lunes, 19 de diciembre de 2016

La leyenda del Oriol


Al principio de los tiempos, era este pájaro un ser humilde que formaba parte de un grupo de animales que eran poco agraciados en cuanto a su aspecto. 

Cuando se veían reflejados así mismos en las aguas cercanas del río, quedaban decepcionados y sentían envidia por los colores vivos que lucían el resto de los animales de la creación.

Descontentos de su envoltura, se reunieron en secreto a espaldas del Dios para cuchichear y planearon pedirle una audiencia para exponer su desencanto por el mal aspecto que ellos creían tener.

Dios acudió a su llamada y les dejó hablar. Aunque más que hablar aquello fue un montón de quejas y gimoteos de animales que estaban descontentos con su aspecto.

Al terminar la exposición, Dios guardó silencio haciéndoles sentir muy incómodos para que en ese espacio reflexionaran y pensaran lo que estaban expresando.

Como ninguno parecía percatarse de la gravedad de la situación, Dios hizo un movimiento con su mano y los seres que allí se habían agrupado en comitiva perecieron fulminados.

Los ojos de Dios se posaron sobre un pájaro discreto de color gris ceniza y negro que nada había tenido que ver con lo que allí se había derivado.

Este animal que también lucía colores tristes y apagados se consideraba satisfecho con el milagro de haber sido creado y no había querido participar en aquella exposición.

Entonces Dios lo señaló con su dedo y le dijo:

- Tú, que eres pájaro de bien. Desde hoy te convertirás en mi mensajero y lucirás con los rayos divinos de mi poder y con ellos harás frente a las fuerzas de las tinieblas pues serás símbolo del pensamiento entre los hombres ya que a través de ti hablaré con ellos.

- Tu sola presencia en los cielos será signo de buena nueva.

Y dicho esto, Dios se marchó mientras los rayos del sol tocaron el plumaje del Oriol y parte de su cuerpo se vistió de un hermosísimo color dorado.

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