sábado, 23 de abril de 2016

La puerta interdimensional de las Minas de Mercurio de San Antón


Dicen los entendidos que los niños son capaces de exhibir una sensibilidad fuera de lo común, que durante los años de nuestra infancia, sobre todos los más pequeños, son capaces de hechos portentosos muy difíciles de comprender y explicar por la ciencia más ortodoxa.

Algunos de estos infantes han sido protagonistas de anécdotas que pondrían los pelos de punta al más escéptico. Como la niña aquella que según su familia en una entrevista cedida al programa de radio MILENIO 3, sin apenas hablar y que haciendo gestos con su manita señalaba a un lugar también con la mano en la cabeza como queriendo decir a su papi que el hombre malo del sombrero estaba allí delante de ellos. (Los que sean amantes del programa ya sabrán a que pasaje me refiero).

Pero centrándonos en las historias misteriosas ocurridas en nuestra ciudad, les voy a contar una que les dejará totalmente desconcertados.

La protagonista es una niña pequeña, tan pequeña que todavía no sabía caminar.

Lo mejor de todo es que este testimonio que me ha relatado un buen amigo, es algo que se cuenta siempre en las reuniones familiares de la familia de su mujer como algo para recordar toda la vida, y que sucedió en un lugar de Orihuela al que yo le tengo mucho cariño.

El caso es que varias familias de raza gitana sin recursos decidieron irse a vivir a la casa abandonada de los trabajadores del Horno de Bustamante de San Antón.

Los días transcurrieron sin novedad hasta que uno de esos apacibles días, los niños que estaban jugando en las puertas y en el interior de una de las minas de mercurio, la más cercana a su improvisado hogar, observaron compungidos que una de las niñas menores había desaparecido sin dejar rastro en apenas unos segundos.

Como era una de las más pequeñas, casi un bebé todavía, se pusieron a buscarla como locos llamándola por su nombre a viva voz y dando la alarma a sus padres que con la velocidad de un rayo se sumaron a la incansable búsqueda del bebé desaparecido.

¿Dónde se había metido la niña que sólo podía moverse de aquí para allá arrastrando los pies y las manos por el suelo?


Mirando hacia el interior de la mina en donde habían estado los niños jugando, todos decidieron que lo que podía haber ocurrido es que la niña se hubiese internado en la oscuridad de la mina.

Así que unos se metieron hacia adentro para buscarla y otros recorrieron por la parte de arriba de la montaña un camino distinto para ver si podían alcanzarla en una de las otras bocas del monte que ni siquiera sabían si podían estar comunicadas.

Pasados apenas 30 minutos, uno de los que se habían marchado hacia una de las otras minas de mercurio de San Antón, dio un grito para que todos le escucharan que había encontrado a la niña. En un lugar inaccesible para un bebé y que estaba por lo menos a más de 200 metros de distancia de la boca en donde se había perdido. Demasiado lejos para llegar en tan poco tiempo sin caminar.

La única explicación lógica que barajaron era que la niña gateando se había recorrido toda la mina a oscuras de punta a punta y que en media hora había llegado a salir por la otra boca.

Pero todos sabemos que eso es imposible. Que ni siquiera los más avanzados expertos que han ido a investigar a las minas de mercurio han sido capaces de recorrerla entera y mucho menos una niña que ni siquiera es capaz de caminar.

A veces, las cosas más cotidianas están vestidas de un halo de misterio.

Y por supuesto los más crédulos empiezan a hablar de puertas dimensionales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario