martes, 21 de febrero de 2017

Visita ruidosa en mitad de la noche


Hace bastante tiempo, cuando yo tenía unos diez años, dormiamos mi abuela y yo juntas en una cama de matrimonio situada en una habitación muy grande en la cual había también una mesa para corte y confección que utilizaba mi madre a diario para cortar patrones.

En esa mesa no faltaba una regla de madera para hacer las medidas en las telas.

Una noche a mi abuela y a mi nos despertó algo que a mí me dejó aterrorizada pero por otro lado tranquila y esperanzada.

Escuchamos unos golpes secos, fueron tres en total, con una pausa de dos segundos más o menos cada golpe los cuales se realizaron con la regla de madera de mi madre contra la mesa donde ella trabajaba.

Mi abuela y yo nos despertamos sobresaltadas con el primer estruendo. Me quedé inmóvil y asustada; cuando terminaron los golpes mi abuela encendió la luz y en la habitación no había nadie, la puerta estaba cerrada, las ventanas también y no hacía nada de viento. Después de comprobar que no había nadie en la habitación mi abuela dijo: “Será Pepito”.

Pepito era el hijo pequeño de mi abuela, que murió con veintisiete años haría en ese momento once años ya.

Al decir esto me quedé con mucho miedo en el cuerpo por haber estado tan cerca de nosotras un espíritu.

Al día siguiente escuché a mi abuela decirle a mi madre que le había pedido a su hijo Pepito que le hiciera una señal para saber que se encontraba bien donde estuviese, le había pedido que diera dos golpes si se encontraba mal, entonces ella prometía rezarle más si así fuera, y tres si se encontraba bien, para que no se preocupara.

De aquí la esperanza de saber que después de la muerte de un ser querido hay veces que están con nosotros y en paz.

Carmiña 


jueves, 16 de febrero de 2017

FICCIÓN: El Cementerio de Animales de Orihuela


- ¿Sabes lo que hay que haser?

- Sí pare, tengo que echar al bujero el pobre animalico.

- Sí, pero ten cuidao, no te vayas a caé dentro.



Así es como la familia de Manuel debatía sobre lo que tenían que hacer con “Palo”, el perro que había convivido con ellos durante años y que jamás había tenido un momento de debilidad en su continua fidelidad y cariño hacia los integrantes de la familia de los Ortiz.

El chico era el número ocho de una familia numerosa de once hermanos de raza gitana que vivían en San Antón, uno de los barrios más antiguos y populares de Orihuela gracias a sus fiestas llenas de esplendor que se ensalzaban durante aquellos años.

La atracción principal de aquellas fiestas era la rifa del marranico, que se celebraba como cada año y que cientos de personas acudían a la entrada de la ermita para poder echarle un ojo al cerdo que permanecía acostado y enrejado.

Otra de las cosas que solían tener buena fama eran las bolas coloradas de san Antón, unos dulces tradicionales caseros creados con las hábiles manos de los pasteleros que acudían por allí aquellos días para vender su mercancía.

El chico cogió al animal muerto entre sus brazos y con gran malestar y tristeza al ver de cerca los ojos cerrados del animalico se dirigió con dos de sus hermanos hacia el lugar en donde tenía que realizar su tarea.

Subieron con cuidado, aunque sus pies estaban más que acostumbrados a caminar por aquella sierra, de rozarse con los matojos y hierbas que pululaban por todas partes, de engancharse la ropa con las ramas de los árboles.

- ¿Ande vamos?- Preguntó el más pequeño de sus hermanos que lo acompañaba en ese momento.

- Vamos al “Pozo de la Rosa” a echar dentro los restos del pobre “Palo”.


Los niños sabían lo que eso significaba. El lugar hacia donde se dirigían siempre había tenido fama, desde que ellos recordasen, de lugar lúgubre, oscuro y nido de los desechos de los animales muertos. No en vano, alguno lo llamaba “El Cementerio de Animales de San Antón”.

Realmente era un lugar que escondía mucha más historia, mucho más de lo que aquellos pobres desgraciados conocerían jamás.

Aquel agujero profundo de casi cincuenta metros de altura tenía una anchura de dos metros. Y eran los restos de lo que antaño se había conocido como la mina “La Colón” de Orihuela.

Los chicos llegaron en un santiamén, ya que el lugar no estaba muy alejado de sus casas.

La profundidad de aquel inmenso agujero hizo que se sintieran atraídos hacia la penumbra que parecía no tener fin en su interior.

- ¿Quieres que lo tire yo pa bajo?- Preguntó uno los que parecía menos afectado por tan impresionante visión.

- No, me basto yo solo y quiero hacerlo porque así me lo ha pedío pare.


Los otros hermanos, sabían que era absurdo empezar una discusión con su hermano Manuel y decidieron no insistir y acatar todo lo que aquel les dijera.

El chico, dejó caer al animal muerto y dejaron que sus oídos se percataran del desenlace final de aquel acto. No mucho tiempo después, apenas unos segundos, oyeron claramente el golpe de algo que hizo que sintieran un escalofrío.

- Sa oído como si se rompieran un montón de huesos. 

- Sí, la cantidá de animalicos que habrá tirao la gente aquí dentro.


Así que una vez realizada su obligación decidieron que ya era hora de volver a sus casas.

Se dieron media vuelta y empezaron el descenso, no sin antes echar una última mirada a aquel lugar maldecido por los más ancianos que en noches de reunión y algarabía contaban tristes historias que en forma de débiles ecos permanecía en la tradición oral de los que allí vivían.

Aquella noche, Manuel no pudo pegar ojo. Tuvo una horrible pesadilla en la que un animal con el rostro desfigurado le perseguía por la ladera de San Antón ansiando su carne y enseñando unos gigantescos colmillos blancos que brillaban en la oscuridad como punzantes puñales deseosos de quitar alguna vida terrenal.

Fue entonces cuando escuchó el primer ladrido.

O eso le pareció.

Pero aquel sonido tuvo algo que le resultó vagamente familiar.

Él sabía que no podía ser, que quizás su cabeza le estuviese jugando una mala pasada y que no fueran más que figuraciones suyas provocadas por la pena que le producía la pérdida de su querido perro.

Pero no estaba del todo seguro y la curiosidad fue haciendo mella en él hasta el punto de que empezó lentamente a vestirse de nuevo mientras intentaba ver algo a través de la ventana de su cuarto.

