sábado, 28 de enero de 2017

Concurso de Relatos: 6. "El Palacio" de Efrén Pamies



Transcurría el verano de 1.993 y como cada fin de semana, volvía a casa en moto por la antigua carretera, hoy CV-95, y al llegar a la famosa curva de los Palacios, la moto de repente se detuvo, teniendo que comprobar el motivo. Recuerdo que eran las 03:45 de la madrugada y volvía de pasar un rato con los amigos, un sábado caluroso y a pesar del tiempo transcurrido, parece que fue ayer.

Mientras comprobaba el motivo de la avería, sentí de repente y a mis espaldas, el gemido o el llanto de una mujer, a la vez que me recorría un escalofrió, sin ver ni saber su procedencia exacta. Miré a mí alrededor y descubrí que me encontraba a escasos metros de lo que fue un Palacio señorial ya en ruinas, del que recuerdo haber jugado en su interior siendo un crío. Me dio la impresión de que el llanto que creí oír venía de las mismas ruinas. Afiné el oído sorprendido, pero ya no escuché nada. Estaba todo muy oscuro, seguí comprobando la moto con una linterna de petaca que guardaba. Jamás me había dejado tirado, pero estaba tranquilo porque el pueblo se encontraba a escasos metros y por fin tras varios intentos de arrancarla, conseguí ponerla en marcha. Me marché a casa sin más y con la intriga de saber qué fue ese lamento tan extraño....podría haber sido el "aullido" de un ave nocturna??... Ni idea... Ahora tengo mis dudas. La historia que nos ocupa y mis mayores escalofríos comienzan años posteriores, cuando un anciano me relató un hecho que ocurrió hace ya muchos años...


Este relato narra la historia de lo que hace tiempo los mayores de mi pueblo saben y casi ninguno quiere recordar o hablar, donde solo los más atrevidos la han mantenido hasta la actualidad y hoy quisiera dejar constancia de esa historia o leyenda urbana que desde que la escuché, siempre me impresionó.

Corrían los duros años de la España de finales del siglo XIX y en mi localidad, a la cual mantendré en el anonimato, y como en todos los lugares de la España de la época, solo los ricos y señoriales podían permitirse el lujo de la buena vida y a mi parecer, el mal hacer, por el abuso hacia los menos favorecidos y me explico....

De todos es sabido que el hombre desde que es hombre, se ha lucrado y beneficiado del más débil, porque el egoísmo y la hipocresía innata, desgraciadamente, siempre estarán ligadas al ser humano y no es una crítica, es un hecho.

Pues volviendo a la historia que nos ocupa, como he dicho, en mi pueblo existió también, esa diferencia de clases sociales, donde solo los poderosos podían aprovecharse de los más débiles y empobrecidos y así ocurría en una hacienda, que todavía se conserva en pie pero ya carcomida y totalmente en ruinas......


En su época la finca era increíblemente espectacular, donde el Palacio señorial deslumbraba a kilómetros de distancia. La finca y dicho palacio, como siempre se le conoció, era de un terrateniente muy poderoso en la Vega baja, conocido como Don Jerónimo el cual tenía el privilegio de contar con todas las comodidades que le ofrecía su estatus social a la hora de necesitar cualquier servicio público o privado....es decir, estos señores disponían de seguridad privada, atenciones sanitarias, favores administrativos y políticos sin necesidad de "rascarse" el bolsillo......qué curioso ese refrán: "tanto tienes tanto vales" Pues sí, esas ventajas los hacía ser doblemente poderosos y autoritarios. 


La hacienda, rodeada de cultivos y demás plantaciones, necesitaba de la mano de obra durante todo el año, y no solo los vecinos del pueblo se arrodillaban textualmente ante el capataz para conseguir dichas labores y poder llevar el pan a sus familias, incluso de pueblos vecinos venían a pie diariamente en busca de trabajo. Ni que hablar de la explotación a la que tenían que lidiar de sol a sol y casi todos los días de la semana, excepto el domingo para ir a misa, que era la única fe a la que poder aferrarse en aquellos tiempos. 

Los servicios internos del Palacio estaban bien distribuidos y repartidos por varias sirvientas jóvenes que se encargaban de las labores domésticas y muy bien escogidas por Don Jerónimo.

Don Jerónimo rondaba los 45 años, estaba casado y tenía cuatro hijos, todos varones, los cuales estaban estudiando en la ciudad de Murcia y solo algunos fines de semana o en vacaciones estivales, volvían a casa. Pero mientras tanto, Don Jerónimo mantenía sus preocupaciones en la hacienda, con fama de ser duro, y extremadamente agresivo, se sabe que llegó a agredir a más de un campesino por solo una mala mirada, Carácter posiblemente heredado de su padre, del cual contaban algunos mayores de la época y muy discretamente, que llegó a matar a un sirviente a palos y lo hizo enterrar bajo las grandes piedras de los muros exteriores que levantaban el Palacio señorial y que en la actualidad todavía se conservan (auténticos restos arqueológicos). 


