miércoles, 21 de junio de 2017

El día de la Lechuza


Apenas unas horas han transcurrido desde la celebración del día de la Lechuza.

Cientos de personas se dieron cita ayer día 21 de Junio en el denominado Solsticio de Verano para ser testigos de un fenómeno único en la ciudad de Orihuela.

Desde las 19:30, varios curiosos se habían desplazado hacia las inmediaciones de la Iglesia de Santiago para poder contemplar sin perderse ni un detalle lo que acontecería alrededor de las 20:15 de la tarde noche.

En el lugar se personaron Miguel Sánchez Lidón, autor de una de las novelas de misterio más vendidas de entre todos los autores oriolanos. Equipado con un altavoz con el que deleitó a los asistentes con contínuas explicacines para que nadie se quedara sin respuestas.

Lo acompañaron, además de un público que rondaba los cientos de personas, el que ahora lo relata, Víctor M. Navarro, autor de este Blog y Pedro José Gomez Cascales,administrador de la página METEORIHUELA.



martes, 20 de junio de 2017

El lugar más mágico de Orihuela




Hay lugares que merecen ser descubiertos.

Paisajes que parecen sacados de una película y que aun estando delante de nuestras narices no somos capaces de apreciar en toda su plenitud.

Todavía recuerdo la primera vez que supe de ese sitio, de eso hace apenas un año.

Navegaba por la red como suelo hacer habitualmente en busca de novedades, de poder contemplar imágenes sensacionales que despertaran mi interés

Y durante un día concreto fue cuando me fijé en una fotografía que Antonio Mazón Albarracín había colgado en su página de Facebook.

Era una imagen en blanco y negro con cierta antigüedad.

En ella se mostraba una especie de arco de piedra natural y posadas sobre él, dos personas miraban a la cámara con unos ojos profundos y cargados de dulzura.

Esta imagen se me quedó grabada en la retina y pocos días después acudí en busca de ella para descargarla a mi disco duro.

¿Qué lugar era este de Orihuela del que yo nunca había tenido noticias y que me atraía tanto como una luz a la polilla?

Me sentí encandilado, hechizado por las sombras, por los surcos de aquella majestuosa peña, por la inocencia con que las dos personas se mantenían sentadas sobre aquel ingenio de roca tan atractivo y tan sugerente.

Los días fueron pasando y casi había olvidado esa imagen que seguramente quedó oculta en mi subconsciente.

Una mañana, de esas que se va uno de paseo por la sierra junto al Seminario, me llamó la atención un habitáculo rodeado por unos postes de madera que parecían indicar que ahí había algo importante que enseñar.

Animado como iba con deseos de aventura y de descubrir cosas nuevas con las que hacer crecer mí ya hinchado ego de oriolano satisfecho por la belleza de mi ciudad, me acerqué sin dudarlo hacia aquellos palos de madera con cuidado de no resbalar y caer.

Al caminar hacia aquella parte desconocida de la sierra, descubrí para mi asombro que por fin había dado con el famoso arco de piedra que tanto sueño me había quitado.

Por supuesto, no fue lo mismo, la sensación de verlo allí mismo vivo, a todo color que la fotografía artística en blanco y negro y con las personas sentadas encima que yo recordaba del Facebook de la página de Oriola vista desde el Puente de Rusia.

El caso es que me sentí muy alegre porque uno de los enigmas de Orihuela que me atolondraban un poco por fin había sido descubierto.

Me dediqué a contemplarlo con tranquilidad, disfrutando palmo a palmo de aquella lujosa vista que me seguía llamando.

Los ecos del pasado resonaron en mis oídos y mis ojos se llenaron de lágrimas al sentir una emoción indescriptible que me atrapó para que recorriera un camino del que yo nunca antes había oído hablar. Creo que lo llaman el camino del iniciado.

Me fui acercado lentamente, subí por encima de la dura piedra y busqué y busqué una pared por donde bajar hacia el sitio más profundo de aquella colosal belleza natural.

Me agarré a la roca y con cuidado inicié el descenso.

Era un paraje completamente desconocido para mí y sabía que mi delicada vista era un riesgo demasiado elevado que podía causarme más de un disgusto.

Aun así, había algo que me llamaba con tal fuerza que me sentí guiado.

Mirando alrededor de aquel sitio descubrí agujeros, cuevas y oquedades en la roca que me inspiraban también más curiosidad.

Poco a poco fue bajando, observado todo lo que había alrededor.

Hasta que por fin llegué a situarme justo debajo del arco y señores lo que sentí en ese momento, de verdad, lo que sentí, no puede describirse con palabras.

Me vi a mi mismo en comunión con la naturaleza y sobre todo con los antiguos que habían disfrutado de ese lugar muchos siglos antes que yo.

Era tan hermoso, tan perfecto, tan delicioso y delicado el momento, que fue como si me sintiera arropado de una luz inmensa, de un cantar angelical, de un halo de dicha y ventura que ustedes creerán que me volví loco.

Tuve que sentarme para no caerme por el aluvión de sensaciones maravillosas e increíbles que me abrumaron provocándome un incontrolable vértigo y que por lástima ahora solo son el suspiro de un recuerdo.

Era el lugar más bello de Orihuela y Orihuela, según dicen las crónicas clásicas era uno de los lugares más hermosos de la tierra.

Así que respiré el aire fresco de la sierra, sentí el calor de los rayos del sol penetrando en mi cuerpo, olí el aroma típico de esa parte del monte que adormecía mis sentidos con olores puros que mezclaban diversas especies de animales y plantas, árboles y arbustos.

Fue como sentir toda la universalidad en un único punto, la magia de lo divino y lo humano concentrado en un trozo de roca que con un simple ademán de agacharme una pizca podía tocar con las puntas de mis dedos y con las palmas de mis manos.

Me olvidé de los problemas, de las desgracias del planeta, de todo aquello que nos ofende o nos molesta.

Solo éramos yo, la madre tierra, la diosa primigenia de todos los tiempos, el viento que me acicalaba el rostro, los efluvios que me rodeaban y me penetraban por todos los poros y mi Orihuelica del Señor.

Eso fue lo que sentí en aquel lapso de tiempo que imagino sería breve pero que me pareció una eternidad.

Por supuesto, cuando desperté de aquella ilusión, quise que los demás oriolanos pudieran participar también de aquellas sensaciones, de aquellos momentos maravillosos que hicieron que por un instante fuera la persona más feliz de la tierra.

Por eso cuando me marché pocas horas después a mi casa, salí de allí con un propósito, de diseñar una nueva ruta turística de a pie con la que maravillar al resto de mis conciudadanos, de hacerles revivir aunque solo fuera unos segundos aquel instante prodigioso que a mí me ha dejado marcado para siempre.

