martes, 27 de diciembre de 2016

Relatos de Ruta IX: los fantasmas de Seu d'urgell


Tras la ruta del miedo con el grupo, no podía dormir.

Habían muchas cosas que no me cuadraban después de contar mi experiencia en el hotel.

Decidí vivir de nuevo esa noche y quiero compartir contigo lo que descubrí.

Comienzo desde el principio:

Llegamos al Camping Frontera. 

Es medio día y tras inscribirnos y montar la tienda, vamos a comer al Restaurante de la Seu d'urgell de siempre. 

Tras la comida paseamos hasta que se hace de noche y volvemos al camping.

Ya en la tienda, vemos que empiezan los truenos y relámpagos detrás de la montaña, pero todavía están lejos.

En pocos minutos empieza a llover, se va acercando rápidamente y sin darnos cuenta estamos en el centro mismo de la tormenta. 

La lluvia torrencial, la descarga eléctrica, el estruendo de los truenos, el sonido del viento que va derribando los árboles que encuentra a su paso, nos obliga a refugiarnos en los aseos y lavaderos. 

Pero se trata de un edificio pequeño, sin capacidad para albergar la cantidad de personas que llegaba a su interior. 

Recuerdo que estoy sola en el coche aparcado en el camino frente a ese refugio improvisado. 

Los que están allí me gritan que salga del coche y vaya con ellos, aunque yo no oigo lo que dicen, solo lo supongo por sus gestos. 

Soy incapaz de reaccionar y no me muevo del asiento, estoy petrificada.

No recuerdo cuanto tiempo duró la tormenta, ni que pasó después del mi último párrafo. 

La siguiente imagen que me viene a la memoria es de mi misma que ya estoy en la tienda comprobando los desperfectos. Todo lo que hay en su interior está cubierto de agua. Imposible pasar la noche en este lugar.

Sacamos la maleta, que al ser de un material rígido, ha evitado que se moje lo que hay en su interior y nos dirigimos otra vez a la Seu d'urgell buscando un sitio donde poder pasar la noche.

Llegamos a la puerta del Hotel...

Y bajo a preguntar si tienen habitaciones, no sin antes
darme cuenta que en el cristal de la puerta hay un cartel de prohibido perros y yo llevo uno.

La recepción está a oscuras. 

Solo detrás del mostrador, una lucecita, a malas penas alumbra la cara de una señora mayor. 

Me acerco y le pregunto si tiene habitaciones.

Ella responde que no, que está todo lleno por la tormenta. (No entiendo por qué insisto).

Le explico que no tenemos donde pasar la noche y que nos serviría cualquier alojamiento.

Mirándome a la cara me dice que tiene una habitación, pero no me la puede ofrecer. 

Lo repite varias veces.

Le digo que seguro nos sirve, solo es para unas horas, pero que hay otro problema: tengo un perro y he visto en la puerta que no se admiten perros.
          
Ella insiste: esa habitación no la puedo ofrecer, pero, yo le dejo la llave, usted sube y la ve y si la quiere yo se la doy.

- De acuerdo. -Le respondo, ella me alarga la mano con una llave y me dice que es la última planta (no recuerdo el número de habitación).

Entro en el ascensor, es diminuto. 

Llego a la última planta y se abre la puerta a un pasillo donde las luces de emergencia permiten ver lo suficiente para andar por él.

Todo está en silencio, hay habitaciones a ambos lados.

Ando unos metros hacia la derecha y otra vez a la derecha, 

Empieza a parecerme muy largo el pasillo.

Cuando tan solo faltan tres habitaciones para llegar, oigo una pelea de dos hombres, mucho ruido, gritos, cosas que caen al suelo y un líquido que empieza a salir por debajo de la puerta y yo esquivo para no pisar. 

Una vez en la puerta de la habitación, la abro y la reviso, es grande, está limpia y correcta, tiene una ventana al entrar a la derecha. (No entiendo porque no la puede ofrecer, pero nosotros ya tenemos donde dormir esa noche).

Bajo en el pequeño ascensor en busca de la señora y una vez ante ella le confirmo que me quedo con la habitación, pero el perro también sube. 

Me pregunta si ladrará y le digo que no, y me permite el perro.

Salgo feliz y le digo a mi marido que baje, nos quedamos. 

Él pregunta: - ¿la perra también? 

, -le contesto. 

Sacamos los D.N.I. 