Pero el verdadero calvario acechaba de puertas a dentro del Palacio, pues el “señor” todopoderoso Don Jerónimo

hacía tiempo que andaba abusando sexualmente de las sirvientas, importándole un “carajo” que estuvieran casadas, comprometidas e incluso embarazadas....sí, EMBARAZADAS y así se encontraba María, embarazada y en su cuarto mes de gestación, pero que no escaparía a las continuas vejaciones y amenazas de su patrón. Quién iba a denunciar estos hechos??....Esa era la pregunta...Quién iba a atreverse a ser juzgado y condenado, aun con la verdad, acusando a un terrateniente bien protegido y que tenía el poder y a todas las autoridades en el bolsillo??... NADIE!!!...


Lo menos que le podía pasar a un pobre campesino era quedarse sin el pan de sus hijos y molido a palos…Así se las gastaba el Patrón.

Y María era una joven de 18 años que estaba sufriendo los abusos sexuales y violaciones continuas de este hombre sin escrúpulos. La joven debía aguantar en silencio al tiempo que moría interiormente de pena, hasta el punto de que nadie la vio sonreír nunca y claro, su marido, que era analfabeto, pero no tonto y que también trabajaba para Don Jerónimo, tenía que aguantar sin más remedio, por la necesidad económica a la que eran sometidos ya que eran padres de una niña de tres años, la cual vivía con los abuelos, también mantenidos por ellos. Del “sudor” de María y su marido, salía el sustento de esta familia, extremadamente humilde y que apenas tenía para vivir. Lo más grave no era quedarse sin trabajo, lo peor era que nadie te lo diera por recomendación de un terrateniente despechado y rencoroso. Los abusos eran tan continuos que posiblemente, el Patrón empezaba a obsesionarse con la joven y siempre bajo las amenazas, María sin más remedio, accedía a los deseos sexuales de su amo.


La tragedia no hacía más que empezar y aquella tarde el “puñal” que atravesó el alma de María, la marcaría para siempre hasta el punto más insospechado.

Don Jerónimo terminaba de comer y esa tarde se encontraba solo, como muchas veces en el Palacio. María hacía sus labores domésticas cuando sintió como el Patrón, más bebido que de costumbre, fue en su busca, entró en la habitación donde se encontraba la jóven y cerró la puerta desde dentro y volvió a violarla. Esta vez más salvajemente hasta el punto de provocarle unos daños irreparables…..Esa misma noche, María abortó y ya nada sería igual….Jamás pudo superarlo y solo las lágrimas reflejaban el dolor en su rostro.


Cargando con esa pena sintió que sus fuerzas la abandonaban y finalmente María se rompió, no pudo más y una noche decidió acabar con su sufrimiento, subió a la habitación más alta del Palacio y sin pensarlo saltó por la ventana, muriendo en el acto al caer de cabeza.....No puedo evitar imaginarme los momentos de sufrimiento, cuando paso junto a las ruinas pensando en el dolor, los llantos y lamentos que guardan esos muros. En la actualidad, todavía se conserva la ventana donde María decidió acabar con su calvario.....tal vez su alma siga vagando en busca de venganza o tal vez no.....nunca lo sabremos. 


Y hasta ahí la historia que se cuenta del Palacio de Don Jerónimo. No se sabe que ocurrió después, aunque muchos afirman que todo se tapó, que nadie pudo comprobar la verdad y que la muerte de María se cerró como un suicidio. Ya a mediados del siglo XX el Palacio se abandonó definitivamente quedando prácticamente en el olvido, siendo las tierras vendidas. Con el paso de los años solo quedan las ruinas y ese misterio que envuelve sus muros, paredes y ventanas.

Numerosos vecinos han sido testigos de extraños llantos y gemidos de mujer, al pasar junto a las ruinas, además de que varios investigadores de lo paranormal se han dedicado a visitar el lugar y me consta que han conseguido capturar más de una psicofonía, la más espeluznante esa que dice: “Te sacaré los ojos…” Así te pudras, Patrón…”………El misterio está servido…….


Hoy he vuelto a pasar junto al Palacio y que extraño.....No me atreví a mirar la ventana.


*Todas las descripciones, nombres e imágenes de este relato son fruto de las antiguas historias que hasta el día de hoy no tienen ninguna documentación o prueba fehaciente de los hechos descritos o narrados......"La respuesta, y como diría el mismísimo Dylan,....está en el viento".



Efrén Pamies


viernes, 27 de enero de 2017

Concurso de Relatos: 5. "El Legado" de Juan Miguel Pérez Gutierrez



Objetivo; arrasar la Vega Baja. Protocolo activado, a la hora establecida y en el minuto concreto, todo ser –vivo o muerto- será exterminado.

El primer muerto-viviente un agricultor de la Murada. Un mordisco asegura el contagio. En los primeros instantes 12 infectados, en tres horas 1.700 no muertos, holocausto caníbal.

Orihuela, Almoradi, Torrevieja, el territorio está militarmente sitiado. Nada ni nadie saldrá nunca.
En el instante determinado el estallido desintegró la comarca. La pandemia ha sido extinguida.

El virus brotó en los lixiviados del vertedero y ahora avanza por las entrañas de la tierra. El apocalipsis zombi es nuestro destino.



Juan Miguel Pérez Gutierrez


Concurso Relatos de Terror: 4. "La Esquela" de Víctor M. Ortega Cuartero




Rutina… Todos los días el mismo ritual de vuelta a casa. Como un acto enfermizo siempre rodeaba la farola del Casino Orcelitano para descubrir si se había dejado alguna esquela sin leer.

Día tras día, semana tras semana, no fallaba nunca. A veces eran conocidos, los menos, casi siempre nombres de gente que le eran desconocidos.

Aquel día no era distinto, salvo por que la última esquela era la suya. Incrédulo la arrancó de la farola y mirando a todos lados nervioso gritaba no puede ser, no puede ser…

Y de repente, una bocanada de aire frio hizo que despertara violentamente, rodeado de sudores en la suave penumbra de la madrugada de una noche de luna llena.

Y en la mano, estaba arrugada aquella misma esquela que había visto en sus sueños. Y entre las sombras de la suave penumbra se desvaneció para siempre.

Víctor M. Ortega Cuartero


Concurso Relatos de Terror: 3. "Lo Oculto" de Frank Ayala Peñarrubia



Eran las cinco de la madrugada cuando Manuel y Santiago, arqueólogos reputados, llamaron a las puertas del colegio Santo Domingo. Al parecer se había encontrado algo de valor histórico dentro de sus murallas y para no molestar durante el horario lectivo se decidió quedar antes de la hora de inicio de las clases.
La lluvia caía con intensidad aquella noche. Rara vez llovía en aquellas tierras, pero como se decía por allí cuando llueve, hay que salir en barca. Las gotas empapaban las ropas de los arqueólogos, a pesar de que cada uno portaba paraguas para protegerse.
Pasados unos minutos la puerta se abrió y las dos personas entraron en el interior del recinto.
-Ya podrían haber instalado algún portero automático o algo por el estilo- dijo Manuel rabioso mientras se sacudía la ropa para tratar de quitar las gotas que no habían sido absorbidas por la ropa todavía. Su compañero imitó la acción.
-Perdone por la tardanza pero es una de las pocas veces que he tenido que venir a estas horas al colegio- se excusó el portero- mi nombre es Rubén-
-Muy bien Rubén, muéstranos aquello por lo que el director de todo esto nos ha llamado con tanta urgencia- dijo Santiago mientras señalaba con el dedo índice al techo de la estancia haciendo referencia a toda la construcción.
Rubén los condujo hasta la sacristía que se situaba junto a la iglesia del colegio en donde solía estar el cura antes de celebrar la misa. Allí un rudimentario armario de madera de pino y una mesita con una silla, que habían visto mejores días, eran lo único que amueblaban la habitación de suelo de mármol blanco. En una esquina de esta varias losas estaban rotas. El portero las señaló.
-Allí está lo que tienen que ver- dijo.
Los arqueólogos se aproximaron y empezaron a apartar las losas, que habían sido colocadas burdamente sobre un tablón de madera para ocultar lo que había debajo.
-¿Y cómo se han percatado de este hallazgo?- preguntó Manuel para romper el silencio mientras realizaba su trabajo.
-Durante la tarde de ayer el señor director iba a oficiar la misa y preparando sus cosas resbaló y pudo evitar el golpe al agarrarse a la mesita, lamentablemente la figurilla de bronce de la Virgen de la Esperanza que había sobre ella calló sobre una de las losas de ahí he hizo un agujero. El director dio orden de cerrar el acceso a esta habitación, aunque ya estaba “restringido bajo unos pocos“- explicó el portero mientras hacia el gesto de comillas con ambas manos al pronunciar las últimas palabras.
-Bueno, pues veamos qué tenemos aquí- dijo interesado Manuel mientras apartaba junto con su compañero el tablero.
Ambos se quedaron atónitos al comprobar lo que había al quitar el trozo de madera. Una escalera de roca olvidada, a juzgar por el polvo acumulado en sus peldaños, se adentraban bajo el colegio y, siguiendo el sentido en el que descendían la escalera, concretamente bajo la iglesia.
En silencio, los arqueólogos buscaron unas linternas en sus mochilas y descendieron lentamente y con prudencia, ya se torcieron varias veces los tobillos al entrar con frenesí y emoción en excavaciones en las que se encontraron restos de civilizaciones pasadas.
Unos treinta escalones en una sola tirada pudo contar Santiago. Unos cinco metros y medio de descenso pensó. El olor a humedad impregnaba aquel lugar. Las linternas apenas podían iluminar más allá de un par de metros.
Manuel alzó la mano izquierda y se sorprendió cuando comprobó que el techo estaba a poco menos de dos metros de distancia respecto al suelo, lo que producía junto con la oscuridad una sensación claustrofóbica. Rápidamente tiro su mochila al suelo y buscó un foco que guardaba para este tipo de ocasiones.
-¡Rubén necesitamos una alargadera aquí abajo!- gritó.
El portero bajó lentamente con una, su larga experiencia en su trabajo le hizo dejar varias herramientas que pudieran necesitar. Entre ellas la que en esos momentos solicitaban.
El foco iluminó gran parte de la estancia. Los tres individuos se quedaron atónitos una habitación de diez por diez metros excavada en la tierra se ocultaba bajo los cimientos del colegio Santo Domingo. El suelo era de roca viva y estaba encharcado, señal de que el nivel freático solía inundarlo con frecuencia. Las paredes eran completamente lisas y de pizarra grisácea.
-¿Y esto qué se supone que es? ¿El lavabo de la iglesia?- preguntó en tono sarcástico Rubén.
-Creo que tu respuesta esta aquí- respondió Manuel acercándose a la pared que quedaba a la derecha de la escalera.
Cuando el arqueólogo llegó hasta ella la tocó para comprobar realmente lo que veían sus ojos. Habían mensajes gravados burdamente en un lenguaje muy antiguo, en la pizarra. Muy distintos a los que solían encontrar en civilizaciones egipcias que estaban totalmente en horizontal y ordenados. Aquí parecía como si el que hubiera escrito uno de los mensajes lo hubiera hecho donde quiso y sin ningún tipo de cuidado. De hecho, la caligrafía se iba deformando conforme iban acabando las frases. Como si el autor fuera olvidando cómo se escribe.
-Aquí está. Aquí yace- lee el arqueólogo mientras desliza la mano bajo las palabras conforme las pronuncia-
El profeta que nos guió aquí descansa.
Más allá del cielo serás recordado.
Serás encerrado en muerte, y en muerte volverás a nosotros, para guiarnos.
Somos tu rebaño, y te esperamos.
Hasta la eternidad.
-¡Manuel mira esto!- exclama Santiago mientras señala el centro de la pared que hay al fondo de la estancia.
Su compañero deja de leer los mensajes y se dirige hacia allí. Lo que contempla le sorprende con creces.
Una runa circular sobresale en el centro de la pared con una letra similar a una V tallada en la misma. Y sobre esta pieza emergen decenas de frases. Como si la runa fuera el centro de una espiral y quisiera tragarse las palabras, ya que conforme las letras se aproximan a la enigmática pieza, su escritura es más pequeña y burda.
Manuel instintivamente cogió la runa y esta se despegó de la pared sin ni siquiera haber tirado de ella. Como si el simple contacto hubiera provocado tal acto.
De repente un grito de algo desconocido retumba en la estancia y las luces del foco y de las linternas estallan dejando a los tres individuos a oscuras.
Lo último que escucharon los arqueólogos fue las rápidas pisadas de Rubén subiendo la escalera…

Frank Ayala Peñarrubia

Concurso de Relatos de Terror: 2. "Solo" de Víctor Navarro


Aquí me encuentro sólo, alejado de la civilización, escuchando el rumor de las aguas y asustado porque sé que en cualquier momento va a venir a buscarme.

Como única defensa sólo tengo este gancho y la madera podrida de la balsa cruje bajo el peso de mis pies. No creo que vaya a durar mucho más.

Mis pensamientos son para mis seres queridos.
¿Cómo he acabado yo en esta situación?

Allá a lo lejos veo algo moverse sobre el interminable agua del océano. Varios bultos aparecen ante mi vista.

Creo reconocer varios tablones de madera y algo más, parece una bolsa.
¡Tengo que hacerme con ellos! ¡Es cuestión de vida o muerte!

Me siento tan sólo, tan hundido.

Lanzo el gancho y eureka, consigo alcanzarlos, podré utilizar esto para crear algo que me ayude a sobrevivir,.

Pero el miedo ancestral más profundo que me invade desde que era un niño, desde que de pequeño acompañé a mi hermano para ver la película tan laureada de Spielberg...

He conseguido unos tablones extra y con ellos y un poco de imaginación voy a intentar asegurar la zona. Antes de que me vuelva a atacar ese hijo de puta.

Con un poco de maña y algo de suerte he conseguido atar los tablones con trozos de algas y algunas hojas que parecen tener mucha resistencia, mucha más de la que en mi cuerpo queda.

Me asolan los recuerdos de cuando todo era perfecto, todo era vivir alejado del peligro y de las aventuras. ¡Cuanto me arrepiento!

Sé que estás cerca, pues te presiento.
Sigues acechándome ahí, en alguna parte, esperando a que mis fuerzas se debiliten por completo.

Pero no creas que voy a dejar la partida como perdida.

Tu eres mi cazador y yo tu presa pero me he propuesto invertir los papeles.

Quiero que seas tú el que me tema a mí.

Apenas me queda alimento y mi cuerpo desnutrido está cada vez más débil.
Sigo oteando el horizonte para escudriñar en busca de algo del naufragio que pudiera llegar a pasar por la zona y debo estar atento para hacerme con ello.

No sé cuanto tiempo más voy a estar aquí, pero necesito refugiarme del sol, sus rayos asesinos queman mi piel como si fueran papel.

Tengo el cuerpo entumecido y mis ojos llenos de sal lloran sin cesar.

Por allí viene, ahora me ha dejado observarlo.
Una aleta ha salido a la superficie y viene a una velocidad endiablada.

Estaré preparado para el asalto final. Quiero que esto sea cosa de los dos.

Sólo tu y yo, el hombre, la criatura elegida por Dios para dominar al resto de las razas contra la bestia, el gran tiburón blanco.

Esta vez he tenido suerte pues ha pasado de largo. Pero no me quedaré de brazos cruzados. Me has dado un tiempo extra para que pueda preparar mejor mis herramientas de combate.

Cojo lo que tengo más a mano y creo con mis propias manos algo que parece sacado de una película de indios, es como una lanza.

Uno de los trozos metálicos de alguna de las partes del barco me va a servir como arma principal.