En la primera Ruta Paraíso que hicimos, llegamos hasta allí con la impaciencia de los concurrentes novatos que están deseando descubrir el punto exacto.

Maravillados los participantes de la vista, algunos de ellos se hicieron como locos una interminable racha de fotografías.

Sin parar, una y otra vez.

Algunos de los asistentes, dijeron en voz alta, bien claro para que los demás lo oyéramos que quedaba pendiente para otro día, bajo otras circunstancias y sin compañía del resto del grupo, debían de volver a aquel lugar y ponerse bajo el arco para poder disfrutar en su máximo esplendor las consecuencias de aquella misteriosa llamada que sentíamos todos.

Espero que nadie haga la locura de venir a comprobar lo que aquí les cuento sin estar preparados.

Les advierto que es una zona peligrosa, que hay que llevar mucho cuidado en el descenso pero con un poco de paciencia y algo de vista y habilidad es muy fácil llegar al punto correcto en donde podremos sentirnos fusionados con el mismísimo universo, con el mundo entero. Ser partícipes de la luz.

A ser posible, háganlo sin compañía, pues no quiero que nada estropee ese momento divino que parece tan real, tan deslumbrante. Pero recuerden siempre, haber dejado un aviso con antelación a algún pariente por si algo les sucediera.

Nada más, solo me queda despedirme de ustedes e invitarles a descubrir, a comulgar con El Arco de la Amorosa de Orihuela.

Buen provecho y que lo disfruten.


jueves, 15 de junio de 2017

Investigación Oficial Parapsicológica en Chapitel de la Senda Cascante de Orihuela




Informe nº12980, Investigación de fenomenología paranormal en la Ciudad de Orihuela en el denominado Chapitel de la Senda Cascante: (*Todos los derechos reservados)



Autores:

Grupo G.I.P. SanCis.



Participantes:

- Verónica María Cisneros Canals, Directora de operaciones y Sensitiva.

- Adrián García Navarro, Codirector y Sensitivo.

- Artemia García Navarro, Audio.

- Óscar García, Vídeo y Sensitivo.

- Cristina Teruel Cisneros, Fotografía
.





Fecha:
Sábado 20 de Mayo de 2017.



Lugar:
Caserón de la Senda Cascante



Horario:
de las 23:00 de la noche hasta pasadas las 2:30 de la madrugada.



Equipo utilizado:
- Cámara de video con visión nocturna BENQ DVS21.
- Cámara fotográfica réflex Nikon D3200.
- 4 unidades grabadoras de audio SONY.
- 1 Equipo TASCAM portátil.
- Cámara digital NIKON COOLPIX 3x Optical
- SPIRIT BOX modelo PSB 7
- 4 detectores de audio.
- 1 detector lumínico.
- 1 Puntero Láser. Emite pulsos de color verde que en cuanto detectan una presencia se deforman y origina efectos lumínicos sobre dicha presencia creando una silueta.



Memoria:


Llegamos alrededor de las 11:00 de la noche en dos vehículos que aparcamos en las inmediaciones de la vivienda abandonada.

Lo primero que hicimos fue una incursión y verificación de que estábamos solos.

Al poco de empezar a rondar por la zona nos pareció escuchar una serie de pasos por la parte de arriba del inmueble.

Dos de mis compañeros escucharon claramente golpes secos.

En un momento dado, presenciamos una sombra pasar a nuestro lado que no conseguimos capturar con la cámara de vídeo.

Poco rato después, varios de mis compañeros empezaron a sentirse mal.

Los equipos dejaron de funcionar como si las pilas y baterías se hubiesen agotado de golpe.

En una ocasión que acudí a mi vehículo en busca de baterías de reserva para algunos de los equipos imprescindibles, me encontré con el coche abierto. El vehículo es un modelo actual de no hace mucho tiempo de los que tiene automatizado un servicio de aviso cuando alguna de las puertas se queda abierta y que curiosamente en esta ocasión pareció no detectarlo.

Hay muy mala energía en esa casa, nos vinimos todos malos, agotados, y todos los aparatos dejaron de funcionar sin razón aparente.

Decidimos entonces retirarnos y seguir con la investigación otro día.



Cuando nos íbamos a marchar, encontramos las huellas de una mano sobre el capó del coche de Artemia. Era una huella pequeña, como de una mano adolescente.

La marca fue comparada con la de un adolescente de 15 años y resultó que la impresa en el coche era de dimensiones más pequeñas.






Resultados Psicofónicos:
En el audio obtenido en una de las grabadoras se escucha apenas comenzar algo que asemeja “Hijo“ y luego, después de una corta pausa “Puta”.

A continuación, entre los segundos 2 al 4, a los integrantes del grupo diciendo la palabra: “Hola” intentando comunicar con posibles entidades. (Se distingue claramente lo que es una voz humana por la continuidad y presencia de la voz).

En el segundo 5 aproximadamente Adrián realiza una pregunta: “¿Quién eres?”.

En el segundo 7 aprox. se escucha claramente una voz psicofónica entrecortada que responde: “No nos dejan” o “No me dejan” que parece llegar de un lugar remoto.



* Esta Psicofonía, la hemos cedido a Víctor M. Navarro Caselles administrador de RUTAS DE ORIHUELA y le hemos autorizado para enseñarla en su famosa Ruta del Miedo de Orihuela.






Conclusiones:
El lugar visitado tiene una fuerte impregnación de lo que podríamos denominar “energías negativas”. Todas esas energías están dominadas por una mayor que parece controlarlas a todas.

Estas energías actúan absorbiendo los efluvios energéticos de las personas vivas dejándolas sin fuerza.

La prueba de ello es el malestar general que asoló a los integrantes del grupo que quedaron exhaustos.

También por la extraña situación que se produjo con las baterías de los equipos que utilizamos. Que de un momento a otro parecieron estar agotadas. Lo curioso del tema, es que una vez retirados del lugar, comprobamos de nuevo los equipos y funcionaban correctamente.


En la misma puerta de la casa existe una especie de acequia que contiene agua. Las corrientes de agua, favorecen las energías telúricas.



Verónica María Cisneros Canal
Grupo G.I.P. SanCis


YO FUI A EGB en Orihuela: Cuando nos íbamos de fiesta...




















domingo, 4 de junio de 2017

Leyendas de Cartagena: El Cristo Moreno


Corría el siglo XVI y en el puerto de Cartagena había un barco abandonado del que nadie quería hacerse cargo.