Ella los ve, los devuelve, pagamos y con la llave en la mano, subimos a la habitación.

Casi no cabemos en el ascensor dos personas y una maleta.

Una vez en el pasillo, no se oye nada, solo silencio; el líquido no está,

Estoy tan alterada por todo lo vivido ese día que no soy capaz de razonar.

Si ha habido una pelea, ¿porque nadie salió a ver qué pasaba, ni llamó a recepción? Ya que los gritos fueron muy evidentes y escandalosos.

Me pregunto también: ¿Por qué no está mojado el pasillo, y ¿Cómo dos personas que se pelean pueden quedarse en la misma habitación? 

Todas estas preguntas me las hago hoy.

Una vez en la puerta, abro y entramos. 

Abrimos la ventana y...

Pegada a ella hay una escalera de caracol.

Es de hierro y va desde el bajo al tejado, ocupando el hueco donde dan dos ventanas por planta una frente a otra y que casi nos podríamos saludar.

No me gusta, por ella podría entrar alguien a la habitación, pero no hay otra cosa.

Con el pijama puesto, mi marido comenta: ¿sabes dónde estamos? 

¡Claro, en la habitación de un hotel! 

- Sí. -contesta, -pero en este hotel asesinaron hace unas semanas a dos personas de color.

- ¿Y no te podías callar hasta mañana, lo tenías que decir esta noche? 

Desde de ese momento decido que la perra duerme a mi lado, estoy segura que me avisará si algo ocurre.

No tengo idea de la hora que era cuando la perra se pone inquieta y me despierta,

Entreabro los ojos solo lo justo para ver qué pasa y a los pies de la cama veo tres figuras.

Una mujer en el centro, (que juraría era la de recepción) y un hombre de color a cada lado. 

Pienso que si tengo que morir, no quiero saber cómo y cierro de nuevo los ojos.

Me despiertan por la mañana, ya es hora de irnos.

No me ducho, veo sangre en la bañera (que mi marido no ve) se ducha y recogemos nuestras cosas.

Bajamos a recepción. 

No hay nadie, dejamos la llave encima del mostrador y nos
marchamos.

Esta aventura la conté muchas veces, pero no es hasta hoy que soy consciente de lo que realmente viví.



miércoles, 21 de diciembre de 2016

FICCIÓN : 10 Lugares de Orihuela en donde pasar auténtico terror: 10. El Paseo de Calvo Sotelo


Cuentan de un lugar de Orihuela, que todos sus vecinos vivían aterrados.

Por las noches, se sentía una presencia en dicho sitio.

Como si alguien de cerca, muy de cerca, pusiese sus ojos y su aliento sobre nuestro cogote.

Fueron a buscarme a mi lugar de trabajo un par de personas que querían comentarme lo que allí se había dicho durante décadas.

Que el lugar estaba maldito por culpa de la consecución de un horrible crimen y que allí ocurrían cosas misteriosas.

Por supuesto, no di crédito a lo que me contaban, pues contagiados de los efluvios que hasta ellos había llevado la Ruta del Miedo, bien podría tratarse de habladurías o chismes entre vecinos pero que realmente no tuviesen fundamento alguno.

Pasaron los días, y como suele ocurrir, el misterio llamó a mi puerta.

En una de esas maravillosas ocasiones en las que suelo celebrar la Ruta Nocturna, nos regaló los oídos un testigo que había habitado aquella calle durante un tiempo.

Su testimonio fue muy personal y lo contó con miedo. Por las posibles represalias del resto de vecinos me rogó que no diese nombres.

Esto es lo que le ocurrió:

Fue un verano como todos: horrible.

El calor se hacía insoportable.

Eran alrededor de las seis de la tarde, lucía el sol y teníamos el aire acondicionado en funcionamiento.

Así que estábamos frescos yo y una clienta en la tienda.

Mientras charlábamos, oímos un gran estruendo.

Los objetos situados en la estantería de la derecha se movieron todos de golpe haciendo un ruido horrible.

Se cayeron todos unos sobre otros.

Se hizo el silencio.

Mientras sus cerebros buscaban una explicación por lo que acaban de presenciar, los objetos parecieron cobrar vida y con un ímpetu fuera de lo normal salieron de su sitio y fueron a estrellarse contra la pared de enfrente como si alguna fuerza invisible los arrojara con furia.

El pánico aumentó en intensidad y ambas personas decidieron salirse fuera del establecimiento.