Tan ensimismado estoy con mi nuevo juguetito que no me doy cuenta de que algo o simplemente el agua marina está corroyendo las ligaduras de mi improvisada balsa.

Un par de tablones se separan de esta. El susto es enorme.

Dejo caer la lanza y me dispongo a lanzar el gancho para recuperar los tablones antes de que sea tarde.

Y en esa faena que me obliga a estar ocupado descuido mi seguridad y un animal salvaje, un tiburón terrible se acerca por el otro lado y me embiste.

Caigo al agua.

¡Todo está perdido!

Con un esfuerzo infrahumano consigo darme la vuelta e intento sujetar algo que me sirva de defensa.

El escualo se dirige a mi a toda velocidad.

Por lo menos no me ha hecho sangrar, pues esa sí sería mi perdición al atraer a más bestias por el olor de la muerte.

¿Quién me iba a decir a mí, que aquí, tan cerca de mi casa, iba a perder la vida?

¡En las Playas de Orihuela, contra un tiburón blanco!

El verano pasado ya lo dijeron en televisión, un gran tiburón había arrancado la pierna de un bañista en las costas alicantinas.

Y ahora me toca a mí.

¿Creen ustedes en Dios?

Pues yo iba a decir que no, pero he tenido que cambiar de opinión, y ahora pienso todo lo contrario.

Ahora creo en él. Porque intuyo que quiere que sobreviva y por eso ha dejado justo delante de mí, la única oportunidad para resistir al ataque que es inminente.

Es la lanza, flotando solitaria ante mis narices.

La agarro como puedo y solo tengo un segundo, una milésima que parece pasar a cámara lenta.

Le doy la vuelta y siento que mis brazos quieren ceder cuando siento de lleno el impacto.

Mientras mantengo la lanza en posición vertical apuntando contra esa mole he sido testigo de unos dientes enormes, he olisqueado un aroma nauseabundo que sale de esas boca negra y profunda que me quiere engullir.

¡Gracias Dios mío!

He herido de muerte al tiburón y se marcha con la lanza atravesándole la boca. Un reguero de sangre le sigue allá por donde pasa.

La cosa se complica, el líquido rojizo de la vida será mi perdición al atraer a otras alimañas. 

No creo que sobreviva mucho más tiempo.

Tengo que intentar llegar otra vez hasta mi refugio.

Pero la balsa se encuentra muy lejos, imposible que con las fuerzas que me quedan pueda alcanzarla.

De repente, me parece escuchar un cántico celestial, no recuerdo bien si fue la bocina de un gran barco o la dulce campana de una embarcación de recreo.

El caso, es que unas manos estiran de mi hacia arriba y me ponen a salvo.

Estoy en la cubierta de algo, imagino que de una lancha pero aún no he tenido tiempo de mirarla a fondo y de darle las gracias a mis salvadores aunque hay algo en cubierta que me parece muy extraño.

Cuando me doy la vuelta, mi amago de sonrisa se ha convertido en una mueca de horror.

No sé qué son esos seres.

No sé de donde han venido.

Pero parecen haber salido del mismísimo infierno.


Víctor Navarro

Concurso Relatos de Terror: 1. "El Dibujante" de José A. Grau


Como cada noche, cogió su lápiz carbón B, de la marca Conte, y un cuaderno Frost que utilizaba para sus carboncillos. En aquel lugar encontraba la tranquilidad que no podía hallar en ningún otro sitio. El plano inclinado de cada uno de sus objetivos facilitaba su trabajo. Al estar tras un cristal, no podía tocar ni acercarse mucho hasta su inmortal futuro dibujo. Como cada noche, hacía un frío enorme, pero no parecía molestarle. Él seguía con su labor de inmortalizar en arte su propósito.
La madrugada siguiente, a la misma hora, volvió a clavarse frente al cristal. Esta vez, otro modelo le inspiraba, distinto al anterior. El lápiz Conte que portaba no había menguado de tamaño. Sus pies, helados, lo estaban menos que la noche anterior.
Y así sucedió la jornada siguiente. Los pies menos fríos, el lápiz igual y una nueva hoja en blanco. El modelo, distinto. Siempre jóvenes. Apenas podía ver el rostro.
De la noche siguiente recuerda mirar el reloj. La una y quince de la madrugada. Mucho frío.
La siguiente velada se percató que los administrativos que estaban en la entrada no levantaron la cabeza cuando entró al edificio y eligió la escalera de la derecha para subir a la sala superior. El frío iba menguando con los días. La punta del lápiz, no. “Qué buena compra”, pensó.
Ahora sí que estaba claro. Los vigilantes eran groseros, pues no le miraban. Esta vez, ni siquiera respondieron a su saludo. En la sala, siempre vacía, un fuerte olor a flores frescas, como cada noche había sucedido. Los pies helados, el lápiz exactamente igual que los días anteriores y nadie alrededor. Tras el cristal, siempre alguien nuevo. La hora, la de siempre, la una y cuarto.
Y llegó la siguiente noche donde, al sentarse, como cada noche, frente al cristal que le separaba de su objetivo, nada fue como antes. Tras el cristal vio algo que le llamó la atención profundamente. Echó un vistazo a su cuaderno, el mismo que los días anteriores, que se encontraba extrañamente sin estrenar. Al acercar su cara al cristal, vio el pelo, los ojos, la boca, las manos, la ropa, los zapatos, del cadáver que esta vez tenía enfrente. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Aquel cadáver era él. Miró el reloj, y era la una y cuarto de la madrugada.
La noche siguiente, cerró la puerta de su casa. Como de costumbre, miró su reloj antes de ir a hacer bocetos al tanatorio de su localidad, siempre de madrugada, para bocetear los cadáveres frescos de los difuntos recientes. Era la una y tres minutos de la madrugada. Arrancó el coche, metió primera y salió. Paró en el stop y giró a la derecha. Pronto, se incorporó a la carretera general que le llevaría al tanatorio. A lo lejos, veía unas luces largas acercarse cada vez más. Cada vez más cerca. Miró el reloj. El impacto fue brutal. Eran la una y cuarto de la madrugada.