Se mandó una expedición al interior para tratar de encontrar cualquier cosa de valor que pudiera dar una pista de quien o quienes eran sus dueños.

Entre otras cosas de poca importancia se toparon con un cristo de tez oscura crucificado al que se empezó a venerar como Cristo del Socorro. Al pueblo le dio por llamarlo El Cristo Moreno.

Así llegamos al año 1689 en donde una terrible sequía asoló los campos de la ciudad.

El cabildo de Cartagena casi se vio en la obligación de llevar al Cristo Moreno en rogativa por las calles para ver si el milagro se producía y caía un poco de agua.

A la altura de la Plaza de San Ginés, apareció Don Pedro de Colón de Portugal y de la Cueva, el famoso duque de Veragua que era también Capitán General de las Reales Galeras de España en dirección al Cristo con un niño en brazos.

Se trataba de su propio hijo Manuel, un infante de apenas veintidós meses de edad cuya vida pendía de un hilo al estar aquejado de una enfermedad incurable.

El Duque se puso de rodillas ante la imagen santa al mismo tiempo que alzó el cuerpo del bebé hacia la figura pidiendo por su vida.

A los pocos días, sin que nadie lo entendiera, se produjo el milagro y el niño empezó a mejorar.

En agradecimiento por el fenómeno, el Duque sufragó la construcción de una capilla en la Catedral Vieja de Cartagena para que se le rindiera culto de forma permanente y fundó una cofradía formada por treintaitrés hermanos, caballeros nobles de la ciudad a la que se le denominó Muy Noble, Devota, Ilustrísima y Pontificia Cofradía de la Hermandad de Caballeros del Santísimo Cristo del Socorro de la Ciudad de Cartagena.

En la madrugada del Viernes de Dolores, el Cristo Moreno abre la Semana Santa, con un desfile penitencial, donde los silencios de la noche se mezclan con el vibrante redoble del tambor, el traquetear de las velas y el susurro del rezo de las estaciones del Vía Crucis, para llegar hasta la Basílica de la Virgen de la Caridad, donde se celebra la Eucaristía, en el día magno de la patrona de la ciudad.

Durante la Guerra Civil se intentó su destrucción en varias ocasiones, siendo intimidados los republicanos que querían demolerlo por la visión de las uñas crecidas en las manos del santo. Llegando a resultar en la oscuridad de la capilla tan tétrico como misterioso.

La imagen fue destruida finalmente en la Guerra Civil en el mes de septiembre después de una larga espera para comprobar que la leyenda de sus uñas no era cierta...

Hoy día la sustituye una réplica del autor cartagenero Manuel Ardil Pagán.

Hasta aquí la parte buena.

El caso es que el pueblo, los ciudadanos con más imaginación, se pusieron a repartir esta otra leyenda:

Finalmente el niño murió por causas desconocidas y desde entonces se advierte de que su alma sin descanso reposa en el interior del palacio de Veragua y es el causante de ciertos fenómenos indescriptibles que acontecen en las inmediaciones de las horas de mayor oscuridad.





Leyendas de Cartagena: Las Voces de la Milagrosa



Durante la Guerra Civil, hubo un bombardeo en La Milagrosa, donde estaban las monjas de la Misericordia, se incendió un ala del edificio en donde hubo que lamentar la terrible tragedia de que algunos niños fueran alcanzados por la muerte.

El inmueble dañado se puso en rehabilitación para reparar los daños del incendio. Durante una larga época permaneció completamente cerrado.

Los niños que jugaban junto a él, a veces veían en una de sus ventanas a una niña a la que llamaban para que bajara y jugara con ellos.

Pero la niña nunca bajaba.

Era algo que los traía de cabeza porque la veían con toda claridad asomarse a la ventana pero nunca quiso o pareció querer bajar a jugar con ellos.

Actualmente, este ala del edificio pertenece al ayuntamiento o a la universidad en donde funcionarios ejercen sus labores.

Se han recogido en la actualidad testimonios sinceros de trabajadores que dicen haber escuchado pasos y voces infantiles en su interior en horas en las que se supone que no debe de haber nadie en el colegio.

Leyendas de Cartagena: La Cara de Cartagena


En la calle Sor Francisca Armendariz, pegado al colegio de La Milagrosa,

Donde hoy hay un solar, hace cuarenta años se elevaba un pequeño edificio que hacía las veces de hospedería.

La dueña se encargaba de acoger y asistir a los viajeros que imperaban de sus servicios en el descanso de sus largos viajes, como muchos marineros que se quedaban allí por tiempo indefinido, hasta que la mar les brindaba una nueva oportunidad con la que ejercer su profesión, y para acumular el dinero suficiente bien para sus juergas o bien para propósitos más nobles.

Esta señora tenía una hija que era inválida de nacimiento.

Los únicos divertimientos que podía permitirse dicha muchacha eran los de asomarse por un balcón hacia la calle que daba a Sor Francisca Armendariz desde donde podía contemplar a la perfección la salida de los niños que estudiaban en el colegio de La Milagrosa. O incluso el patio donde pasaban las horas de diversión en los recreos algunos de los niños.

Un día, llegó un marinero jubiloso, de buen carácter y amigo de todo el mundo que enseguida reparó en la niña y se hizo amigo de ella.

La vida de la niña, a pesar de su nuevo compañero, iba apagándose lentamente y así un triste día dejó de existir.

El hombre, muy afligido y desconsolado por la pérdida quiso hacerle un homenaje, una especie de tributo que sirviera para que todo el mundo la recordara tal como era.

Con una habilidad asombrosa dibujó el rostro de la niña en la pared del balcón hacia la parte de fuera.

Pasados ya unos años y con el marinero muy lejos de allí, la madre decidió borrar la cara.

Con un trapo húmedo y un poco de jabón alargó el brazo y lo pasó sobre la imagen.

Pero el trazo seguía intacto.

Viendo que no conseguía ningún resultado, decidió entonces, hacer un nuevo intento rascando la pared.

Ya con el trabajo terminado y con la satisfacción de ver la imagen borrada, la madre ya iniciaba su caminar hacia el interior de la vivienda cuando algo le llamó la atención.

No era posible que aquello estuviera sucediendo, pues ante sus propios ojos, aquella imagen que unos pocos segundos antes había desaparecido, volvía a estar tan fresca como en un principio.

No sabemos los intentos por hacer desaparecer aquel rostro mágico del balcón de la casa.

Lo cierto es que pasados unos años más, la vivienda fue dejada en abandono con la particularidad de que la cara seguía allí.

Con evidentes señales de rascado, incluso de haber pintado encima, pero la imagen de la niña permanecía intacta, con sus ojos penetrantes que parecían gozar con la visión de cualquier cosa viva que transitara delante de ella.