La noche no estaba cubierta de oscuridad ya que la próxima venida de la luna llena producía un efecto mágico sobre los senderos de la montaña que rodeaban su casa.

Aparecía todo iluminado y sus ojos fueron a posarse justo en el camino que pocas horas había desandado con la comitiva que había formado con sus otros hermanos de regreso al calor del hogar cuando habían finalizado la misión que su padre le había encomendado.

Salió sigiloso y con cuidado de no hacer ruido para no despertar a nadie de la familia que dormía cerquita de él de forma plácida.

Abrió la puerta y volvió a mirar hacia arriba, a medio camino de la cima de la montaña que era donde se encontraba el “Pozo de la Rosa”.

Sus pies no lucían calzado alguno ya que la familia no ganaba para esos lujos y además a base de esfuerzo y duros trabajos diarios se habían endurecido con el paso del tiempo. Eso de llevar zapatos era para señoritos y él no lo era.

Entonces, escuchó por segunda vez durante aquella noche, aquel ladrido tan característico que le invadió de una sensación de miedo.

En un instante sintió la duda, el temor por encontrarse allí la cosa que hacía unos instantes había intentado devorarlo en la pesadilla que lo obligó a despertarse con la ropa empapada bañado en sudor.

Sus piececitos no eran más largos que juntando sus dos manos. Así es como le enseñó su pare a medir las cosas, con la mano.

Y calculando la distancia que lo separaba de aquel lugar siniestro hacia donde se dirigía para investigar pensó que no se trataba de más de doscientas manos.

Caminó muy despacito para no alarmar a ninguno de sus compadres. Y consiguió sin apenas esfuerzo llegar hasta la boca del agujero que de manera intimidatoria lo retaba a practicar algún tipo de juego desconocido oscuro y peligroso.

Sintió el deseo de saltar de una punta hacia la otra, de atravesar los dos metros de aire que había de espacio entre un borde y otro.

Pero lo que le pareció un lamento, un quejido de un animal enfermo lo sacó de su estado de concentración.

Después, oyó claramente ladrar a su perro “Palo”.

Tuvo que refrenar un impulso para no saltar hacia abajo para acudir en ayuda de su perro que por lo que parecía no estaba muerto del todo y ahora lo reclamaba para que lo ayudase a salir de aquel inmundo agujero.

Lo cierto es que olía bastante mal y sintió náuseas.

Forzó los ojos para ver si podía escudriñar en la oscuridad del final del pozo algo que le hiciera cambiar de opinión y que le hiciera salir corriendo al abrigo de su morada.

Pero el ladrido del perro volvió a repetirse.

Esta vez sintió una gran compasión por el animal pero sabía que no podía hacer nada por él aquella noche. Sin luz, sin medios para acceder a las profundidades de aquel maloliente agujero. Optó por volver a casa y pedir ayuda.

Pero dudó porque creyó que cada minuto podría ser vital para la vida de su querido amigo “Palo”.

El perro mas fiel y más cariñoso que nunca habían tenido en su casa y que había convivido con él desde su niñez más tierna. Aquello no podía tacharse de cariño sino más bien de un enfermizo sentimiento de amor por una criatura que nunca había dado síntomas de desfallecer en su afán como acompañante.

Y eso Manuel lo sentía dentro de sus entrañas, estaba llamado a seguir en busca de aquel cariño que lo atrapaba sin remedio. Y que sólo aquel animal había sido capaz de entregarle de forma tan altruista.

Así que no lo dudó más y se internó en el pozo.

No volvieron a saber de Manuel.

Desde aquel día, y una vez recuperados los restos de Manuel para darle cristiana sepultura, los niños más atrevidos de San Antón empezaron a rondar por aquel lugar atraídos por el misterio de lo imposible, del peligro y de los juegos que parecía que miles de demonios susurraban junto a sus oídos.

Y así empezó a tornarse como costumbre el ir al Pozo para demostrar la valentía de los más atrevidos que para poner de manifiesto su hombría no hacían otra cosa que atravesar de un salto el lugar maldito en donde los restos de los animales yacían y en donde el alma de Manuel había sido condenada.




Dedicado a EMETERIO NAVARRO



* Este relato es una ficción basada en lugares reales de Orihuela que Emeterio Navarro comenta en su libro HORNO DE AZOGUE, SANTA MATILDE, SAN ANTÓN"
El Cementerio de animales / Pozo de la Rosa, existe y se encuentra en el monte del barrio de San Antón muy cerca de donde habitan las ruinas de dicho horno.

El Romeo y la Julieta de Orihuela


Orihuela no está exenta de historias amorosas al más puro estilo de Romeo y Julieta.

Un episodio lleno intrigas, conspiraciones y amores desatados que no pueden permitirse el lujo de converger en momentos de felicidad plena es la historia que nos ha llegado a nuestros oídos y que gracias a las Crónicas Oriolanas de Bellot hemos podido recuperar para los lectores de este blog.

Cuentan dichas crónicas que rondando el año 1550, hubo en Orihuela un matrimonio feliz compuesto por Doña Isabel Ana Masquefa, (sobrina de D. Ramón de Rocafull, señor de Albatera), y su esposo.

Esta joven, que era hija única, desobedeciendo los deseos de sus padres y de su tío que querían esposarla con Enrique de Rocafull, heredero de D. Ramón, para perpetuar la nobleza de sus linajes, hizo caso omiso de sus obligaciones y entregándose a las puertas del amor se casó en secreto con la persona que más amaba que no era otro que D. Baltasar Masquefa.

Se planeó una reunión secreta en donde tanto su tío D. Ramón como sus padres se pusieron de acuerdo en que la dama fuera secuestrada de su nidito de amor y llevada a lugar seguro en donde no debía ser encontrada por las huestes de su marido y sus familiares.

Aprovechando un día en el que la muchacha se encontraba sola, unos bárbaros, no descuidaron para desposeerla de su libertad y la llevaron a escondidas por caminos desiertos para que nadie descubriera la maniobra mientras la niña gritaba y exigía la ayuda de aquellos que pudieran darle consuelo ante tal injusta afrenta.

Durante años la mantuvieron oculta en Castalla y Sax. Sin que nadie más supiera de su paradero.

