.

Hablaba así de una próxima guerra entre hermanos españoles, que vendría un tiempo en que hombres y mujeres no se distinguirían por las ropas que utilizarían, que una terrible sequía asolaría esas tierras, que llegaría una época en el que se podría ver el pan tirado por el suelo y en lugar de eso se comerían bizcochos…

La iluminada repetía que Dios debía tomar un camino por lo mal que estaba el mundo y el obispado de Orihuela le respondía que la que debía de tomar un camino hacia el manicomio era ella misma.

Los que fueron testigos de los prodigios que por entonces se prodigaron afirman que durante un tiempo llovió cera, en otras ocasiones, cayeron del cielo monedas de oro y plata e incluso cruces brotaron del suelo.

El caso es que el Alcalde veía que se le escapaba de las manos el asunto pues la venida de peregrinos era incesante.

Tras unos enfrentamientos y algunos disturbios, ocurrió lo de la maldición.

El alcalde de Archena, Serafín Sánchez, se enfrentó a la familia llegando a golpear con un bastón a su padre Pablo Guillén.

Esta, con los ojos enrojecidos por la cólera le espetó.

-         Ten claro esto que te digo, que con ese brazo no volverás a golpear a nadie.

Y según cuentan las crónicas antiguas, eso mismo fue lo que ocurrió pues al poco el alcalde hubo de tener un fatídico accidente con el que se vio obligado a que le amputaran el brazo.

El resto de la historia termina en tragedia, pues sin haber sido corroborado, hubo una mujer de 57 años que murió según cuentan por su propia mano.

Y se dice de ella que era la mismísima Francisca envejecida  que ya no aguantó más y quiso terminar con su vida.

O quizás no, pues hay indicios criminales que apuntan hacia otro lado.

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