Así cuentan los testigos que antaño fueron niños y que con gran valentía se introdujeron en aquel caserón abandonado para retar a aquella expresión extraña que los seguía mirando desafiante.

Finalmente, el edificio fue demolido y con ello desapareció para siempre el Misterio de la Cara de Cartagena.




viernes, 2 de junio de 2017

Leyendas de Alicante: La Leyenda de Mariola


Haz de saber ciudadano que triste es la historia que te voy a contar.

Pues es la verdadera historia de una hermosa joven y su padre al que los ciegos celos por la riqueza de un malvado y avaricioso romano les llevó hacia la desdicha.

Esta leyenda pertenece a la Sierra de Mariola, situada en la provincia de Alicante, y está ambientada en los años 42 A.C - 37 D.C, durante la época de Tiberio Claudio Nerón.

Se hablaba por aquel entonces de un hombre rico, de nombre Sexto Mario, uno de los más poderosos de Hispania. En sus posesiones había una mina de oro que era la que mayor riqueza le había proporcionado.

Dicha mina, se encontraba en el interior de una montaña.

La ambición de Tiberio le obligó a requisar dichas minas para que pasaran a formar parte de su patrimonio.

El plan era bien sencillo, tenía que conquistar a la hija de Sexto de nombre Mariola, excelente ciudadana y bellísima mujer.

La muchacha acostumbraba a dar largos paseos por la montaña en compañía de una pantera que su padre le había regalado de uno de sus viajes a África.

El romano, cargado de poder y de autoestima era rechazado una y otra vez por la hispana.

Y entonces decidió cambiar de planes e iniciar una venganza acongojado por aquella desazón amarga de ser rechazado por la mujer de sus sueños.


Nerón, mintió al pueblo utilizando todos los recursos que tenía a su alcance y acusó a Sexto y a Mariola de practicar incesto.

Ambos, fueron arrestados y trasladados a Roma donde fueron condenados a ser despeñados de la Roca Tarpeya. Una roca situada al S.O. del Capitolio desde donde se despeñaba a algunos condenados a muerte y que vio correr a través de sus vetas la sangre de los dos inocentes de Cocentaina.

Desde aquel día, cuenta la leyenda que la Sierra que está considerada la más bella de la provincia recogió el nombre de la inocente muchacha que fue asesinada vilmente por aquel caprichoso gobernante romano que no tenía suficiente con su imperio.
Jamás se volvió a saber sobre las minas de oro.

En el año 1965, los espeleólogos del Centro Excursionista de Alcoy tuvieron una agradable sorpresa al encontrar en el interior de una Cueva de Bocairent una serie de huesos que más tarde se determinó por los especialistas que pertenecían a una pantera africana.

Desde los alrededores se cuentan historias basadas en testimonios de personas que en las altas horas del crepúsculo han podido observar la figura evanescente de una hermosa mujer envuelta en unos ropajes de color blanco que semejan la mismísima niebla acompañada de una forma felina que ruge en la oscuridad de la noche..






Posible explicación al extraño símbolo de La Diablesa por Pascual Segura


Aunque solo es una teoría, el símbolo me recuerda al trazo final de la firma de Nicolás de Bussy. Deformado ligeramente, pues firmar en papel es más sencillo y rápido que hacerlo sobre un soporte duro. Ambos sugieren un 8 inclinado con un un círculo en la parte superior izquierda y una terminación de la firma en la misma posición en la parte inferior derecha. Pero solo es una teoría, jeje

Aquí se observa el trazo final de la firma de Nicolás de Bussy:



Aquí el símbolo de la diablesa con la posible terminación del trazo de la firma encerrada en un círculo, posiblemente para destacarla y que no pudiese ser modificada a posteriori:


En los artistas a menudo es habitual firmar sus obras por duplicado. Por ejemplo, la obra la "Metamorfosis de ángeles en mariposa" de Dalí. Esta obra representa un conjunto de dos ángeles flanqueando una figura femenina desnuda, en una composición que semeja una mariposa. La obra está firmada dos veces, una con la firma habitual de Salvador Dalí y otra con un anagrama que combina los nombres de Dalí y Gala.

Pascual Segura



jueves, 1 de junio de 2017

La Leyenda de Alicante: La Cara del Moro


Desde hace muchísimo tiempo, hay algo en la cabeza de los alicantinos que no les deja dormir.

Se preguntan a diario si ese rostro formado de forma caprichosa en el monte Benecantil que está originado por grandes rocas en la misma naturaleza no es más que una mala jugada que les hace su propia mente.

El autor de la naturaleza y criador del Universo, firmó una cabeza o una cara para que le sirviese de marca o señal.
Lo cierto es que en casi todas las fotos que en la actualidad se toman de ese lugar, todos los que las ven, coinciden que es exactamente eso, el rostro de una persona.

Hay también quien dice, que Alicante no debe su nombre a la antigua denominación islámica (Al-Laqant), sino a una hermosa princesa árabe cuyo padre era el caudillo de la medina musulmana. Este y su hija vivían en la imponente fortaleza del Benacantil, rodeados de abrumadoras riquezas e infinitos manjares traídos de recónditos lugares de todo el mundo.
Cántara, que así se llamaba la hija del califa, crecía y su belleza empezaba a ser abrumadora.

Cientos de pretendientes surgían cada día con las pretensiones de hacerla suya.
Su padre, observaba con paciencia desde la distancia la actitud tanto de su hija como de aquellos futuros esposos que la deseaban. Pronto llegaría el adecuado, el que fuera más fuerte, más rico y más apuesto.

El tiempo pasaba y no aparecía el candidato merecedor de la mano de la muchacha.
Se determinó entonces organizar un gran banquete en el castillo al que asistiera todo pretendiente en condiciones aceptables a considerar.

Fue un rotundo éxito el banquete ya que el califa, se prendó de dos de aquellos jóvenes que vinieron a conocer a la muchacha.
Ambos, adversarios en el amor por la joven, derrochaban galanterías hacia la princesa desde el inicio mismo de la gala.

El padre se sintió satisfecho y a la vez indeciso. Y por ello propuso una dura prueba para cada uno de los pretendientes.
A Alí se le encomendó la misión de traer el agua del Tibi al castillo, con la construcción de una acequia tan larga y robusta como requiriese la empresa.

A Almanzor, se le mandó viajar a las Indias para que buscara allí las mejores especias para deleitar a la joven princesa.
Los dos jóvenes empezaron las duras pruebas con mucha decisión, pero Alí, que era el que más cerca permanecía de la princesa, empezó a verse con ella a escondidas.

