sábado, 3 de octubre de 2015

Orihuela misteriosa: El crimen de "La Loma"


La Loma, partida rural de “Los Pinos”. Almoradí.

Durante la triste noche del 5 de mayo de 1925, el niño hombre dormía, sin familia, sin lugar a donde ir al haber sido abandonado por su padre al enviudar y que había partido hacia Albacete, el niño huérfano Jesús Paredes de 9 años que desde febrero ayudaba en las labores del campo para pagarse un cobijo y un sustento.

A eso de las11 de la noche, Ramón Jiménez de 23 años, entró en la pajera sigilosamente y con una soga estranguló al niño hasta matarlo.

Después, escondió el cadáver en un capazo y lo tiró al pozo de la finca.

En la madrugada, el dueño de las tierras, D. Manuel Antolinos notó que los animales de las caballerizas andaban revueltos y a viva voz llamó a sus obreros.

Entonces, cargado de una furia fuera de lo normal, se dirigió al cuarto de los mozos para reprenderlos creyéndoles dormidos ya que Ramón, fiel trabajador de la finca desde hacía varios años nunca le había fallado.

Al llegar se percató de que el lugar se encontraba vacío.

Esperó hasta la mañana para dar parte a la Guardia Civil al sospechar que algo raro había ocurrido.

Una pareja de la benemérita llegó hasta la casa de la familia del Ramón en Benijófar y preguntaron a su madre por el muchacho.

La madre se encontraba muy descolocada y la voz le temblaba y eso les hizo sospechar.

Iniciado un registro exhaustivo de la vivienda consiguieron dar con Ramón escondido tras unos sacos con un susto en el cuerpo como si hubiese visto al mismísimo diablo.

- No me peguéis, que yo confesaré. –

Y así es como relató todo lo que había sucedido aquella noche.

Los guardias lo obligaron a que les escoltara al lugar en donde había escondido el cuerpo.

Un pozo de cuarenta metros de profundidad había sido el testigo mudo del “Crimen de la Loma”

Cuando finalmente consiguieron acceder al fondo del pozo, sacaron de este el cuerpo de un niño con una soga atada al cuello.

En seguida corrió la voz y unos vecinos de las cercanías que se encontraban indignados intentaron un linchamiento que fue esquivado hábilmente por los guardias que con presteza introdujeron al sospechoso en el coche y lo llevaron a la cárcel de Dolores.

También allí hubo que evitar intentos de linchamiento.

Las malas lenguas decían que desde que el niño había empezado a trabajar en la Loma, Ramón le había cogido odio al sentirse desplazado.

La juventud, la inocencia y las ganas de trabajar del niño dejaban constantemente mal a Ramón que no dudaba en darle quejas al patrón ante la mínima circunstancia.

Incluso hubo una ocasión en que D. Manuel había amenazado a Ramón con despedirlo si seguía acosando al niño.

Los celos habían ido en aumento hasta que llegó la fatídica noche del crimen.

El 15 de diciembre de 1926 empezaba en la Audiencia de Alicante la vista de la causa que atrajo tanto a curiosos como a profesionales que se habían sentido cautivados por las características psicológicas del caso magnificadas por la opinión púiblica.

El procesado, al contestar las preguntas del fiscal de manera hosca e impulsiva hizo declaraciones que sorprendieron a todo el mundo.

Según él, el verdadero asesino del niño había sido su Patrón y que el se había declarado culpable tan sólo como un favor personal que respondía a las súplicas de la mujer de D. Antolinos que le había prometido su consiguiente libertad por medio de sus influencias y riqueza.

El abogado del acusado intentó por todos los medios que el juicio se suspendiera hasta que se recabara la información suplementaria necesaria pero el Tribunal no accedió.

Se produjo entonces un careo entre el procesado y Manuel Antolinos en donde uno acusaba al otro y este último lo negaba todo.

Los peritos médicos propuestos por la defensa presentaron al acusado como un retrasado sin culturizar.

Manifestaron que no habían podido realizarle más pruebas al detectar en él una demencia ilusoria que aun siendo consciente de sus actos y conociendo el mal que podía causar, no era capaz de medir su alcance moral.

El fiscal, se cerró al argumento de que “era imposible estimar circunstancia atenuante alguna, pues se trataba de un perverso que cometió un delito por envidia a un niño del que temió una supremacía en la casa donde prestaban sus servicios, al igual que lo pudiera hacer un hombre cuaternario disputándose la presa con un semejante”.

Y la defensa, alegando que se trataba de un hombre sin la capacidad moral de evaluar sus acciones pedía su inmediato ingreso en un centro para enfermos mentales.”Impidiendo de éste modo la convivencia social a un ser en alto grado peligroso.”

Al final, Ramón Jiménez fue declarado culpable de todos los cargos y condenado a Cadena Perpetua.


CRÍMENES DE ORIHUELA


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