José A. Grau


Convocado el concurso de Relatos de Terror





* Contenido mínimo: 4 líneas de texto.
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* Historias por autor: Hasta un máximo de 3.
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* Los autores dan la autorización para su publicación en este mismo Blog.
* El ganador del concurso obtendrá como premio un ejemplar del libro Orihuela, Ruta del Miedo dedicado por su autor.
* La asignación del ganador se realizará a través del panel de votaciones que se implementará en este mismo blog.
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lunes, 23 de enero de 2017

El Exorcismo de Orihuela


Hubo en Orihuela un hidalgo caballero de título Don Juan María del Campo Aguilar que descendía de nobles que se codeaba con la Corte y las familias distinguidas más importantes de España.

Heredero de unas extensas tierras del campo en La Matanza, La Murada y Torremendo le permitieron vivir con holgura hasta los tiempos en que la nobleza dejó de tener sus influencias y se vio obligado a arrendar parte de sus tierras.

El jesuita Padre Tomé era por aquella década de los años cincuenta el confesor particular de la madre de Don Juan.

Una madrugada, el noble acudió con el rostro desencajado en busca del Padre Tomé.

Le abrió la puerta uno de los empleados del jesuita y enseguida lo acomodó a la espera de que su señoría se dejase ver.

Con el pelo desaliñado y con ganas de pocos amigos, escuchó el sacerdote la historia que este afligido noble le relató sobre su querida madre.

Según contó, la mujer ya anciana gritaba delirante atrapada por un horror sobrenatural que a veces la hacía sufrir y en otras gozar de placer.

Según su versión, era poseída por el demonio y todas las noches la acosaba violentándola copulando con ella.

El padre hizo llamar a su fiel ayudante que le acompañaba siempre en sus aventuras y desdichas.

Era este, un joven de origen humilde que no cobraba ni una peseta por sus servicios y que era obsequiado constantemente de útiles consejos.

El trío se acercó todo lo aprisa que pudieron a la casa de Don Juan.

El Padre Tomé se quedó en privado acompañando a la mujer y la confesó.

Sus ojos se abrieron ante las horribles historias y blasfemias que la mujer profería.

El sacerdote no había sido autorizado por la curia a realizar un exorcismo a la vieja usanza.

Pero sintiendo una profunda lástima por aquella anciana y por su hijo se atrevió a intentar calmar los padecimientos de aquella familia.

Ambos, sacerdote y ayudante, se pusieron manos a la obra.

La habitación exudaba un olor nauseabundo, como si miles de animales estuvieran allí viviendo.

El jesuita agarró con firmeza un crucifijo y el ayudante sostuvo una palangana con agua bendita.

Dieron comienzo todo tipo de bendiciones y a la vez maldiciones por parte de la poseída.

- “Vade retro, Satanás”- repetía una y otra vez.

Pasadas unas horas, la mujer pudo descansar sintiéndose despojada de la maldad que pocos minutos antes había hospedado su cuerpo.

Orihuela que por aquel entonces era una ciudad muy chismosa, dejó que se extendiera el rumor de lo sucedido, adornado de elementos que añadían más espectacularidad a lo que aconteció.

Se corrió la voz de que el Padre Tomé le había sacado el diablo del cuerpo a la madre de Don Juan María y esto fue suficiente para que se desatase una ola de histerismo entre algunas mujeres.

Como ocurrió en el Rabaloche, en la calle de Capillas, en la que una viuda se vio también acosada por las noches de un espíritu maligno que copulaba con ella todas las madrugadas.

Pero de esta otra historia no se conserva ningún dato.


FUENTE:
De Orihuela a Buenos Aires de HILARIÓN LILLO ROCHE


LA DIABLESA sigue fascinando al mundo entero



Como suele ocurrir habitualmente, buscando otro tipo de cosas, me he topado de bruces con una nueva emisión en audio que destaca la figura de LA DIABLESA de Orihuela.

Parece ser que fuera de nuestra ciudad, el resto de habitantes siente una sincera curiosidad morbosa por uno de los atractivos mediáticos más importantes del mundo y que por suerte podemos disfrutar en Orihuela.



sábado, 14 de enero de 2017

La Procesión de "Las Mantillas"




"Recuerdo la procesión de las Mantillas en Semana Santa. 

Es un desfile de mujeres extraordinarias. 

Yo miraba la procesión con ese desfile deslumbrante de mujeres hermosas. 

Veía la procesión dos veces, una vez del lado izquierdo y corría a alcanzarla para verla por segunda vez en el lado derecho. 

