domingo, 23 de octubre de 2016

FICCIÓN: Lugares Malditos de Orihuela. 3. La casa del río


Como si de una película de terror de Hollywood se tratase esta historia demencial se produce en la ciudad de Orihuela,

A un lateral del río Segura hay una casa abandonada que esconde una historia oscura y cargada de detalles sombríos.

Un grupo de adolescentes, estaban buscando una forma de establecerse en una vivienda para utilizarla como club.

La pandilla, formada por jóvenes, la mayoría estudiantes, no podían permitirse pagar un alquiler por una vivienda que les sirviera en sus propósitos, así que decidieron buscar alguna casa abandonada cercana a su hogar para ocuparla sin que nadie fuera molestado.

En una ocasión, pasaron cerca del río y un lugar tétrico y bastante descuidado les llamó poderosamente la atención.

Aquel día, eran sólo una avanzadilla, una chica y varios muchachos.

La vivienda se mostraba majestuosamente ante sus ojos, justo pegada al borde del río.

Con un acceso que no era difícil pero que podía resultar peligroso por la cercanía del río, en una parte en donde no hay ninguna protección como una valla que los protegiera ante posibles caídas al agua.


Con mucho cuidado, atravesaron una gran verja de hierro pintada de rojo que no presagiaba nada bueno.

Se asomaron por la ventana y contemplaros enmudecidos un lugar desierto de toda vida pero en el que aún quedaban casi todos los muebles.

Eso sí, devastados por el paso del tiempo y con la indeleble huella de grandes desconchones en las paredes y ciertas partes ennegrecidas como testigos de una calamidad ocurrida en aquel lugar.

Encontraron una parte por la que pudieron acceder al interior.

Pensándoselo mucho, pues el lugar se las tría consigo.



Penetraron dentro de la vivienda y ayudados tanto de la luz del sol como de las luces que salían de sus teléfonos móviles, se pasearon por allí para ver qué clase de tipo de reforma necesitaban hacerle para que aquello resultase habitable para sus fines.

Llegaron a una habitación que les hizo estremecerse, pues arriba de una viga, quedaba colgada una soga a modo de horca.

Muy cerca, una mesa de madera con caracteres tallados a mano a modo de tabla Ouija, como prueba de que aquel lugar había servido también para otras cosas.

Se acercaron y empezaron a bromear con la cuerda una vez superado el susto.

El más valiente de ellos, se atrevió a descolgarla.

Pero alguno de aquellos chicos ya había sentido el pánico al contemplar aquella visión tan siniestra y se dejaron llevar por el ambiente macabro.



Entre los muchos objetos que había por el suelo, encontraron documentos de varios bancos con avisos de pago que reflejaban en la escasa luz que quedaba los nombres de varios de los dueños que habían vivido allí.

La chica, se agachó para agarrar lo que le pareció un pequeño libro.

Le resultó familiar y a la vez interesante.

Era como uno de esos pequeños diarios que se usaban en el siglo XX cuando aún existía la moda de escribir tu vida y que era muy célebre entre las adolescentes enamoradizas que manifestaban en ellos sus inquietudes y aventuras amorosas.

Se guardó el libro y decidió que más tarde le echaría una ojeada.



Contentos con el hallazgo, creyeron ver allí su futuro establecimiento, el lugar en donde habrían de adecentar su nuevo proyecto, un sitio donde pasar el rato jugando con los amigos, charlando, fumando y lo que se prestase.

Salieron pues de allí con una sonrisa en los labios a pesar de la ardua tarea que les quedaba por hacer.

Aún permanecieron un buen rato juntos y luego se marcharon cada uno a sus casas.

La chica, cuando tuvo un hueco libre, sacó el libro y decidió que tenía que empezar a leerlo.

Algo en aquellas hojas sucias y envejecidas por el paso de los años y la humedad la atraía hacia su profunda lectura.

Las primeras páginas del libro le impresionaron bastante.

En el manuscrito, se relataba la vida de la última habitante de la casa, una persona atormentada que veía pasar el tiempo con ojos desconsolados.

Hablaba de manera terrorífica de sucesos poco claros y muy extraños que se producían en la casa y que habían acompañado a todos sus anteriores dueños.