Se pusieron muy nerviosos y tuvieron que acercarse al bar más cercano para tomarse una tila cada uno.

Mientras trataban de calmar su excitados nervios, movían la cabeza de lado a lado cada vez más deprisa como queriendo negar la evidencia a la que habían sido testigos.

Las dos personas necesitaban despertar y sentían una sensación como de ahogo.

El sobresalto aún lo llevaban en su interior.

Desde aquel día, el miedo a convivir con lo que allí dentro hubiese estado o peor, que todavía siguiera allí, creció y los responsables del negocio realizaron las gestiones pertinentes para hacer el traspaso.

Los rumores fueron en aumento, distribuidos por toda la ciudad a través de los comentarios de algunos vecinos y otras personas que involuntariamente hicieron que aquello creciera y creciera.

No consiguió realizarse la operación, así que no hubo más remedio que cerrar el comercio y marcharse a otra parte de la ciudad en donde las cosas fueran más tranquilas.

Durante la entrevista, el testigo me narró con todo detalle lo que aconteció aquel día y él lo achacaba a un horrible crimen que se rumoreaba durante muchos años que había ocurrido allí mismo en aquel lugar.

Salimos al patio del establecimiento y realicé algunas de las fotografías que acompañan el enlace que aquí dejo:



El Crimen del Paseo Calvo Sotelo (Rumor)



TEATRALIZACIÓN:

I

Mi cuartito interior acogedor daba a un patio lleno de luz, y mi ventana se abría muy cerca, en ángulo con la de mi vecina. Ella tenía la suya adornada de hermosas flores: albahacas, enredaderas, alelíes y claveles rojos.

Mi ventanuca, sin embargo, estaba árida y seca.

Es importante decir que las supuestamente maduras matronas de mi vecindad, en complicidad fisgona con mi patronal señora doña Remedios, husmeaban en mi ausencia los libros, los apuntes, cuartillas, rimeros de periódicos hasta sacar en claro que yo era un escritorzuelo, Dios sabía de cuantos puntos en la pluma.

Y que cuando yo llegaba (un algo huraño siempre) hacíanse las casuales encontradizas para, con frase acaramelada y zalamera, sonsacar algo de mi vida irregular.

E ítem más que yo, dejándolas saborear su pan de trastrigo, encerrado en mi torre con el orgullo de un hijodalgo primogénito, tapiaba labios y oídos a sus arrumacos.

Una sola excepción había de amistad y contento: la de mi vecinita.

Cuando a la hora de comer libraba a mí asendereado cuerpo de la cama esclavizadora, pálido, ojeroso, desmelenado, con el enervamiento y languidez aún del corto descanso, abría mi ventana de par en par.

Consuelito, mi vecina, ya estaba en la suya observándome, con su carita de oriolana, morena, hermosa y picara.

-          ¡Vecinita, buenos días!

Y su dulce voz de cuco, en competencia con su parlero jilguerillo, contestaba cariñosa y burlona:

-         Ya es hora, vecino. Buenos días. ¡Cuidado, no piso usted ese sapo!... ¡No hay derecho a madrugar de esa manera!...

Y sonaba su risa de alegres cascabeles, entraba el sol a raudales en mi cuarto, veía yo un trozo de cielo azul, respiraba el oxígeno a plenos pulmones, y abría los ojos mucho, muchísimo, llenando mi retina con la frescura sana de Consuelín.

El primer día nos miramos un instante con curiosidad inquisidora. Un vecino o vecina joven que llega, es un misterio sin desflorar.

Hubo otro día el saludo, pretexto de conversaciones.

Consuelo era una ráfaga vibrante de alegría y robusto vivir que llenaba la casa y el patio hondísimo con el eterno entonar de sus cantos y de sus risas. Sus ingenuidades, extrañamente combinadas con las picardías de mujer, llegaron a interesarme y a sujetar en la lucha nerviosa mi pensamiento.

Las comadres respetables murmuraron nuestras charlas ligeras.

Mas era la verdad que yo, galanteador implacable y práctico de todas las mujeres, no crucé con aquella ni una sola palabra de esas que traidoramente clavan su doble sentido.

Era tan deliciosamente bella, tan delicada y sutil, tan mujer y tan chiquilla, que no osé destrozar con la vulgaridad de unos amores fugaces e impuros aquella figurita de encajes alados, que infiltraba en mi espíritu cotidianamente un mar de misterioso encanto, de puros cariños, de amistad, de gloria, de vida suave y mansa.

La quería yo... como a eso, como a una muñeca con alma de ángel. Y, recíprocamente, yo vi ansias de afecto en sus ojos negrísimos, y en su voz un amoroso acento, algo así como un maternal cariño. Que no en balde ha dicho alguno que entiende que: "toda grande amistad, entre la mujer que tiene belleza y corazón y el hombre que tiene corazón no es sino el principio del amor...”

II

Los niños todos la querían con sus afectos infantiles y cándidos. Y a todos los mimaba ella, los cogía en brazos, los corría y zarandeaba en alocados juegos confundiéndose con el coro picotero y estrepitoso de los pequeñuelos.

Saltando incansables en los brazos de mi vecina, asomábanse al patio las cabecitas radiantes; y las madres miraban, encantadas, bobaliconamente, la candidez alegre de sus hijuelos, acariciados por los cabellos flotantes de la virgen juguetona.

No había vecino joven que no tuviera con ella réplicas furiosas, ni albañil en la casa que no alternara los chafarrinones de pintura a las mugrientas paredes con diálogos chispeantes, ni vieja que mostrase las sucias greñas en alguna ventana sin recibir corno un flechazo la frase acerada y burlona de mi amiga.

En aquellas encendidas refriegas derrochábase la gracia oriolana sin que nadie pudiera gloriarse de ganar su predilección o de haber vencido su inconmovible pureza.

Así corría tranquilamente el tiempo, las viejas murmurando. cantando horriblemente las criadas del primero, gritando los chiquillos, poniendo mayor encanto nosotros en la media hora diaria de ventana, luz, aire, y alegría, cuando se habló de uno que rondaba... y más tarde, con firmeza ya, de un novio para la gentil vecinita, impuesto por la madre.

-        Somos muchos en casa!- dijo al imponer su voluntad brutalmente, como otras muchas madres y otros muchos padres imponen las suyas a sus hijos, brutalmente también...

¿Será preciso hacer constar que la noticia produjo en mí sorpresa, luego rabia, y que la reflexión me trajo después una desolada conformidad y tristeza?

Al abrir mi ventana sorprendí desde entonces una luz de congoja en sus ojos, que dolorida apagaba lentamente.

Pasaron meses y oí algo de casamiento próximo, de celos, de algún disgusto prontamente sofocado...

Hablemos de él: incompatibilidad de caracteres, celoso, desesperadamente celoso. Y riñas diarias... Y, en humana bestialidad, amenazas, ¡amenazas de bruto a la sensitiva, a la aérea muñeca alimentada con alegres amores y caricias!...

-         Le tengo miedo— me dijo. —Celos de mi reír, celos de mi charla, de mi andar, de todo. Rabias y celos que me asustan.

-         Usted que me conoce, dígame, ¿es maléfico reírse? ¿es malo hablar, correr, estar siempre alegre con todos? Pues mire usted; yo creo que ser buena es querer a los niños, a los pajarillos, a las flores, a todas las cosas, y a todo el mundo. Y si esto es ser buena, yo lo soy.

-         El novio de mi amiga Antonia la pegó ayer hasta hacerla sangre, porque la vio hablando con un conocido. Me pasará igual. Le tengo miedo, le tengo miedo..., -repetía mi vecinita. Y sus enormes ojos, girando medrosos y azorados, se entornaban bajo el peso lacerante de su pena.

Me pareció que un aliento trágico pasaba el patinillo, envolviéndonos en su manto de terror. Enmudecimos. Sentí que mis cabellos se erizaban y que una extraña angustia me oprimía... Quise decir algo y un lazo de hierro me anudó la garganta,

-         ¡Adiós!

-         ¡Adiós!...

Quise hablar otra vez y no pude. Cerramos lentamente las ventanas que chirriaron siniestras...

Una greguería estrepitosa rompió al poco rato mi hipnotismo, un ensordecedor concierto de patadas, gritos, silbos, carreras y baladros. Miré. Eran todos los chiquillos de la vecindad que venían a jugar con mi amiga...

Noches después subía yo la interminable escalera. Distraídamente observé una inusitada animación en la casona, un nervioso sube y baja de gente, cuchicheos, rostros apenados. ¿Qué pasará?

Ya cerca de mi cuarto oí estremecido un lloro implorante, deprecaciones, gritos de mujer... Luego un alarido, ronco y doliente, y prolongado... ¡La madre de Consuelo!