Al poco, se sintió correspondido por la muchacha y ambos se enamoraron.
Bajo ese amor, dejaban volar su imaginación planeando lujos y vástagos.

Absorto estaban los enamorados que habían olvidado la tarea que les había encomendado el califa y cuando ya creían que nada les podía volver a separar, apareció una mañana Almazor, que venía de las Indias cargado con todo aquello que le habían encomendado y por tanto con su tarea completada.
El padre de Cántara, obligado por la promesa que había realizado, por no romper su palabra e ignorando los ruegos de su hija, que ya había hecho su elección, entregó la mano de esta al competente Almanzor, para disgusto de los amantes.

Alí se sintió afligido y desposeído de su amada y no halló mejor remedio para su pena que quitarse la vida saltando desde lo alto de la sierra de Tibi, creando un inmenso socavón en el lugar de su caída.
La princesa, al ver perecer a su amado, y no pudiendo contener la pena, se dirigió al cerro de San Julián y, ensimismada en su desdicha, saltó mortalmente al vacío.

El emir sintió entonces tal amargura por haber sido el causante de tanta desdicha que rogó a Alá que le hiciera sufrir bajo el peor de los castigos.
La mano ajusticiadora de Dios alcanzó al emir y desde ese mismo día quedó petrificado bajo la fortaleza de Benicantil.

Hoy día se puede perfectamente recrear con la vista el rostro afligido de un hombre si miramos a poniente.
Desde aquel entonces, los habitantes de Al-Laquant, conmovidos por la trágica historia, decidieron rebautizar la ciudad con el nuevo nombre de Alicántara, por la memoria de la princesa árabe.

Y de ahí supuestamente, procede la denominación actual de la ciudad.


"Obra primorosa de la que debe estar siempre orgullosa Alicante, en la que se combinaron la Naturaleza ofreciendo la materia, el sílice de un magnífico e inexpugnable monte, los primorosos pinceles del mismo Dios dibujando la cara de un guerrero y el arte humano fabricándole un Castillo a modo de casco."

FUENTE:
http://sendasyleyendas.com/2016/01/la-cara-del-moro-en-el-monte-benacantil-alicante/
LIBRO ALICANTE ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA de Manuel Martínez López

domingo, 14 de mayo de 2017

¡Han vuelto! ¡100 años después!





El mismo sábado recibí una llamada de atención a través de Facebook que me puso alerta.

Una ciudadana de Orihuela, Rosa María Guerra fue testigo de algo extraño en lo alto de los cielos que se elevan junto a la Cruz de la Muela.

Tal y como me informa, la testigo presenció alrededor de las dos de la madrugada como un par de focos se movían desde el cielo que ondea sobre el seminario.

Dicha testigo me añade que las luces se movían de forma extraña como girando la una sobre la otra y en su conjunto practicando un movimiento zigzagueante.

Al llegar a la parte que está sobre la cruz de la muela, se detuvieron en seco y permanecieron así durante mas de veinte minutos.

Luego desaparecieron.

Recordaros que la cruz de la muela, se encontraba iluminada durante unos pocos días como marca la tradición desde el año 2010.

En un primer momento, la testigo no le dio importancia al asunto, pero unos días más tarde lo comentó con una amiga y esta la advirtió de que un suceso similar había ocurrido según cuentan los antiguos periódicos de Orihuela, a finales de abril de 1918.


Dicha información la había sacado en una lectura ocasional de este mismo blog, en la siguiente entrada:

http://ciudadorihuela.blogspot.com.es/2015/08/orihuela-misteriosa-es-un-pajaro-es-un.html

Rosa María sintió entonces la necesidad de comparar el suceso que ella había presenciado con el que había ocurrido cien años antes.


Su sorpresa fue mayúscula al constatar que ambos eran de similares características, como si uno hubiese sido hermano gemelo del otro.

Es muy curioso la similitud que hay entre los dos casos y se observa un patrón que podría ser debido a un fenómeno atmosférico desconocido.

Pero no descartamos ninguna teoría. Ya que nos encontramos en el año 2017 y son muy populares los usos ilegales de drones.


Lamentablemente, no tenemos ninguna prueba física de lo que se vio a principios del siglo XX, excepto la noticia impresa, pero en una era en la que estamos rodeados de tecnología y cámaras en nuestros pequeños dispositivos inteligentes, sí ha resultado propicio que se disponga en esta ocasión de una prueba irrefutable.

La fotografía con la que he dado pie a esta entrada vale su peso en oro.

He marcado con una flecha el lugar exacto en donde aparecen los focos misteriosos.

¿Y tú que opinas?







sábado, 29 de abril de 2017

El cadáver del cuarto de contadores de Torrevieja


Leer en la prensa o escuchar las noticias por la radio y la televisión de que se ha descubierto un crimen horrible es algo que nos pone bastante tensos.

Pero lo que realmente nos da criba es conocer que ese vecino al que habitualmente saludamos cuando nos tropezamos con él en la escalera de nuestro edificio o subimos con él en el ascensor, precisamente él, al que hace pocos días le habíamos incluso chocado la mano, es realmente un despiadado criminal que ha matado a su mujer y la tiene emparedada en el sótano.

Pues bien, esto es lo que les pasó a unas personas que como no sería de otra forma forman parte ya del grueso grupo de atrevidos que han participado conmigo en la Ruta del Miedo.

Así que sé de primera mano lo que sintieron porque me lo han contado.

Es demasiado impresionable escuchar el testimonio de un niño que lo vivió en primera persona, que recordaba la cálida mano del asesino sobre su cabeza cuando este con disimulo la hacía gestos de cariño para aparentar normalidad.

Los hechos ocurrieron como relato a continuación.

Una pareja chilena que llevaba viviendo en Torrevieja 15 años compartían piso en una conocida calle de la ciudad costera.

Johana Bertina Palma y su esposo John Charlie L.T. de 37 años vivían con normalidad en un inmueble del nº 41 de la calle Ramón y Cajal.



Un día, el 13 de junio del 2016 la chica de 32 años desapareció.

Por supuesto que los vecinos la echaron en falta pero siguieron con sus vidas con el interrogante de qué le habría pasado a la chica.

Dos meses habían pasado desde su desaparición y ningún avance se había logrado ante las denuncias por parte de familiares y amigos íntimos.

Curiosamente, lo único que relacionaba el caso con la vida de los allí restantes vecinos fueron unas quejas de que olía bastante fuerte a productos químicos y ambientadores. Tanto que a veces era insoportable. Además del abultado número de moscas que pululaban por allí.