Naturalmente que no todas son bellas pero hasta las que no lo son y ya pasaron por ellas bastantes primaveras, tienen un empaque especial, una forma de caminar derecha y con la cabeza alta, una maneras femeninas excepcionales. 

Son siglos de genes oriolanos con sangre noble de buena clase. Cada mujer que se queda soltera en Orihuela, uno se toma la cabeza desesperado y piensa que algún hombre se perdió algo grandioso. 

Uno mira a una oriolana soltera y se dice; ¡Qué dolor y qué pena tanta calidad de mujer sin hombre! Orihuela, tierra de mujeres hermosas y de excelentes poetas."

FUENTE:
HILARION LILLO ROCHE
http://www.orihuelalillo.com.ar/de_orihuela_a_buenos_aires.htm


Historia

La Cofradía de María Santísima de los Dolores es el antecedente de la actual Mayordomía de Ntra. Sra. de los Dolores. En el archivo de la Iglesia de Santiago, catalogado por Francisco Javier Sánchez Portas, en los correspondientes libros de Cofradías y Visitas pastorales consta su erección como cofradía en 1754 a petición de los fieles, basada en bulas pontificias de Benedicto XIV y previa solicitud en la secretaría del obispado de Orihuela. Durante el episcopado de D. Juan Elías Gómez de Terán.

Podían pertenecer a la cofradía todos los fieles de ambos sexos inscribiéndose en el correspondiente libro de cofrades, tal como señalan los estatutos fundacionales. El día de su ingreso los cofrades tomaban el hábito y recibían un escapulario como signo distintivo con el emblema de la Virgen de los Dolores, es decir, el corazón atravesado por los siete puñales, símbolo de los siete Dolores de María.

Años más tarde se organizaba una procesión-misional que trasladaba las Imágenes a la Iglesia de San Agustín, donde tenia lugar el sermón de la misma y terminado éste se reintegraba a su Templo de Santiago.
Fundación de la Mayordomía de Ntra. Sra. de los Dolores.


Fundación de la Mayordomía de Ntra. Sra. de los Dolores.


En el año 1927, un grupo de señoras que presididas por Doña Enriqueta Salmerón de Santonja, constituyeron la Mayordomía de Ntra. Sra. de los Dolores. La Junta Directiva estaba formada por: Dña. Enriqueta Salmerón de Santonja, Presidenta; Dña. Dolores López de Calvet, Vice-Presidenta; Dña. Dolores Javaloyes de Linares, Tesorera; Srta. Carmen Garrigos Marín, Secretaria contadora; Srta. María Lafunte Martínez; Srta. María Olmos Cárceles; Srta. Marñia Ballesteros Brufal; Srta. Manuela Pescetto Sánchez y Srta. María Lucas Parra

ACTUALIDAD. AÑO 1 página 4 del nº 1 Año 1928 En: “De procesiones”
La Mayordomía de los Dolores nos merece punto y aparte. Todo encomio nos parece poco para las dignas señoras y simpáticas señoritas que la componen y que tan activamente trabajan para que de nuevo salga la antigua procesión del Domingo de Ramos, en la que nuestras bellas paisanas con la clásica mantilla española y la piedad en los corazones pondrán una vez más de relieve su gran devoción a la Virgen


AÑO 1 nº 6, 29 de Marzo 1928. página 4.
Los actos religiosos del Domingo de Ramos serán los siguientes:…
Por la tarde a las 4 en la Real e Insigne Iglesia de Santiago solemne Misión organizada por la Mayordomía de Ntra. Sra. de los Dolores; el sermón correrá a cargo del eminente orador sagrado D. Julio López Maymón; a las 5 saldrá la procesión de la referida Mayordomía yendo sus cofrades tocadas con la peineta y la clásica mantilla española. El trono lucirá espléndido como cabe esperar del exquisito gusto de las Sras. y Srtas. que componen tan entusiasta Agrupación.

Fue, pues, el primer desfile procesional de la Mayordomía – tal como persiste actualmente – en la tarde del Domingo de Ramos – 2 de abril – de 1928.

El paso que las agrupaba era grupo un escultórico del Descendimiento, de seis figuras, de autor desconocido, que tenía la siguiente composición: sentada al pie de la Cruz la Virgen María con su Hijo muerto en los brazos, a su derecha San Juan, el discípulo amado, e inclinadas contemplando a Cristo, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de José y María Salomé.

Se inicia de esta forma una nueva etapa dentro de la cofradía de Ntra. Sra. de los Dolores, esta vez compuesta exclusivamente por señoritas ataviadas con la tradicional peina española acompañaban al grupo de la Virgen de los Dolores. Así ocurrió hasta 1935, último año en el que desfiló la Cofradía antes de la suspensión de las procesiones de Semana Santa por la Guerra Civil.

Durante los primeros meses de la guerra civil, la Iglesia de Santiago fue asaltada y saqueada quedando destruidas importantes piezas de valor artístico y entre las tallas de madera el grupo escultórico de la la Virgen de los Dolores, la Virgen del Pilar, un niño Jesús, San Pedro de Alcántara y una Virgen del Carmen.

