sábado, 8 de abril de 2017

Los Héroes Oriolanos Olvidados: 8. Pedro de Tona




Corría el año 1331.

Hasta nuestros territorios habían llegado las excelencias del Héroe del Reino de Granada.

La historia de un cautivo que había pasado de cristiano sometido a una vida miserable a la de héroe local que con sus exitosas campañas y sus triunfos para la Corona granadina se extendían como la pólvora a través de los versos cantados de los juglares.

Por eso no es de extrañar el temor que sentimos en la comarca cuando supimos que ese hombre legendario que arrasaba todo lo que se interponía a su paso, que calcinaba las cosechas por los lugares por donde su sombra había pasado estaba muy cerca de Orihuela con la intención de arrasarla.

Gracias a Dios, aún teníamos un as en la manga. Nuestro castillo tenía fama de ser inexpugnable.

Su ejército de impecable organización, bien armado  y compuesto por un interminable número de soldados se dirigía hacia territorio oriolano con muy malas intenciones.

Los espías infiltrados en las aljamas sarracenas de la procuración habían dejado bien claro a Ridwan y a sus secuaces que Orihuela no se encontraba en un buen momento.

Atravesaron sin descanso la zona murciana y se dirigieron hacia el puerto de Guardamar que por aquella época era uno de los más importantes de España.

El grupo de los 27 estaba compuesto por lanceros y ballesteros de las más hábiles del reino.

Los habitantes de Orihuela casi respiraron aliviados al saber que los pasos del enemigo no se dirigían directamente sobre la ciudad pero el miedo que les generaba la figura y el nombre del granadino era tan superior que ninguno podía conciliar el sueño.

Todos sabían lo que significaba aquella ofensiva, Guardamar estaba perdida.

Pero de entre los ciudadanos de la Orihuela medieval surgió un hombre de origen murciano llamado Pedro de Tona, un almogávar estricto en sus convicciones que supo reunir una pequeña fuerza de combate almogávar compuesto por veintisiete de los mejores hombres de armas que habitaban Orihuela.

Y juntos decidieron acudir al rescate de la pequeña población de Guardamar.

Todos sabían que se dirigían hacia el cumplimiento de una misión suicida que como mucho sólo les daría por recompensa que sus nombres fueran tallados en la piedra como los de tantos mártires y héroes que habían luchado por una causa perdida.

Aprovechando la oscuridad de la noche atravesaron por sorpresa las líneas enemigas.

El ejército invasor no se esperaba una acción tan inverosímil que tacharon de locura.

Con la ayuda de los 27 empezó la batalla.

El ejército invasor que los superaba en número, armamento y  ordenación necesitó de 2 días para hacerse con la plaza.

No se esperaban que la lucha fuese tan cruenta al haber dado por hecho que la conquista del territorio ansiado era cuestión de unas horas.

Pero los nobles hombres oriolanos lucharon a muerte contra sus enemigos sin descanso, sin temor, animados de una sensación de gloria tocada por el altísimo que los llamaba a las puertas del cielo y de la historia.

Esta batalla será recordada por los siglos venideros.

Aquellos 27 hombres hicieron tanto daños a las tropas enemigas que Ridwan estuvo a punto de cancelar el ataque y regresar en busca de otros botines.

Pero finalmente se impuso la lógica del combate y la superioridad numérica se hizo efectiva al contar con ventajas tácticas y de armamento  de asedio.

22 de los 27 hombres valientes fueron masacrados durante el combate dando sus vidas por la ciudad de Guardamar.

El resto, junto con Pedro de Tona fueron capturados vivos cuando por fin consiguieron aprovechar una brecha en las defensas y se hicieron con la ansiada plaza. (En total se habla de 1200 presos).

Fueron llevados como cautivos a Granada para que fueran avergonzados y humillados por haber osado enfrentarse contra el Reino Granadino.

Y aquí les perdemos la pista a estos valerosos héroes que lucharon al más puro estilo de los 300 espartanos.

Qué injusto es el cine cuando ennoblecen el nombre de aquellos 300 que perecieron  y olvidan a caso hecho el valor que los 27 oriolanos mostraron ante un invasor implacable y superior en todos sus aspectos.

Desde aquí les honro y desearía que desde este día sus nombres no queden en el olvido nunca más.


FUENTE: 
LOS ALMOGÁVARES Aventura y guerra en Orihuela de Juan Ignacio Caballero

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