Cuando pasaban junto a la puerta de los contadores, el tufo a insecticida y ambientador era terrible.

Y por supuesto todo tenía su explicación, ya que uno de los “inocentes” vecinos provocaría la sorpresa más grande de sus vidas.

Alarmados por las denuncias constantes de una vecina por el exagerado número de moscas y los fuertes olores, la benemérita se personó en el inmueble e inició una exhaustiva búsqueda para confirmar sus sospechas.

Para ello pidieron la ayuda del vecindario que gustosamente recorrió cada palmo del edificio en busca de la razón de aquellos hechos.

Así llegaron hasta el cuarto de contadores.

Un cuartucho no muy grande, un habitáculo de pequeñas proporciones donde antes se emplazaba la caldera del agua se encontraba tapado con cemento.

Se abrió un agujero en ese improvisado nicho y eureka se encontraron en el interior los restos de la mujer asesinada con algunas de sus extremidades cortadas.

Para la extracción del cuerpo se tuvo que recurrir a la ayuda de los bomberos además del operativo policial estándar.

La policía local de Torrevieja acordonó la zona y la cerró al tráfico.

La comisión judicial ordenó el levantamiento del cadáver antes de las 8 de la tarde para ser llevado al Instituto Anatómico Forense de Alicante para practicarle la autopsia y conocer la causa de la muerte.

En la confesión del autor del crimen se obtuvo la respuesta “conveniente” de que todo había sido un accidente, una muerte fortuita producida por una discusión que acabó en un empujón que hizo que la cabeza de la chica se golpeara accidentalmente contra el muro de la terraza del domicilio resultando muerta.

La pareja tenía dos hijos, una niña de 12 años y un nene de 5 que casualmente se encontraban durmiendo cuando se produjo el mortal accidente.

Con el cadáver fresco durante dos horas estuvo el asesino decidiendo los pasos que tendría que seguir.

Esperó hasta la madrugada para bajarlo al cuarto de contadores y lo dejó allí durante dos días hasta que se le ocurrió la idea de crear un sarcófago artificial.

Introdujo el cuerpo sin vida en el habitáculo y lo tapó con cemento que consiguió de una obra cercana.

Cuando el cadáver fue encontrado estaba en estado de descomposición pero sin síntomas de violencia a la espera de la autopsia.

Indudablemente, el criminal fue puesto a disposición judicial.



Lo que quiero destacar aquí no es el caso en sí que se puede encontrar relatado en la prensa nacional y local con todos sus detalles.

Es más bien lo escandaloso que resulta descubrir el miedo de una familia que creían tener una vida normal y que de repente se encontraron en el centro mismo del huracán.

Una noche en la que la familia dormía sola en sus respectivos dormitorios ya que el padre estaba realizando una guardia correspondiente a su trabajo.

Imagínense la cara de susto que se les quedó cuando todo se destapó.

Una huella que deja marcadas las vidas de todos los integrantes de esa familia que con gusto y a la vez con mucho temor contaron en La Ruta del Miedo, lugar mágico donde sólo esas cosas salen a la luz.


viernes, 28 de abril de 2017

La terrible y macabra Sentencia de Muerte del Reo Joaquín San Jaime




EL CRIMEN DE COX

Uno de los últimos reos condenados a muerte a garrote vil en nuestra comarca fue Joaquín San Jaime.

Vecino natural de Concentaina y que contaba con una edad de 19 años.

Fue sentenciado por la Audiencia de lo criminal de Alicante a sufrir la pena a garrote vil ante la presencia de treinta y cuatro testigos.


Según la versión popular, se asegura que los dos sicarios se prestaron para cometer el crimen por “Treinta duros y una cena de camarrojas”. La ejecución se llevaría a cabo en Cox, la misma ciudad en donde se habían producido los acontecimientos que desembocarían en su captura.

El 10 de febrero del año 1888 a las ocho de la mañana, este joven, supuestamente, había asesinado a Manuel Lucas Rocamora que andaba por las afueras del pueblo en el sitio conocido como El Cabezo.

Dos sujetos desconocidos se le acercaron pidiéndole fuego. El Sr. Lucas se detuvo concediéndoles el deseo y luego siguió su camino.

Uno de los desconocidos lo acometió bruscamente por la espalda disparándole a quemarropa dos tiros sucesivos que le hicieron caer al suelo bañado de sangre. Y poco después muriendo.

Fueron detenidos cuatro sujetos de los que haré una relación:

Manuel Navarrete Grau, 28 años, casado, natural de Cox, jornalero y actualmente alguacil del ayuntamiento. Joven de aspecto simpático, color moreno claro, estatura mediana y de grueso lo normal.

José Gambin Sánchez, 25 años, casado, natural de Cox, actualmente guardia municipal. Moreno claro y de menor estatura que el anterior. No tiene aspecto de delincuente.

José López Insa, 38 años, casado, natural de Onteniense, jornalero robusto, moreno y de estatura alta. Con aspecto de criminal.

Joaquín San Jaime, expósito, 19 años, soltero, natural de Aljemesí (Valencia). Estatura regular, ojos de mirada penetrante, alegre y vivaracho.

Los cuatro fueron declarados culpables y condenados a muerte. San Jaime y López Insa como autores materiales. Gambin y Navarrete como inductores.

Ante las preguntas del presidente del tribunal San Jaime declaró:

“La pistola es mía y no se la había dejado a nadie. Me encontraba en esos momentos en estado de embriaguez cuando se me disparó sin saber por lo pronto si había herido a alguien. No conozco al muerto, no le había visto nunca”.
Las fuerzas de tropa de línea que se encargaron de su custodia estaban comandadas por el capitán de infantería D. Evaristo Pardines y reforzadas con un grupo de Guardias Civiles.

Fue llevado a Cox durante la tarde del jueves a las 7 de la tarde noche.

Permaneció allí hasta que se le comunicó la sentencia al día siguiente a las nueve de la mañana por el Juzgado de Instrucción de Dolores siendo el encargado de leerla el Sr. Secretario D. Enrique Tormo.

Las palabras que dijo el acusado: “Lo único que siento es que no paguen la misma pena los otros tres compañeros huidos” viene dadas por la fuga que estos habían realizado antes del procesamiento de la cárcel de Alicante.

Inmediatamente se le llevó hacia la capilla improvisada en un cuarto bajo de la Casa Consistorial, habitación de tres metros cuadrados que se había preparado para la ocasión colocando junto a la puerta un altar con seis cirios a cuyos tibios resplandores se ve una modesta imagen de la Virgen de los Dolores y un Crucifijo. En el fondo de la habitación, colocado un sillón, y próximo a él un lecho.