El esposo, lleno de frustración y de rabia utilizó todas sus influencias para que la amada regresara con él y que los que se habían atrevido a cometer la tropelía fuesen llevados ante El Justicia y castigados por su atrevimiento.

Pero la sombra del poder de los Rocafull llegaba a donde la vista no puede alcanzar.

Fueron en vano todos sus esfuerzos.

Se consiguió finalmente que el Virrey y la Real Audiencia dictaminase en favor del marido que aquellos que eran culpables del secuestro, padres y familiares consentidores, fueran llevados a prisión.

Sin embargo, la sentencia no surtió efecto.

Se recurrió entonces a la Justicia Divina impartida en la tierra por la Iglesia que se puso a favor del marido.

No tuvo el menor impacto sobre los nobles que de manera contínua intentaban romper el muro de resistencia que la joven había puesto sobre sus hombros.

Entonces estalló la lucha.

Los ecos de los enfrentamientos y las quejas de Baltasar llegaron a oídos del futuro rey Felipe II que gobernaba durante la ausencia de su padre Carlos I.

El regente, dispuso que el señor de Albatera fuese entregado por el marqués de los Vélez, quien lo amparaba en Castilla, a un agente real.

El noble murciano se disculpó ante su protegido, diciéndole que antes eran las órdenes de su rey que los deseos de su amigo y que no tenía más remedio que apresarle.

En una parte desconocida de nuestro castillo fue obligado a agacharse ante cientos de ojos que fueron testigos de su ejecución cuando el hacha cayó sobre el tronco y una cabeza rodó por el suelo.

Las tropas de los castellanos permanecían en la ciudad a la vista de que no surgiera ningún altercado y prohibieron a los habitantes de Orihuela que salieran de sus casas.

Pero la niña no encontró la libertad, siguió en poder sus enemigos.

Pasaron cuatro tristes años en los que Baltasar no encontró ni un minuto de consuelo. Y un día, ocurrió lo peor.

Unos esbirros de los Rocafull tomaron a la fuerza la casa del marido y ante los ojos de los hijos del que había sido decapitado y bajo sus órdenes fue asesinado vilmente.

Los partidarios de Baltasar fueron amenazados de muerte si iban tras ellos y gracias al miedo y a la impunidad de la que gozaba la familia Rocafull se les permitió marchar sin más contratiempos.

Días después, fue asesinado en Valencia el cuñado de Baltasar, hombre que había apoyado su causa desde el principio.

De nada sirvieron las Condenas a Muerte impuestas por la justicia real a tan viles criminales.

Finalmente la joven fue liberada en un baño de lágrimas al conocer del destino de su esposo y con recelo y entre sollozos aceptó la imposición de casarse con otro de los herederos de D. Ramón.

Los criminales jamás fueron castigados y acabaron sus días felizmente acompañados de todos los gozos de la vida y de sus dichas.

Solo la mano de la parca que está reservada a cada hombre al final de sus días, pudo acabar con ellos.

Murieron de muerte natural.


FUENTE:
LOS ANALES DE ORIHUELA


La Dis"Puta"



El burdel de Orihuela se encontraba ubicado extramuros de la ciudad en el arrabal Mayor o de San Agustín y a su vez extramuros del perímetro amurallado del arrabal. 


El burdel de la cercana ciudad de Murcia también se encontraba extramuros, en la calle de la Acequia, cerca de la iglesia de San Miguel. 

Hasta 1456 el lupanar público oriolano no disponía de puertas ni muros de cierre, era por tanto un espacio de ocio abierto, lo que generó numerosos problemas a las autoridades municipales. 

Las principales dificultades se producían cuando acudían al mismo rufianes de Murcia con la intención de secuestrar a las prostitutas que trabajaban en el burdel de Orihuela para trasladarlas al de Murcia. 

Las primeras disposiciones de Murcia para combatir la actividad de los rufianes son de 1379, cuando ya era notorio que estos individuos tenían mancebas en el lupanar de la ciudad y participaban en muchas “reyertas y contiendas”. 

En 1421 se constata un violento conflicto entre rufianes de Murcia y Orihuela, con un duro enfrentamiento armado con piedras y ballestas en el que murió un hombre que se encontraba en el interior de uno de los hostales, en la zona del burdel llamada “partida de los hostales” 

El suceso evidencia que existía un núcleo destacado de hostales junto a la puerta del puente, que conformarían el centro del burdel, ya que sería en estos hostales donde las prostitutas públicas ejercían la prostitución en la ciudad de Orihuela.

En 1456 ocurre un nuevo suceso violento suscitado por el intento de alcahuetes murcianos de secuestrar a las mujeres que frecuentaban el burdel de Orihuela para trasladarlas al de Murcia. 

Ante estos hechos, las autoridades de Orihuela ordenaron construir una barrera con sus puertas para poder cercar el burdel y defenderlos de estos ataques. 

Las puertas se cerrarían por la noche.

FUENTE:
TOPONIMIA Y ANTROPONIMIA DE ORIHUELA de Francisco Gómez Ortín

lunes, 13 de febrero de 2017

Leyendas de Murcia: La Leyenda del Ángel de Salzillo



No son pocas las obras conocidas que parió este Murciano y que realizó con sus propias manos.

Un hombre que parece que ha dejado huella en la Semana Santa de casi toda España.

La perfección en el detalle, la pureza de los rostros, son sus características principales.

De sobra es conocido el Cristo de la Agonía del Convento de San Francisco de Orihuela que está considerada como una de las más memorables obras de este artista dedicada al tema de la Crucifixión de Cristo.


Podemos sentirnos privilegiados.

Durante la Guerra Civil fueron muchas las obras del escultor murciano que fueron destruidas o que a día de hoy permanecen en paradero desconocido.

Un ejemplo de ello es La Magdalena que se puede apreciar en la foto pero que ya no existe por la barbarie de la guerra.


Muchas leyendas giran alrededor de la figura de este personaje que como corresponde a este blog vamos a desvelar para el gusto de nuestros lectores.

Ya que los cronistas e historiadores de Orihuela no parecen muy amigos de las leyendas fabulosas tendremos que recurrir a las que circulan por nuestra ciudad vecina, Murcia, en donde llevan siglos contándolas de padres a hijos.