La puerta de su casa estaba abierta. Mucha gente en ella, la habitación casi a oscuras.

-         ¡Herida, muy mal herida!, En la Casa Socorro está—me gruñó al lado una mujercilla insignificante y oficiosa...

Me dio una sacudida el corazón y se contrajeron mis nervios brutalmente. Comprendí. Salí como una tromba, descendiendo a grandes saltos la escalera...

Corría, corría desolado, sin parar, tropezando en las esquinas con los transeúntes maldicientes; sin ver nada, tapados los ojos por una nube roja...

La Casa de Socorro. En una mesa de mármol había un cuerpo extendido, rígido. Alrededor varias personas.

Temblando, frío, con la muerte en el corazón, me acerqué al grupo y miré, miré como debería asomarse al infierno un condenado:

¡Era Consuelo!

Llegué hasta ella. Desnuda y lívida.

-         ¿Herida?—pregunté.

-         Muerta—respondió uno.

Sentí derrumbarse algo dentro de mi alma.
Una maldita vieja, alcahueta del barrio, con cara sibilina se acercó y me dijo:

-          El novio ha sido. Hablaban de usted. ¡Cosas de celos!

-          ¡Pobrecita!... ¡una perdición!...  Un tiro en la cabeza. El lloraba al entrar en la cárcel...

Me mordió un escalofrío. Aparté, iracundo, a la bruja. Quise acercarme, besarla, y me detuvieron unos brazos.

¡Oh! Es horrendo pensar en un hombre, un hombre lleno de vigores, de tuerza pujante, aplastando a un ser débil, a un bibelot!

Las mujeres mascullaban un padre nuestro.

Salí tambaleándome, lleno de horror. Y sombrío, contraído, agónico, en la inconsciente huida ante la alegría muerta, ante mi rota muñeca con alma de risas, ante el precioso capullo deshojado, terciopelo divino. fragancia y sensación exquisita de juventud, sentía que mis ojos se quemaban en ofrenda con llanto de fuego, con rabiosa locura, con desolado y amarguísimo dolor!!



Adaptado de una historia de A. NICOLÁS PINTO.



El Patio de la casa donde ocurrió el crimen

lunes, 19 de diciembre de 2016

La leyenda del Oriol


Al principio de los tiempos, era este pájaro un ser humilde que formaba parte de un grupo de animales que eran poco agraciados en cuanto a su aspecto. 

Cuando se veían reflejados así mismos en las aguas cercanas del río, quedaban decepcionados y sentían envidia por los colores vivos que lucían el resto de los animales de la creación.

Descontentos de su envoltura, se reunieron en secreto a espaldas del Dios para cuchichear y planearon pedirle una audiencia para exponer su desencanto por el mal aspecto que ellos creían tener.

Dios acudió a su llamada y les dejó hablar. Aunque más que hablar aquello fue un montón de quejas y gimoteos de animales que estaban descontentos con su aspecto.

Al terminar la exposición, Dios guardó silencio haciéndoles sentir muy incómodos para que en ese espacio reflexionaran y pensaran lo que estaban expresando.

Como ninguno parecía percatarse de la gravedad de la situación, Dios hizo un movimiento con su mano y los seres que allí se habían agrupado en comitiva perecieron fulminados.

Los ojos de Dios se posaron sobre un pájaro discreto de color gris ceniza y negro que nada había tenido que ver con lo que allí se había derivado.

Este animal que también lucía colores tristes y apagados se consideraba satisfecho con el milagro de haber sido creado y no había querido participar en aquella exposición.

Entonces Dios lo señaló con su dedo y le dijo:

- Tú, que eres pájaro de bien. Desde hoy te convertirás en mi mensajero y lucirás con los rayos divinos de mi poder y con ellos harás frente a las fuerzas de las tinieblas pues serás símbolo del pensamiento entre los hombres ya que a través de ti hablaré con ellos.

- Tu sola presencia en los cielos será signo de buena nueva.

Y dicho esto, Dios se marchó mientras los rayos del sol tocaron el plumaje del Oriol y parte de su cuerpo se vistió de un hermosísimo color dorado.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Platos Típicos Oriolanos: Arroz y Costra



El arroz con costra es uno de los platos más conocidos en la ciudad de Orihuela.