Finalizada la Guerra Civil, se reanudan las procesiones de Semana Santa en Orihuela. Durante la posguerra, algunas de las imágenes destruidas en la Iglesia de Santiago fueron repuestas; es el caso de la imagen de Piedra de Santiago, obra del madrileño Ferrant, la Virgen del Pilar y Santiago realizadas por Ponsoda en Valencia.

En la Semana Santa de 1940 de nuevo la procesión de Domingo de Ramos recuperaría su tradicional andadura, la Junta Directiva presidida por Carmen Pastor de Bonafós decidiría sacar en procesión la imagen de la Soledad de San Juan de la Penitencia, actualmente la Virgen del Consuelo, que pertenece a la Hermandad del Cristo de Zalamea, talla atribuida a Roque López.

El Domingo de Ramos de 1943 sale por primera vez, la Imagen tallada por el escultor Federico Caullau-Valera. Su Presidenta Manola Pescetto dice


Hemos logrado esta bella escultura de Ntra. Sra. de los Dolores que la ciudad verá desfilar por sus calles…


En 1948 se aprobaron nuevos estatutos, en el primer artículo se reconocía la antigüedad de la Cofradía, citando los privilegios e indulgencias que Benedicto XIV había concedido en 1754.

Art.1º. La cofradía de Ntra. Sra. de los Dolores de la parroquia de Santiago, fue reconocida y enriquecida con innumerables indulgencias por el Papa Benedicto XIV…
Hay que destacar que por primera vez hay referencia en los estatutos a la procesión de Domingo de Ramos como uno de los actos principales de la cofradía, aunque ya se venia celebrando durante siglos. Se regla como se debe ir vestido a la procesión; con traje negro, peina y clásica mantilla española. Por primera vez solo aparecen como cofrades las mujeres que será la única condición para ser socio.

El Domingo de Ramos de 2001 acompaña a la Virgen de los Dolores el “Cristo de las Santas Mujeres”. El Cristo esta en el Monasterio de San Sebastián y la comunidad de Religiosas Agustinas se siente muy orgullosa de que el Cristo desfile en la Semana Santa Oriolana. La Mayordomía de Ntra. Sra. de los Dolores y la Comunidad de Agustinas mantienen una relación casi familiar, donde la Junta Directiva visita en muchas ocasiones a las Religiosas.


FUENTE:
http://www.mayordomiadelosdolores.com/

jueves, 12 de enero de 2017

Orihuela Curiosa: La "Manosanta" de la Corredera



Me cuentan algunos ancianos que durante la década de 1940 había en la calle de la Corredera una mujer muy popular que ejercía de curandera.

Dicen que su especialidad era la cura del dolor de riñones, reuma, artrosis y molestias generales en los huesos.

Para sus curas utilizaba una caña de gran flexibilidad que venía a ser tan larga como el palo de una escoba cortada por la mitad.

La mujer, apoyaba la punta de las dos medias cañas a la altura de la cintura de aquellos que solicitaban sus servicios, una en cada costado quedando en paralelo pues las otras dos puntas las colocaba sobre su propia cintura.

A continuación, recitaba una serie de plegarias que sólo ella conocía y que nadie conseguía escuchar ya que eran pronunciadas en voz muy baja.

Se le veía mover la mano varias veces haciendo el gesto de santiguarse y ordenaba a todos los asistentes que hicieran lo mismo.

Todos eran testigos de un prodigio. Pues con sus propios ojos observaban como las medias cañas se iban doblando hacia adentro al tiempo que se rezaba.

Si las dos partes se tocaban, la curación milagrosa ya se había producido.

Si por el contrario, no lo hacían, se instaba a la persona aquejada del mal que volviera el próximo día para una nueva sesión.



Dichos Machistas Oriolanos y otras cosas


Antiguamente se decía que había dos clases de mujeres malas:

las putas que se acuestan con todos los hombres
y las hijas de puta que no se quieren acostar con ninguno.
...

En Orihuela los buenos maridos rara vez son buenos amantes
y los buenos amantes rara vez son buenos maridos.


Con que ojo al parche, señoras, que duran más los amores tranquilos que los muy apasionados.
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Las mujeres de Orihuela son tan fuertes que no tienen término medio. El oriolano siente que está casado con un demonio o con un ángel, depende del trato que ella reciba del marido. A una mujer oriolana la puedes orientar pero no se deja manipular. Atento a esto, caballeros.
...


El hombre sólo tiene dos opciones: 
Estar solo y sentirse desgraciado 
o estar casado y querer morirse....

Cuando un hombre se acostumbra a la compañía de una mujer, ya no la quiere perder. No preocuparos tanto, hombres y mujeres, de enamorar a vuestra pareja. Es mejor tratar de acostumbrarla a vuestra presencia.
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Es triste entrar a un restaurante o un bar y darte cuenta enseguida de quienes son marido y mujer, muy serios, o quienes son amigos que lo pasan bien juntos.
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“Amo a la humanidad, lo que me molesta es la gente.”
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"Me he criado en la calle y estoy diplomado en picardías callejeras..."
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Lo único que hacen las personas desde que se levantan de la cama hasta que se acuestan es tratar de sacarse el dinero unos a otros.
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Soy modesto porque no le digo a nadie que me siento muy inteligente.
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Se debe portar bien uno con los hijos porque serán ellos quienes te busquen una residencia para ancianos cuando seas viejo.
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FUENTE: