domingo, 15 de mayo de 2016

Los héroes oriolanos olvidados: 2. José María Muñoz Bajo de Mengívar


Aún no siendo oriolano, voy a hacer mención de este sujeto que tanto hizo por nuestra ciudad.

En la plaza de Monserrate hay una estatua erigida en honor a este personaje.
Pero, ¿Quién es realmente este hombre y qué es lo que hizo por Orihuela?



Nacido en Cabezuela, Cáceres el 28 de abril de 1814 en el seno de una familia de escasos recursos recibió una estricta educación religiosa en su localidad.
Ingresó en los Seminarios Conciliares de Coria y Plasencia con el propósito de ordenarse sacerdote pero el destino le tuvo reservado otros derroteros muy distintos.

Ya que su nuevo camino pasó por hacerse empresario de la construcción y la minería en donde consiguió amasar una fortuna.

Casado con Carlota Ortiz, tuvieron dos hijos José y Carolina. Cuanto mayor era su fortuna, más grande se hacía su corazón llegando a fundar en su pueblo natal una maternidad, un hospital y dos escuelas, sin olvidar que otorgaba becas para carreras y oficios.
Una anécdota curiosa que se cuenta de él es que estando por las Américas, un empresario que mantenía una deuda con él de doscientos mil reales, le pagó con cuatro esclavos. José María, los puso en seguida en libertad.


Su salud empeoró y no tuvo más remedio que trasladar su residencia a Alicante donde su papel de benefactor continuó con donaciones constantes a los pobres, alimentos, medicinas, camas para leprosos y premios a la virtud.

Cuando el 15 de octubre de 1879 la cuenca del río Segura se desbordó provocando la tragedia con la Riada de Santa Teresa, o la que ocurrió en el año 1887, este hombre, sin obtener ningún beneficio material a cambio, se dedicó a ayudar económicamente a los afectados por las inundaciones de varios municipios incluido Orihuela.

Llegó incluso a dar cobijo en su propia casa a huérfanos desamparados.

Construyó escuelas, e incluso barriadas para los obreros del pueblo.

Coronado como “Héroe de la Caridad de Orihuela” este benefactor ha pasado desapercibido entre la población hasta nuestros días, salvo por los diversos homenajes recibidos a lo largo de los años en los que han participado ilustres figuras de nuestra política.

Otra anécdota que se cuenta de él es que un día una anciana se le presentó con una niña en brazos y un niño cogido de la mano. Sus padres habían muerto en las inundaciones.
Se apiadó de ellos y los adoptó como si fueran sus propios hijos.

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