Tiene su origen en el Medievo y fue citado por primera vez en el Libre del Coch (Libro de Guisados, Manjares y Potajes de Rupert de Nola, que fue cocinero mayor del rey Fernando I de Nápoles perteneciente a mediados del siglo XV).

Es un plato que se suele preparar en fechas especiales.

Es tradición, cocinarlo el día de San Antón. Además de que es la comida que siempre se les ofrece a los nuevos obispos como obsequio de bienvenida

Realizado a partir de deliciosos ingredientes como: pollo campero, conejo y  embutido, hace que solo pensando en él, nos chupemos los dedos.

Es un plato que todo oriolano ha disfrutado a través de las distintas generaciones.

Ya se las apañaban nuestras abuelas en preparar y trasmitir esta suculenta receta como si de un noble secreto se tratase.

Una de sus grandes particularidades es que es de los pocos arroces que puede toarse en frío, varias horas después de que se hubiera preparado.

Para los amantes del buen vino, les aconsejamos que lo acompañen con el más selecto de sus bodegas.

Receta para 4 personas:

2 cuartos traseros de pollo.
2 morcillas no muy tiernas
300 gr.  Longaniza roja
1 blanco
1 pimiento rojo
1 cabeza de ajos
2 tomates maduros
8 c/s de aceite de oliva
4 tazas de arroz bomba
9 huevos a temperatura ambiente
10 tazas de agua
Sal y azafrán

Se debe utilizar una cazuela de hierro fundido honda para que el huevo al elevarse no se salga.

Forma de elaboración:

Hay que limpiar primero el pollo y se deja en reserva.

Cortamos el embutido en rodajas y el pimiento en tiras que no sean muy gruesas.

Limpiamos la cabeza del ajo y lo cortamos circularmente sin romperla

Cuando ya tengamos preparados todos los ingredientes ya podemos pasar a la siguiente fase:

En una olla rápida se coloca el aceite y esperamos a que se caliente.

Echamos las tiras de pimiento junto con la cabeza de ajo.

Cuando quede sofrito a nuestro gusto, retiramos el pimiento que se colocará en el caldo para que le dé su característico sabor.

Ahora le toca el turno al embutido, al cual tenemos también que sofreír evitando en todo momento que este llegue a deshacerse.

Se saca del aceite y se deja apartado.

Cogemos entonces el pollo y se sofríe. Empezamos acompañarlo con tomate pelado cortado. Se sofríe sin llegar a quemar y se le añade aproximadamente dos litros de agua.

Se pone la tapa y se guisa.

Se coge el arroz y se pone el horno a 230º.

Con el guiso terminado, se saca el pollo y se deshuesa, colocando los trozos limpios en la olla en donde se guisará el arroz.

Con la cazuela en el fuego, se añade el caldo colado y cuando hierva, se le echa el arroz.

Durante tres minutos se deja hervir todo y se le añade la sal, colorante y el dedicado azafrán.

Se deberá guisar el arroz sin realizar ningún movimiento. (Salvo que se observe que se concentra el aceite en el centro de la cazuela, que con una cuchara, ligeramente moveremos.

Sólo durante 5 minutos se mantendrá el fuego al nivel más fuerte, bajándolo después de pasado este tiempo y se quedará así otros 5 minutos para que no hierva exageradamente.

En la espera, batiremos los huevos que deberán estar a temperatura ambiente.

Pasados 10 minutos, el caldo se habrá consumido lo suficiente para que echemos los huevos batidos, colocando encima el embutido.

Se mete todo al horno y se deja cocer durante 12 minutos.

Cuando los huevos formen una especie de soufflé, es que todo habrá ido correctamente.

Terminado el plato, se deja reposar y se sirve.

¡Ya está!, ¡A chuparse los dedos!



FUENTE:

martes, 13 de diciembre de 2016

Lo que debes saber de nuestro castillo



1. Los Vikingos tomaron el Castillo en el año 859.


En la provincia de Alicante y Murcia podemos encontrar más de doscientos restos de esos Castillos que antaño se utilizaron para defender dichos territorios.

Algunos, rehabilitados con pasión por los arqueólogos de determinadas localidades son la envidia del resto de España, como el de Lorca o el de Alicante.

Nosotros en Orihuela, tristemente tenemos que conformarnos con las ruinas del que en la antigüedad fue considerado por todos nuestros amigos y enemigos como el más espectacular e impresionante de la península.

Una fortaleza inexpugnable que muy pocas veces fue tomada por la fuerza. Y que tenía a su alrededor una de las murallas más descomunales que se recuerdan de toda Europa.

Cánticos y Leyendas suenan tras las piedras de esas fabulosas construcciones que se levantaban desafiando incluso la fuerza de los vientos.

Aquí tenemos la Leyenda de la Armengola o la gesta de la mujer que fue capaz de desbaratar los planes de masacre de nuestros enemigos musulmanes.

También el relato publicado en la novela de Los Caballeros de Loyola que narra las peripecias y aventuras de un grupo de niños que permanecían internados en el Colegio Santo Domingo y que en una de sus excursiones vinieron a parar a la zona de los llamados calabozos del Castillo.

Sin olvidarnos por supuesto de la explosión del polvorín que esparció los miembros de casi cien soldados castellanos por la sierra y que a día de hoy aún no hemos sido capaces de encontrar.

Pero no debemos de conformarnos solo con estas bravas gestas.

Cientos de batallas se han librado en ese monte.

Miles de soldados perdieron allí su vida defendiendo unos ideales que les llevaron a la desdicha.

Esas piedras que coronan la cima de monte tienen un valor histórico realmente importante.

Pero, ¿es suficiente para competir con el resto de Castillos, murallas, torres, castillejos y demás que hay repartidos en el interior de la Comunidad Valenciana o la Región de Murcia?

Yo digo que no.

A esto, tenemos que añadirle un hecho que es exclusivo de Orihuela. Alguien muy especial se asentó en nuestro castillo y sólo en nuestro castillo de los tantos que pueblan las dos regiones.

Pero para ello tengo que empezar a hablaros de una serie de televisión que tiene cientos de miles de fans en todo el planeta.

Una de las series más exitosas de estos últimos años, VIKINGS, destaca por su gran fidelidad histórica.

Ya que parte de unas fuentes documentadas muy rigurosas y ricas en detalles como la fiel representación antropológica de la sociedad vikinga de la época.

Esta serie narra las aventuras del vikingo Ragnar Lodbrok que fue uno de los héroes más famosos de la cultura nórdica que saqueó Northumbria, Francia y Bretaña.

Arrastrado por las prometedoras leyendas que hablan de tierras al oeste donde aguardan grandes riquezas y harto de su jefe tribal, el conde Harldson, pide a su amigo Floki ayuda para que le construya una embarcación para lanzarse al mar en busca de aventuras.

Le apoyan un número de hombres valerosos como su hermano el despiadado y feroz Rollo que junto a él conspiran hasta destronar a Harldson, transformándose así en la leyenda viviente que vino a Orihuela, a establecerse en lo alto del Monte san Miguel en nuestra fortaleza desde donde organizó la mayor parte de sus asaltos.

Esto ocurrió por el año 859 después de Cristo.

Los oriolanos fuimos testigos de cómo una flota compuesta por 62 embarcaciones vikingas cargadas con cientos de hombres cada una que lucían largas melenas ondeando al viento, atravesaron la desembocadura del río Segura hasta llegar a nuestras puertas.

Armados por el deseo del sabor de la sangre y de suculentas riquezas, consiguieron hacerse con la fortaleza inexpugnable de Orihuela.

Desde nuestro castillo, según documenta el Museo Arqueológico MARQ de Alicante, se diseñaron y ejecutaron las incursiones que se realizaron por tierras mediterráneas que llegaron incluso a Baleares, Provenza, La Toscana y que dejaron devastados pueblos limítrofes pertenecientes a la costa Valenciana.

Todo ello fielmente reflejado en los documentos que se conservan de distintos cronistas musulmanes.

Si quieres conocer el lugar donde Ragnar diseñó los ataques más salvajes y despiadados de la historia de nuestra civilización, no te puedes perder la visita a nuestro castillo.

Apúntate con nosotros a la Ruta del Castillo.

El casi olvidado saqueo de los Vikingos a la antigua ciudad de Orihuela (Alicante) a finales del siglo IX, posiblemente tras remontar el río Segura, recobra protagonismo en la exposición que sobre estos guerreros nórdicos temidos por sus pillajes acoge el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ).

Con el título "Vikingos. Señores del Norte. Gigantes del Mar", la muestra incluye 663 piezas cedidas desde el pasado mayo y hasta enero de 2017 por el Museo Nacional de Dinamarca, de Copenhague, y después de exhibirse en el MARQ, dependiente de la Diputación de Alicante, está previsto que recorra varios países hasta 2021.