Una de las más conocidas, con más de dos siglos de antigüedad, es la que se refiere a una talla que con mucho cariño guardan en la ciudad de Murcia y que algunos autores se han atrevido a comparar con las inmaculadas obras de Miguel Ángel o del mismísimo David de Florencia. Y que la tratan como si fuera un icono de importancia mundial.

La Oración en el Huerto.


Salzillo quería crear un ángel perfecto pero no era capaz de encontrar la inspiración.
Tenía ya representado a Cristo en actitud de oración en el Huerto de los Olivos y quería que la figura del ángel cobrara todavía mayor importancia.

Pero ¿Cómo retratar a un ángel? Si, nadie ha sido capaz de haberlo hecho nunca.

Así pasaron los días, los meses, y la obra quedaba sin finalizar.

Este hombre se atormentaba al mirar hacia el lugar vacío en donde debía de estar la figura del ángel.

Fueron muchos los bocetos que desestimó porque consideraba que no reflejaban el rostro perfecto de la criatura más importante de la creación.

Un día, alguien llamó a la puerta de su casa. (como habitualmente sucedía como se refleja en las crónicas que hablan de su vida).

Al abrirla, Salzillo se encontró frente al rostro desatendido de un harapiento desfallecido de hambre que solicitaba su piedad.

Salzillo, se sintió conmovido y lo hizo pasar dándole una hogaza de pan y dejando que se acomodara en su taller para resguardarse del frío del exterior. Y a continuación se subió a su aposento para descansar.

A la mañana siguiente, Salzillo ya vestido bajó al taller para ver como estaba el desprotegido que había recogido.

Pero se encontró con que se había marchado.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando descubrió que la puerta estaba abierta.

Se dirigió para cerrarla y cuando volvía contrariado por no saber del paradero del mendigo, sus ojos se posaron sobre algo de color claro que permanecía sobre la mesa de su taller de trabajo.

Se acercó hasta allí y al contemplarlo más detenidamente descubrió un boceto que el mismo desconocía su procedencia y que instantáneamente lo atribuyó al mendigo al que de una manera desinteresada y piadosa había acogido y alimentado por una noche.

Y así es como la caridad de Salzillo atrajo los pasos de un ángel del cielo que había bajado para probar su fidelidad a los buenos preceptos y que como premio le había obsequiado con la imagen verdadera del rostro y cuerpo de un ser perfecto que no es hombre ni tampoco mujer.

Desde ese día, no son pocos los que se quedan maravillados ante la visión de esta talla que puede contemplarse en Murcia durante las procesiones de Semana Santa o en el propio museo dedicado a la obra del escultor.


sábado, 11 de febrero de 2017

Concurso de Relatos de Terror: 8. "Villa Vera" de Efrén Pamies



-"Disfrutad”, chicos!! Que algún día echareis de menos estos momentos".... decía mi padre en aquellos años, donde tuvimos la fortuna de poder veranear mientras mi madre y él, montaban un modesto negocio de calzados en época estival. 

Tuvimos la suerte de estar a pie de playa, en una antigua casa que podías perderte en ella. Era enorme, con su gran salón, su salita de estar, un lujoso aseo interior y cuatro habitaciones de altos techos con armarios de época, además de una cocina donde podíamos juntarnos toda la familia y amigos, una despensa con sus lejas de almacenamiento de alimentos y un patio que a veces improvisaba mi propia cancha de baloncesto, soñando con ser un verdadero "all star". Además había un segundo aseo exterior, con un "plato" de ducha que usábamos para quitarnos la sal y la arena después de disfrutar del mar y la playa. 

La casa también contaba con una galería para lavar la ropa, otra habitación para almacenar enredos con un altillo que guardaba periódicos viejos y un pozo junto a la ventana de una habitación. Como bien he dicho, se trataba de una enorme morada de las de principio del siglo XX hecha a conciencia y muy señorial en su día. El tiempo ha pasado y este pueblo costero, hoy se ha convertido en una gran ciudad. 

En 1983 la casa estaba disponible para alquilar y doña María, la dueña, una señora muy mayor y dependiente de su hija, llegó a un acuerdo con papá y firmaron el contrato. Mis padres se embarcaron en lo que sería un negocio que no les haría ricos, pero sí felices, porque fueron los mejores veranos de nuestras vidas. El negocio se montaba a principios de Junio y se cerraba a finales de Septiembre y mientras tanto mi hermano y yo solo teníamos en mente disfrutar del verano como niños que éramos. El lugar era muy turístico y cualquier día de la semana tenía vida propia, con cientos de personas paseando por las calles y principalmente la nuestra, sintiéndonos privilegiados y que ahora estoy seguro y convencido de que así fue… Uffff qué recuerdos.....


Diecisiete años se dice pronto, pero fueron diecisiete veranos de risas, alegrías, llantos, "cafetitos", juegos de mesa, cartas, tertulias y confesiones y como no, "guitarrita" con alguna ranchera que bien improvisaba mi padre en las calurosas noches de Julio y Agosto. La casa de verano, además de la nuestra, era la casa de los amigos de mis padres, porque así se sentían ellos y así lo fue. Y con el paso de los años fueron transcurriendo mil anécdotas y mil historias.

Mi habitación asignada, era la más alejada del resto, que daba al patio y desde mi ventana podías levantar la tapa metálica del pozo y mirar el fondo, con sus aguas transparentes que en horas determinadas de sol, se podían ver objetos sin determinar en lo más profundo y cubiertos de lodo, que seguramente alguien lanzaría desde la boca del pozo y que ni a saber cuándo.

La casa estuvo cerrada muchos años antes de que fuera alquilada por mis padres. Qué curioso, nadie quería mi habitación porque quedaba demasiado apartada y encima, junto al patio. Era como aislarte del resto de la casa y a mí me pareció estupenda. Cuantas noches de insomnio escribiendo poemas y mis primeras canciones de desamor. Y la lámpara del techo?? Súper "cutre", un cable eléctrico de tela que no tenía fin, con una vieja bombilla que encendía con un interruptor antiquísimo. Realmente toda la casa, sus muebles y sus instalaciones eran arcaicas, pero todo estaba bien cuidado y nosotros no íbamos a ser menos cuidadosos. De todas formas mi madre siempre estuvo encima para que no tocásemos nada de la casa ya que esta guardaba desde vajillas completas hasta objetos personales de los antiguos moradores.....Menudo tesoro para los más curiosos, pero hasta el momento no tuvimos, ni mi hermano y yo, la necesidad de escarbar y mirar aquellos cajones y armarios.

Hasta retratos de gente desconocida adornaban las paredes, posiblemente antepasados que habitaron la casa. A mí me impresionaba una en especial y por supuesto en blanco y negro, la de un niño pequeño junto a un señor mayor que le cogía del brazo. Sus rostros lo decían todo, jamás vi caras tan serias. Daba escalofríos mirar esa foto y yo me preguntaba: Quién serán estos??.....vivirá ese niño??.....será un señor mayor en la actualidad??.........


Los años fueron pasando y como siempre, cada verano volvíamos a la misma casa, ya era como nuestra y que ilusión volver a disfrutar del mar, el paseo marítimo, las noches de fiestas con los amigos y alguna locura adolescente como la de bañarnos en pelotas en la madrugada, mientras nos observaba algún escandalizado turista. Pero no pasaba nada.....Unas risas y a casa. Aquella noche llegue sobre las 4:00 de la madrugada y sin hacer mucho ruido salí al patio en dirección a la ducha y tras esta me fui a la cama. Me puse a leer mientras me vencía el sueño en el silencio de la noche y de pronto: "CHOF""CHOF" sentí un chapoteo como de agua y que venía del suelo, giré la mirada hacía la ventana que también parecía venir de allí, pero como muy profundo. Me quedé confuso y pasados unos minutos afinando mis sentidos auditivos, no escuché nada más......que raro!! Me dije... Minutos después, me dormí.


A la mañana siguiente me levanté tarde, pues era lo normal después de trasnochar y más aún en un pueblo donde siempre es fiesta en verano. Pero no siempre era así, a veces mi padre nos hacía trabajar ayudando en la tienda, haciendo el recuento del calzado y quitando el polvo de las estanterías. Era lo más lógico, aunque entonces me fastidiaba bastante perderme algún bañito en la playa y no poder acompañar a los amigos. Pero bueno, "esta noche saldré con ellos y me divertiré un rato", pensaba, mientras pasaba el trapo al zapato de "tafilete", el "rey" de la casa.


Mi madre, como todas las mañanas, se levantaba bien temprano para dejar el portal de la casa bien reluciente y a las 8:00 en punto ya podías sentir el olor a café recién hecho y a pesar de no gustarme su sabor, su olor siempre me pareció maravilloso........umm que bien huele mamá, me pones un café?? - vamos calla!!...tú café?? El café es malo!, me decía siempre.

Todas las mañana venían a tomar café algunas amigas que también regentaban negocios vecinos y como decía antes, nuestra casa estuvo abierta a todo el mundo. Hasta recuerdo una señora de pelo rubio y que debió ser muy guapa de joven, venir a tomar café junto con una amiga de la familia y escuchar afirmarse a sí misma de que era pitonisa o medio bruja, amante del tarot y la quiromancia y a mí me incomodaba como me miraba continuamente y sin disimulo. Por qué me miraría así??......Estoy seguro que no era atracción física lo que le llamaba mi atención, a no ser que le gustarán bien jovencitos o igual intentaba "hacerme un mal de ojo", en fin, no me fiaba un pelo de esas miradas tan penetrantes.  

Terminé mi desayuno, cogí mi cubo y mi caña de pescar, a la que apodaba "la matona" y despidiéndome del personal, me marché un rato de pesca. Rara vez no sacaba menos de diez piezas, casi todos "sargos", "vidriadas” “lisas", alguna "doncellas" y por supuesto, la famosa cagona "salpa", que una vez la sacabas del agua, te ponía perdida la mano.....puagg!!

De vuelta a casa, mataba el tiempo hasta la hora de comer o bien tocando la guitarra o en el patio improvisando con una vieja rueda de bicicleta y sin radios, lo que sería una canasta de básket, lanzando de todos los ángulos imaginados y con un buen porcentaje de acierto. Era el "Petrovic" en versión modesta.

Finalizado el juego, dejaba la pelota junto a la tapa metálica que cerraba el pozo, pero antes y casi siempre, lo abría para mirar en su interior y disfrutar del eco mientras gritaba dentro o hacía voces extrañas.

El pozo debió de estar toda la vida en la casa, porque parecía muy antiguo también, con sus paredes de piedras oscuras y una cavidad interna que no podías adivinar el alcance. Lo que si me percaté rápidamente es que el hueco del pozo entraba hacía mí habitación. Por tanto, debajo del suelo de mi cuarto, estaba parte del fondo del pozo. Cerré la tapa, dejé la pelota y volví a la cocina,… era la hora de comer.

Los días transcurrían como de costumbre y aquella noche mis padres habían salido a cenar con unos conocidos, yo ya estaba en casa y más pronto de lo habitual, me fui a dormir, quería madrugar y hacer un poco de deporte y no busqué esta vez el libro que leía para no desvelarme. Apagué la luz y cerré los ojos y minutos después sentí un PLOFF!!! Que me sobresaltó, Madre mía!! Qué susto me dio ese ruido en el silencio de la noche, un sonido metálico que retumbo todo el suelo. El ruido venía de la ventana, encendí la luz y miré hacia esta asomándome al patio y que curioso, la tapa del pozo estaba abierta y nunca lo estaba.

Sinceramente me "acojoné" y salí rápidamente a mirar. No vi nada raro, a pesar de no atreverme a entrar ni al lavadero ni al cuarto de enredos. Me centré en el pozo y deje caer la tapa dejando que golpeara con su propia inercia, y que casualidad, el sonido que me sobresaltó hacia unos minutos, era exactamente el mismo......uffff....el vello se me puso de punta. Tampoco me atreví a mirar nuevamente el pozo. Esperaría a la mañana siguiente y rápido me fui sin dudarlo al salón. Me dormí en el sofá más incómodo que existe en el mundo. Qué dolor de espalda, Dios santo!!


ME DESPERTÉ ANSIOSO..........................

Los años pasan y el negocio empieza a flojear por el abaratamiento del calzado oriental que comienza a abrir mercado en España, importándole poco al consumidor, sus productos de bajas calidades y mirando solo el bolsillo, pero aun así, vamos sobreviviendo y al final de temporada cubrimos gastos y veraneamos. A fin de cuentas, ganábamos en calidad de vida y mis padres felices de ello.

Típico el olor de aquella casa cuando regresamos cada temporada. Era abrir la puerta en Junio y notar esa invasión de sensaciones y recuerdos en todos los sentidos. Todas ellas placenteras. Por supuesto que las habitaciones de cada uno seguían siendo las de siempre y yo volvía a la habitación con la ventana junto al pozo y que daba al patio.

La tarde que me dio por curiosear el cuarto de enredos, se me hizo cortísima, los antiguos propietarios guardaban cronológicamente periódicos de la época y hasta del año 1909. Qué pasada!! Pensé....Muchos ya carcomidos y amarillentos por el paso del tiempo, pero que contaban sucesos locales y nacionales de la época. No tardé mucho en devorarlos visualmente, aunque había demasiados y me lo tomé con calma.

Esta mañana volvió a visitar mi casa la señora rubia que muy simpáticamente, le apode la "bruja", claro, a ella no se lo iba a decir, no fuera que me hiciera magia negra.....Pero no tardó en dirigirme la palabra y me preguntó si había notado en algún momento algo extraño. No sé a qué se refería hasta que muy atrevidamente le dije: "Pues sí, la noto a usted bastante rara por su manera de mirarme". Y ella me respondió: "me dejas ver tu mano"??, usando siempre un tono suave y muy pausado. "Por supuesto!!", le dije: "La derecha o la izquierda"??..."La izquierda, por favor", me respondió.....Que acento más refinado tenía esta señora. Me cogió la palma de la mano y sentí como se le erizaba la piel de su brazo al mismo tiempo que me decía: "Estás ardiendo!!....cuanta energía desprendes" ... Yo bastante escéptico a lo que decía pero bueno, pensé que era su momento. De repente se puso pálida como la pared de la casa y apartó su mirada de mis manos y me soltó bruscamente. E hizo una especie de sollozo. Mi madre comenzó a incomodarse, lo podía sentir y yo me sonreía. Ella me miró muy seriamente y me dijo: " No es de risa!!" tendrás que aprender a vivir con ello y aceptarlo"....Menuda loca, pensé. Pero que habrá visto en mis manazas??.

"Tú tienes luz y vendrán a ti, lo sabía" "tú puedes sanar con solo tocar a alguien".....Menuda locura y menudo rollo tiene la "bruja" esta.  


Lo peor de todo es que mi madre si creía en estas cosas y yo muerto de risa interiormente. También me vaticinó algo no muy bueno que digamos: "vas a sufrir una pérdida importante, pero no puedo decirte más"....Eso ya no me hizo tanta gracia.

Hoy me levanté con dolor de cabeza, creo que el día anterior me pasé tomando el sol, pero he quedado con los amigos y me voy al puerto. Son las 10 de la mañana y el calor pega fuerte. Será otro día insoportable, pero no importa. Salgo al patio en busca del baño para mi aseo personal y una vez acicalado mi pelo rizado, abro la puerta y salgo. Por un momento echo en falta mi pelota de basket que siempre estaba a la vista y junto a la tapa metálica del pozo. Bueno, estará por un rincón, pensé. Finalmente salí de casa después de que pasaran a buscarme los amigos. De vuelta tenía para comer unas papas fritas con huevo y salchichas y de postre una buena y fresca tajada de sandía. Me puse las "botas" y me fui a reposar a mi cuarto.

A veces solía hacer la siesta y aquella tarde no iba a escaparme de ella. Tumbado en la cama y casi relajado del todo, volvieron a sorprenderme unos ruidos. Esta vez el chapoteo de agua era más repetitivo y más fuerte. Sin duda, parecía venir de todas partes y sobretodo del suelo......choff, choff, choff, choff, choff... seguidamente los chapoteos dejaron de oírse, pero que raro. Debajo de la cimentación de mi habitación se supone que está parte del pozo....y mi cabeza sin parar de darle vueltas a esos ruidos.

Como no era de noche y uno se siente más atrevido a plena luz, salí de la habitación hacia el patio y nuevamente me dispuse a mirar el dichoso pozo. Abrí la tapa y miré el fondo. Misteriosamente el agua estaba entumecida, como si la hubieran removido y todavía se apreciaban ondulaciones. Esto sí que era raro, creo que un animal anda merodeando o se ha quedado atrapado en el interior. Me quedé rato observando e intentando escuchar algún sonido al tiempo que gritaba: HOLAAAA!!! Pero nada, no se oía más que el retumbar de mi eco.... Se me pasó por la cabeza bajar al interior, parecía no tener mucha profundidad de agua, pero así tan turbia, daba "yuyu". De todas formas no era tan fácil bajar sin cuerdas ni material para ello, pero claro, yo soy bastante cabezón y empezaba a sentir algo más que curiosidad. Intriga??, tal vez.


sta noche me toca hacer nuevamente el recuento, mañana mi padre necesita reponer calzado del almacén. Irá a Elche temprano y me llevará un buen rato. Nosotros almacenamos las reservas de calzado en una gran sala, que acondicionamos cada verano para ello y no veas el trabajo. Contamos uno a uno y anotamos en una libreta. Mientras él apunta yo le voy contando los pares de cada modelo y así hasta terminar el recuento. Nos puede llevar horas, pero lo hacemos sin prisas. Un viejo mueble es lo único que acompaña a nuestras estanterías y mientras hicimos un vale, sentí la curiosidad de comprobar que había en el interior.

Esperé a que mi padre saliera a fumarse un cigarrillo y con disimulo giré la única llave que abría una de las puertas....las otras dos estaban cerradas y no había llave para abrir. Cada cerradura era distinta..... Ostras!!....eran cartas antiguas junto a cacharros plateados y una pequeña cajita de metal. Por lo que vi era antigua y se podía abrir fácilmente, pensé y así lo hice. Un reloj de pulsera de caballero bastante corroído y con salitre guardaba la cajita. En las zonas costeras es muy normal que los metales se dañen por la humedad salada. El reloj marcaba las 2:45 y las manecillas seguramente se pararon hace años, quedando el tiempo en el olvido. Volví a dejarlo en su caja y cerré nuevamente la puerta con llave.  


Esta vez era mi madre quién andaba cerca y no quería que me sorprendiera trasteando nada de la casa. En eso era muy estricta. Me reprochó que dejara la tapa del pozo abierta, yoooo”??? Le dije, "yo no he sido, habrá sido mi hermano, pregúntale a él". Pero él negó también los hechos. Salimos al patio y encendimos la luz para verificar que el pozo estaba abierto. Mi pelota de basket tampoco estaba encima. Y hacia un rato que la había dejado allí. Nadie sabía nada. Cogí una linterna y alumbre el interior del pozo, MIERDA!!! Mi pelota estaba dentro, flotando en el agua. Menuda rabieta pillé. "Quién ha sido"??? NADIE!!

Me acosté cabreado, pero mañana intentaré sacarla de allí con un cubo y una cuerda. Me dormí buscando la fórmula de cómo hacerlo, pero el calor me hizo despertarme en la madrugada además de las ganas de ir al servicio y siempre iba al baño del patio por la cercanía con mi habitación. Justo en el momento en el que abrí la puerta, me quedé petrificado......la pelota estaba junto a mis pies chorreando de agua y del sobresalto, casi me orino encima.

Aquí estaba pasando algo muy raro y era cuestión de saber que ocurría. Ese pozo comenzaba a incomodarme bastante. El miedo empezó a hacerme mella y casi me daba pánico apagar la luz. Me quedé un rato observando desde la cama y me pareció oír voces pasados unos minutos. Creí que era la gente de la calle hasta que sentí la voz de un niño llamar a alguien...."Lolita....lolita" al tiempo que pedía ayuda...."Ayúdame"!! Lo escuché claramente y salí rápidamente de esa habitación en busca del cuarto de mi hermano que ya dormía. Me acosté en el suelo sobre una manta, pero no me importaba. Estaba muerto de miedo.

Al despertar no me lo pensé dos veces y pedí ayuda a mi hermano. Le dije que tenía que bajar al pozo como fuera. "Tú estás loco", me dijo. "Si se entera el papá te mata". Me daba igual. Bajaría durante la siesta, que era el único momento en el que no me pillaría. Mi padre era un amante de las siestas y mi madre aprovechaba un rato para ir a tomar el sol antes de abrir la tienda por la tarde. Busqué en el trastero y encontré una cuerda que me podría servir. Yo estaba bastante ágil y creí que podría bajar sin problema. Hice varios nudos en esta para facilitar mis puntos de apoyo y mi hermano se encargaría de aguantarla y controlar que no se soltara de donde la sujetaba. La introduje en el pozo y comencé a bajar apoyando mis pies en cada nudo. Bajo se veía todo muy oscuro y llegue al nivel del agua y salté!!

El agua estaba fría, muy fría y me llegaba al cuello. Conforme pisaba, notaba objetos duros, como piedras, pero seguí observando lo inmenso que era aquello. Pude comprobar que sí se adentraba hacía mi cuarto y seguí caminando con el agua, esta vez a la altura del mentón.

Necesitaba luz, porque no veía nada si me alejaba mucho y retrocedí para pedirle a mi hermano que buscara la linterna de papá. Tardó dos minutos en traerla y la hizo llegar con el cubo de sacar agua.  


Por fin podía ver con claridad. Recorrí todo el espacio y llegué hasta el final. Creo que el diámetro del pozo ocupaba mi habitación completa. Y seguía pisando objetos que se desplazaban y me hacían perder el equilibrio. Algunos pesados y otros no tanto. De pronto enredé mi pie derecho con algo y al levantar este, pude cogerlo con la mano. Era una especie de cuerda llena de lodo. La saqué completamente del agua y parecía ser una soga con un nudo de ahorcado...La hice subir y me acordé de mis gafas de bucear. Le dije a mi hermano que las buscara, que las necesitaba.  


Era hora de bucear y ver que más había en el fondo. Debía de andar despacio para no remover el lodo y no enturbiar el agua. Me sumergí sin dudarlo y comencé la exploración. Casi todo eran piedras, las mismas que se habían desprendido de las paredes con el paso de los años y lo primero que encontré fueron dos llaves antiguas y ya oxidadas.


Wauuu!!...lo siguiente que encontré parecía un juguete. Le quité por encima el lodo y efectivamente, era un juguete de época. Un camioncito de la cruz roja que aún conservaba los colores originales. Impresionante!!.  


Seguí sacando piedras y más piedras hasta que me cansé. Lo último que encontré fue un zapato de niño casi deshecho.


Se hacía tarde y debía salir de allí. Con un poco de esfuerzo, trepé por la cuerda y una vez fuera, tapamos nuevamente la boca del pozo. De momento ya sabía el alcance de este y no imaginé que fuera tan grande. Debía seguir investigando y ahora si tenía interés por investigar la casa y todos sus armarios y rincones. La tarde pasó rápida y esta noche no saldré con los amigos, esperaré a que se acuesten todos y me pondré a curiosear el armario del almacén. Las llaves que encontré en el pozo son idénticas a la que hay puesta en una de las cerraduras. Estaba deseando probarlas y ver que escondía en su interior.

Son las 2 de la mañana y mi padre ya terminó de anotar las ventas del día, está fumando su último cigarrillo antes de acostarse y yo estoy esperando en mi cuarto. Parece que ya se acuesta, estoy listo para probar suerte. Muy despacio y sin hacer ruido salí hacía el almacén. Solo me alumbraba con una vela de cera, en casa siempre había por si la luz se iba, llegue junto al antiguo armario y saqué de mi bolsillo las llaves que encontré en el pozo, metí una de ellas en una cerradura y no giró, probé suerte con la siguiente y bingo!!. La llave giró y la puerta se abrió....Estaba repleta de ropa antigua de niño, además de varios pares de zapatos. Probé con la otra llave la última puerta y también abrió. Más ropa, esta vez de hombre y de la misma época. Había un cajón repleto de objetos, una navaja para afeitar, unas gafas, una pipa y varias fotos. Las miré por encima y casi se me hiela el alma.....Había una foto de un niño muerto junto a un recorte de periódico que hablaba de un niño ahogado en un pozo.

*SUCESOS LOCALES: El pasado 12 de Abril de 1.909, Manuel Vera, un niño de 7 años muere ahogado en el pozo de su casa. Todo apunta a que el niño fue empujado por su hermana, mientras jugaban en el patio. El joven, no pudo ser rescatado a tiempo y murió. Roguemos por su alma. D.E.P....

Manuel Vera???.....Esta casa se llama VILLA VERA......que coincidencia, pensé. No puede ser. Ese niño vivió en esta casa??*


Hubo otra foto macabra que también me estremeció....parecía el velatorio de un hombre muerto y la habitación me era conocida.....El pánico se apoderó de mí y dejé todo en su sitio, cerré las puertas y salí del almacén. 


Tenía las dos llaves en el bolsillo nuevamente y no me lo pensé dos veces. Salí al patio, abrí la tapa del pozo y las tiré. Sentí la voz de un niño llamar a alguien nuevamente....."Lolita.....lolita". Me estaba volviendo loco? o que pasaba en aquella casa??......Quién era Lolita??

De pronto y en el reflejo tenue de la luz del patio, surgió del mismo espejo del baño, cuya puerta estaba abierta, el rostro de un niño con la mirada más penetrante que jamás había visto. Nuevamente quedé sin aliento.....Era él. Estaba seguro, era Manuel Vera, el niño que murió ahogado en el pozo y cuya imagen aparecía por todos los rincones de la casa.......


Qué maldición pesa sobre él o sobre mi persona?? Por qué me persigue??. "Moría" de terror y me acordaba de la "bruja" y de sus palabras, de aquella frase que me dijo, sobre que vendrían a mí..... La imagen del espejo se esfumó y todo quedó en silencio......Respire profundo y me llené de valor volviendo a mirar el fondo del pozo y finalmente me convencí a mí mismo, que un niño murió ahogado ahí dentro, podía sentir su agonía.


Tenía la sensación de que intentaba utilizarme para poder descansar en paz. Qué pasó realmente en Villa Vera?? De toda esta historia nunca dije nada a nadie excepto a mi hermano, que por desgracia, él se llevó consigo el secreto......MI SECRETO!

Tenía que hablar con la señora María como fuera, seguro que ella sabría qué pasó en esa casa y quién era o fue lolita....Necesito verla antes de que se vaya de este mundo.

Septiembre del 99, esa sería nuestra despedida con VILLA VERA. Aproveché el día que mi padre fue a entregarle las llaves y cerrar los últimos pagos. Debía de tener noventa y muchos años y ya postrada en su cama, su hija se encargaría de arreglar cuentas con papá como en los últimos años. Pedí permiso a su hija para acompañar un rato a su madre, mi familia era de confianza como siempre demostramos durante estos diecisiete años y no habría problema. La habitación de la señora María era pequeñita, nada que ver con las enormes habitaciones de VILLA VERA, pero se veía muy acogedora. Olía muy extraño, como a ungüentos hechos con plantas aromáticas y me encantó esa sensación de estar como en otra época. La saludé y se sobresaltó… Quién eres??, Me dijo, mientras giraba la cabeza buscándome con la mirada. Le respondí y sin acabar de terminar de hablar, me dijo: “Sé lo que quieres, hijo y no me iré de este mundo sin contártelo”. “Mi Manolito tiene que descansar de una vez por todas y perdonar a mi padre”. Me quedé desorientado en un primer momento, y le pregunté por la casa, por su familia y por la misteriosa Lolita. Necesitaba saber que pasaba en su casa y porque ocurrían cosas paranormales. Ella comenzó a contarme su historia: "Mi padre siempre fue un hombre muy severo y nosotros le teníamos miedo e incluso pánico. Nos castigaba por cualquier cosa y a veces nos pegaba duro. Mi madre era una mujer de su casa que no tenía ni voz ni voto, vivía amargada y solo recibíamos el cariño de ella en contadas ocasiones. Mi hermana era muy pequeña cuando pasó todo y yo apenas tenía cumplidos los seis años. Pepito era un niño retraído con muchas fobias. Sufría enuresis nocturna y sobre todo tenía pánico al agua. El más terrorífico castigo de mi padre era asustarlo con meterlo en el mar o sumergirle la cabeza bajo el agua. Recuerdo ver a mi hermano orinarse encima mientras mi padre le amenazaba con hacerlo.

Aquella tarde jugábamos en el patio y mi padre llegó a casa antes de lo normal, había discutido en el trabajo y sus ojos estaban llenos de odio. Gritó a mi madre desconociendo el motivo y Manuel, me había subido sobre el pozo jugando y en casa, acercarse al pozo estaba prohibido. Mi padre salió de pronto al patio y nos sorprendió. A mí me bajó de los pelos y a Pepito lo cogió con tal fuerza que lo volteó de los pies, abrió la tapa del pozo e hizo amago de arrojarlo dentro. Todavía escucho sus gritos y sus suplicaciones. Mi padre lo sujetaba de los pies y en un balanceo se le escapó una pierna perdiendo el equilibrio y cayó de cabeza al pozo. Mi padre se quedó con una de las botas de Manuel en las manos. Mientras mi hermano se ahogaba mi padre buscó la forma de saltar al pozo, pero demasiado tarde. Cuando consiguió bajar, mi hermano ya no respiraba. Mi madre salió a la calle gritando y pidiendo auxilio y un vecino entró rápidamente a ayudarnos. Desgraciadamente Manuel ya se había ahogado. Tenía siete añitos.

Tuvimos que cambiar la versión de los hechos y oficialmente fui yo quién jugando, lo empuje y cayó al pozo. Tuve que vivir toda mi vida con esa maldita carga por mi familia. El caso se publicó hasta en los periódicos de la época y mi madre guardó en casa todos los malos y buenos recuerdos.

VILLA VERA y nuestra familia cayó en desgracia. Dos meses después mi madre encontró a mi padre ahorcado. Su reloj marcaba siempre las 2:45, hora en el que Manuel moriría ahogado en el pozo. Sé que no fue la intención de mi padre hacer lo que hizo pero.....(La señora María hizo un silencio mientras las lágrimas empapaban su arrugado rostro) Que Dios lo tenga en su Gloria!!".....”Quieres saber quién es Lolita??.....YO SOY LOLITA!!!, sí, la señora, María Dolores.... Ahora me puedo morir tranquila”.


Esa fue la última despedida de la señora María Dolores con nosotros y jamás volvimos a abrir las puertas de VILLA VERA, siempre quedará en el recuerdo de nuestros corazones......”Hasta siempre Lolita y hasta siempre VILLA VERA”!!!


Efrén Pamies



-* El autor no se hace responsable de cualquier coincidencia con nombres de personas, imágenes y datos que se describen en este relato......Esta es mi historia y este fue mi secreto durante años...............📝