El ayuntamiento y cárcel estaba en la calle de las Eras (hoy Vicente Aleixandre) esquina a la plaza de San Juán y Rodeo.
Cuentan los periódicos de la época que el joven recibió la noticia de su ejecución con cierto aire sereno, desafiante, sin variar su color en lo más mínimo.

Y así estuvo durante buen rato hasta que hicieron ademán de introducirlo en la capilla.

En esos momentos, le falló el aplomo con que había hecho gala hasta entonces.

Tuvo que ser asistido por el canónigo de nuestra Sta. Iglesia Catedral D. Florentino Zarandona y el Rdo. capuchino Fray Ireneo que de forma voluntaria se ofrecieron para el consuelo del que iba a ser ajusticiado.

Un baño de lágrimas surcó sus ojos.

No imaginaba la pobre criatura el padecimiento que aún le quedaba por sufrir.

Las horas siguientes las pasó un poco más calmado sin mucho apetito tras engullir de almuerzo a las doce unas chuletas asadas hasta llegar a la noche antes de la ejecución en donde se le proporcionó un poco de alimento que no le supuso ningún malestar angustioso.

A las cuatro de la tarde rezó con los sacerdotes la oración del Rosario.

A las cinco de la tarde comió un mantecado y una copa de aguardiente.

A las seis recibió la visita de un redactor del Diario de Orihuela que pudo contemplar al reo sentado en el sillón con la escasa luz de los cirios esposado y ostentando en su pecho el escapulario de la Virgen del Carmen con la mirada perdida y un tinte de tristeza en su semblante.

La blusa que antes vestía había sido sustituida por una chaqueta de paño negro, con un pañuelo por corbata y llevando además como el día anterior chaleco de color oscuro, pantalón azul de algodón y alpargatas.

Esta fue la corta entrevista que entablaron mientras el corresponsal le tendía un cigarrillo:

- ¿Cómo va usted de ánimo?

- Bien, ya sé que no hay remedio… ¡Qué va uno a hacer…!

- Tenga conformidad y sobre todo no pierda la esperanza: aun todavía podría conseguirse gracia.


- No la espero.

- Al menos tenga confianza en Dios.

- En Dios… ¡ya!... ¿Quién sabe?...

- No desconfíe. El Todopoderoso tendrá en cuenta vuestro dolor y vuestro arrepentimiento.

- Ya veremos.


A las nueve de la noche se le sirvió al reo la cena que consistió en una sopa de la que tomó unas cucharadas y cuatro chuletas de cerdo que comió con gran apetito. Después se le sirvieron mantecados, naranjas y aguardiente.

El Sr. Juez Instructor le concedió un cigarro. Al que le regaló estas palabras:

“Si hubiera estado tan bien alimentado como hoy, mañana subiría al patíbulo grueso y de buen color, pero con el rancho de las cárceles he enflaquecido contra mi voluntad”.
Al preguntarle otra vez sobre el estado de su ánimo, repuso:

“Quiero demostrar que ningún valenciano sube con miedo al cadalso”.
Después, abandonando su jovialidad, comenzó a lamentarse de la educación que había recibido exclamando:

“Mi desgracia viene de mi mala educación; nunca se debe perdonar ninguna falta a los hijos, antes al contrario, es muy útil castigarlos para corregirlos, evitando de este modo que lleguen a verse en la situación en que me encuentro”.
A las diez y cuarto de la noche el reportero volvió a la capilla para entablar unas últimas palabras con el acusado y esto es lo que le dijo:

“Mañana por la tarde estarán ustedes en sus casa descansando y yo también, pues ya estaré en la fosa.
Poco después quedaba el reo dormido profundamente, hasta las cuatro menos cuarto que fue despertado por el canónigo Sr. Zarandona.

A las cuatro celebró el P. Ireneo el Santo Sacrificio de la Misa, la que escuchó san Jaime con manifiesta devoción.

Poco después celebró el Sr. Zarandona dándole la sagrada Comunión, que recibió el reo con gran recogimiento.

A las cinco y media lo dejaron solo con los sacerdotes en la capilla. Fueron interrumpidos por el doctor Sr. Bernal, titular de Catral que manifestó no haber notado nada de decaimiento ni ningún tipo de alteración.

Su cuadro clínico era de 76 pulsaciones por minuto y temperatura normal entre las ocho de la noche del día anterior hasta las siete de la mañana.

A partir de las ocho se observó en el paciente un aumento de las pulsaciones que pasaron a 104 por minuto.

A eso de las siete y media de la mañana apareció por la capilla el ejecutor de la justicia, Hermenegildo Agüero Marcos, natural de Valencia, 31 años, estatura regular, enjuto en carnes, moreno, ojos pardos y su rostro vulgar luce bigote y perilla; llevaba en la mano la hopa, unas correas y unos zapatos negros. Acto seguido se acercó al reo y le pidió perdón por lo que estaba a punto de hacer en esta pretendida sexta ejecución. (Un periódico de Valencia aseguró que venía a hacer su debut en esta población).

El reo le contestó que le perdonaba y ambos se dieron un beso.

Olvidando que pocas horas antes nadie en el pueblo ha querido darle hospedaje y que ha tenido que recurrir a una habitación que le ha cedido la Casa Consistorial.

A continuación le vistió la hopa mientras San Jaime exclamaba:

“Dios perdone al verdugo, pues él no me mata”.
Y a continuación añadió:

“Tened misericordia de mis pobres hermanas… ¡Desgraciadas!... Yo que era su único sostén voy a morir, y esos pobres ángeles van a quedar abandonados. Por Dios, señores, tened misericordia de esas pobres infelices que quedan a solas en el mundo. Protegedlas”.
Después pidió perdón justo antes de abandonar la capilla a todos los presentes.

Eran miles lo que se acercaron a contemplar la ejecución que estaba a punto de realizarse en la plaza que daba acceso a la prisión.

A las 8:45 de la mañana del 23 de Febrero de 1889 la puerta de la cárcel se abrió y ante todos se mostró el malhechor San Jaime.

Fue subido a un carro que lo condujo hasta el pie del patíbulo que aguardaba custodiado por fuerzas de la Guardia Civil. Un escaso recorrido de apenas 400 metros.

Precediendo al reo, un individuo de sobra conocido por sus vecinos que pertenecía a la hermandad de la escuela de Cristo que sostenía en sus manos de forma alzada un crucifijo.

La gente se agolpaba entorpeciendo el paso de la comitiva.

Las campanas de la parroquia empezaron a entonar una rítmica y siniestra melodía (a tenor de lo que estaba a punto de ocurrir) con una triste sonata que doblaba por el alma del hombre que muy pronto dejaría de estar vivo.

El carro llegó al patíbulo, situado en la planicie al poniente del pueblo y de la carretera y el reo puso los pies en tierra con una palidez y abatimiento que cubrían su rostro de manera maldiciente.

Durante ese breve trayecto gritó a algunas mujeres que lloraban que no hicieran tal cosa pues él no se sentía abandonado por el valor.

Empezó a subir las gradas del patíbulo y sus piernas que parecían seguras le fallaron haciéndole tropezar y a punto estuvo de caer.

Las hábiles manos de los sacerdotes que le acompañaban evitaron la caída.

Antes de sentarse en el banquillo, dirigió la palabra a aquel mar de cabezas humanas que bajo sus pies bullían, dijo:

“Noble pueblo español, hermanos míos… esta vida es un segundo, es perecedera…, me precio de ser hijo noble español. Sé que voy a morir en breves instantes… por el amor que os profeso os ruego… que no os veáis jamás en el suplicio en que me veo… tomad mi ejemplo, esta vida es un tris, ya no podré defender a mi patria. ¿Me perdonáis todos los que os halláis aquí presentes?”
Todos los espectadores se sintieron emocionados por aquellas tristes palabras y respondieron al unísono entre sollozos: “Sí, Sí.”

Acto después, se sentó en el banquillo y repitió las palabras que componían una oración que el señor Canónigo Zarandona le susurraba al oído.

Llegó el último momento entre la vida y la muerte. Le colocaron un pañuelo blanco o sudario tapándole el rostro.

El acto final de la ejecución dio comienzo y el reo se puso a recitar una oración final, un “Credo” que al llegar hasta la parte den donde se dice: “Su único Hijo”, sus labios fueron acallados para siempre por una muerte espantosa que ninguno de los que en esa época vivieron pudieron olvidar jamás.

Resultó que el verdugo era primerizo en sus labores y cometió una serie de imprudencias que hicieron que el dolor, el sufrimiento y la agonía de aquel cautivo llegaran hasta límites insospechados.

Fue un cuadro tan horroroso, que nos negamos a repetir en esta publicación que hasta el propio Juez del partido, el señor Gironés tomó cartas en el asunto y le dio una reprimenda enorme al ajusticiador. 



LA LEYENDA:

Si queréis ser testigos de algo prohibido, acudid a las postrimerías de ese lugar a altas horas de la madrugada, cuando las sombras se hacen amenazantes, cuando los rayos de la luna apenas llegan a alcanzar el suelo.

A lo mejor, y digo solo a lo mejor, escucharéis el llanto agónico de dolor de un joven torturado por las incapaces manos de un verdugo inepto.

La ejecución tuvo lugar en las afueras de Cox, el 23 de febrero de 1889, paraje de “La Tejera”, hoy calle Gabriel Miró.

jueves, 27 de abril de 2017

La noche del pánico de 1919



Era el 10 de septiembre.

Fue un día para no olvidar.

A eso de las 11:40 los suelos que pisábamos empezaron a sacudirse con un temblor que iba de norte a sur.

Durante los 12 segundos que aquello duró el pánico cundió entre todos los vecinos de la ciudad de Orihuela.

La gente salía despavorida por las calles.

Aún no nos habíamos repuesto del susto cuando entre 10 y 15 minutos después volvieron de nuevo las sacudidas.

Entonces el pánico estalló como hacía tiempo que no se recordaba.

A las cabezas de casi todos nos vino el mal recuerdo de aquel día del año de 1829 que fue tan catastrófico y traumático.

Pero este día estábamos viviendo otra vez el infierno.

Los comercios se cerraron. Los talleres siguieron su ejemplo.

La gente acudía como moscas en busca de refugio en plazas y paseos.

Nunca antes habían estado tan concurridos.

Algunas familias cogieron con prisa algunas de sus pertenencias y abandonaron la ciudad todo lo rápido que pudieron.

A los que les pilló comiendo algo, el alimento les sentó mal y pronto los “auguretas” de turno hicieron su agosto con calamitosas profecías que hablaban de desdichas semejantes a las vividas en el terremoto de 1829.

Así que entre este ambiente desconsolador todo el mundo esperaba un nuevo temblor que hizo acto de aparición a las 3 en punto y esta vez fue mucho más violento.

Las mujeres se pusieron a cantar canciones religiosas y acudieron en tromba al centro de la ciudad pidiendo entre llantos que se sacara a la patrona para que las protegiera.

La nota del pregonero no se hizo esperar y eso parece que calmó un poco los ánimos.

No se veía una rogativa religiosa tan concurrida así desde hacía mucho tiempo.

Entonces apareció en los cielos.

Se oyó con claridad el zumbar de un motor de un aeroplano que cruzó en esos instantes por los cielos de Orihuela.

Todos temieron por el acto pues al principio lo habían confundido con un nuevo tronar de la tierra.

La gente se topaba unos contra otros y algunos huyeron despavoridos.

Al caer la noche, se prepararon tiendas de campaña, barracones y carruajes que albergaron a cientos de individuos.

Otros, se dispusieron a aguardar a la intemperie.

Pocos fueron los que se atrevieron a volver a sus casas por miedo a que ocurriera lo peor.

Pues a la una de la madrugada el fenómeno volvió a repetirse.

Así amaneció un nuevo día triste, apagado, con los ánimos decaídos y con la gente somnolienta por no haber pegado ojo.

Se repitieron las oscilaciones pero esta vez ya con menor intensidad.

Y empezaron a llegar las primeras noticias de los pueblos de alrededor.

Gracias a Dios, no había habido que lamentar ninguna desgracia personal.

Pero los daños materiales fueron cuantiosos, sobre todo en el campo de Torremendo donde más de sesenta viviendas se habían desplomado.

Por las Dayas y Benijófar se había agrietado la tierra y de ella habían manado densos vapores y gran cantidad de agua.

Se hizo un recuento de todos los daños producidos y se publicó en la prensa.

La segunda noche la pasamos aún en vela pero los ánimos empezaron a calmarse.

Benejúzar vio cómo su torre se hundió ante la atónita mirada de sus habitantes.

Rojales perdió muchas casas y a su iglesia.

Almoradí sufrió daños en algunas casas y en las torres de la iglesia. Incluso el ayuntamiento amenazaba con covertirse en ruinas.

Dolores vio cómo su juzgado quedaba inhabitable.

En definitiva, Elche y el caserío de Torremendo fueron los más afectados.

Y resulta que la cosa se alargó durante dos meses con réplicas de menor intensidad.