Aseguraba el diario, que algunos de los que habían vivido allí, habían acabado sus días suicidándose, otros en extraños accidentes.

Todo lo que había pasado en aquella casa sonaba inquietante y muy triste.

Relatado como si una novela de Lovecraft se tratase.

En donde solo penurias, crímenes, muertes violentas, incendios, golpes en la noche, voces fantasmales y sombras nocturnas fueran el pan de cada día de la vida cotidiana de los sujetos que estuvieron allí morando.

Así llegó hasta la última parte.



Unas pocas líneas avisaban del futuro proyecto que tenía pensado el autor/a de aquella macabra obra siniestra.

Hablaba de quitarse la vida.

Quizás, para eso había servido aquella soga que poco antes bailaba al son del ritmo de una invisible flauta de hueso tocada por las manos estériles y huesudas de la propia muerte.

Le contaron al resto de los amigos el hallazgo que habían realizado.

Pocos días después, intentaron volver a la casa un grupo mayor de personas.

Pero se toparon con que alguien, quizás el ayuntamiento, había tapado todos los accesos y cerrado todos los huecos para que nadie volviese a entrar en aquel sitio.

Un día, del año 2016, fui yo el que me tropecé con los muchachos.

Me dirigía a realizar una caminata por la ciudad para ponerme en forma cuando pasé por una calle en donde vi a una pareja que pasaba el rato charlando.


Sentados en un banco comenzaron a conversar conmigo por pura casualidad y me relataron todo cuanto conocían sobre aquel lugar.

Fui anotando mentalmente los detalles y decidí que tenía que ir a echar un vistazo y realizar algunas fotografías.

Hablamos de cómo conseguir el diario, pero resultó que la chica que lo había encontrado y leído, la misma que por su propia boca me lo estaba contando, se lo había dejado a una amiga y que por circunstancias de la vida, mantenían una rabiosa riña entre ambas y se negaba a volver a hablar con ella.

Acabamos haciendo un pacto, debían de buscar la manera de recuperar el diario a través de otra chica de la pandilla y a la espera quedé.

Me di un garbeo en busca del caserón y creí encontrarlo. 

Realicé alguna toma con la cámara del teléfono y volví para enseñarles las fotografías de lo que había retratado, para estar seguro de no haberme equivocado de casa.

Evidentemente, no era la casa que ellos decían, por unos metros.

Cuando los volví a ver de lejos, advertí que el grupo había crecido. 

Ahora eran muchos más.

Ya era de noche y algunos de ellos se mostraron muy amables al ofrecerse como guías.

Me fui con dos de ellos hacia la casa.



Cierto fue todo lo que me habían contado.

El lugar era siniestro y lúgubre.

Y además en aquellas horas de escasa a luz, parecía mucho más terrorífica que a plena luz del día.

Los dos muchachos, decididos, sacaron sus teléfonos móviles y usándolos a modo de linterna me mostraron todos los detalles con la descripción más acertada que pudieron darme.

Quedé impresionado por el ambiente que se respiraba en la zona.

Después de una mirada que fue todo menos fugaz, decidimos que ya no había nada más que enseñar.

Entonces cuando nos disponíamos a regresar, fue cuando uno de ellos se percató de lo extraño y a la vez fascinante que quedaba una huella de mano sobre la nevera.

Me puse a hacer fotografías y curiosamente la huella se veía como si fuera tinta fosforescente sobre la pared lisa de color blanco esmaltado del frigorífico.

Y de momento esto es todo lo que tengo sobre este sitio.

Así que es ahora cuando empieza la verdadera investigación.

Sigo a la espera de que algún día se pongan en contacto conmigo y me dejen ver el famoso diario.

Sería un puntazo tenerlo y mostrarlo en una de las Rutas.




IMPORTANTE:
Por favor. Todos los lugares que aparecen en mi Blog son muy peligrosos. Están en ruinas y a punto de desplomarse o tienen un acceso con mucho peligro. No quiero que nadie se acerque nunca a uno de ellos. Podéis ver las fotos que acompañan cada entrada. Y si algún día pasáis junto alguno de los sitios mentados, miradlo de lejos. POR VUESTRA SEGURIDAD.

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