Una flota de entre sesenta y setenta naves a vela y remo con centenares de estos bárbaros capitaneados por dos de los hijos del rey Ragnar Lodbrok (muy televisivo por la serie "Vikingos"), Bjorn y Hastein, alcanzaron por navegación de cabotaje la desembocadura del Segura, a la altura de Guardamar, a finales del año 858.

Se desconoce si atracaron allí los barcos o si aprovecharon el poco calado de sus entonces innovadoras quillas (que facilitaban la navegación fluvial) para remontar el curso y alcanzar Orihuela, en aquel entonces llamada Uryula y que constituía una de las principales ciudades de la Cora de Tudmir, provincia del reino de Al-Ándalus del omeya Muhammad I, que abarcaba el sur de Alicante y las áreas limítrofes de Murcia y Albacete.

El ataque de estos guerreros de Thor y Odín debió tener como fin hacerse con plata, esclavos y avituallamiento en su largo camino para tratar de tomar la ciudad de Roma (no lo lograron), en lo que se convirtió en la primera oleada vikinga por el Mediterráneo (858-861).

Habían partido de su campamento de Normandía (norte de Francia) y asaltaron A Coruña, Iria Flavia, Cádiz y Algeciras antes de alcanzar el sur de Alicante y hacer lo propio mediante una estrategia que se repetía y que tenía como propósito provocar el máximo pánico en la población local.

Aunque del ataque a Orihuela no queda constancia arqueológica, sí se conocen datos por escritos posteriores del historiador andalusí Ibn Hayyan y por varias menciones en las Sagas Islandesas del siglo XII, según ha relatado a Efe una de las comisarias de la exposición del MARQ, Teresa Ximénez.

Una vez que desembarcaban para tomar una ciudad, estos rubios guerreros hacían sonar a golpes sus escudos y quemaban todo a su paso para crear miedo y facilitar una rápida rendición, lo que les permitía volver cuanto antes a sus naves con el botín.
El arma predilecta de estos gigantes vikingos (tenían una estatura media de 1,70 metros por 1,50 de aquellos hispanos) era el hacha danesa, de mango largo y que cogían a doble mano, y también usaban espadas, lanzas y arcos, al tiempo que se protegían con escudos.

Apreciaban sobremanera la plata porque era su metal predilecto para las joyas y amuletos, muchos de ellos con la representación del martillo de Thor (Dios de la guerra), ya que era un pueblo de marcado carácter supersticioso.

El temor que despertaron estos ataques en el imaginario colectivo, unido a otros peligros del mar por los piratas y corsarios, provocó la creación de la primera flota naval por Abderramán II y una cierta militarización de la costa.

De esto último es ejemplo, según Ximénez, la rábita de Guardamar, fortaleza religioso-militar musulmana de entre finales del siglo IX y principios del X formada por pequeños espacios oratorios.

La falta de restos arqueológicos de lo ocurrido en Orihuela ha hecho que los responsables de la exposición hayan pedido algunas piezas coetáneas al Museo Arqueológico de Córdoba, como una celosía de mármol blanco, un capitel y diversas monedas de dirham de plata, las preferidas de los vikingos para fundir el metal y elaborar sus amuletos.

El apartado sobre el ataque oriolano ocupa la parte final de la tercera sala que compone la muestra, que está dedicada a la religión y las creencias, donde destaca una réplica de la famosa piedra de Jelling, a la que muchos ven como el símbolo del nacimiento de Dinamarca y que fue erigida en 965 por el vikingo Harald Bluetooth, cuya trascendencia ha servido para bautizar el conocido dispositivo actual de los teléfonos móviles.

FUENTE:
http://www.efe.com/…/el-olvidado-saqueo-de-or…/10005-2993935



2. Durante la Guerra de los Dos Pedros, entre las Coronas de Castilla y Aragón, los oriolanos tuvieron que recurrir al canibalismo para sobrevivir durante el sitio al que fueron sometidos.


El río Segura fue el escenario escogido para albergar los restos de aquellos soldados oriolanos que fueron degollados y descuartizados tras sobrevivir a una de las luchas más salvajes y sangrientas acontecidas en la Vega Baja en la llamada Guerra de los Dos Pedros.

Cuentan las crónicas que de 7000 habitantes tan sólo quedaron 500 y encima sus mujeres fueron entregadas a la soldadesca castellana que fue la que se alzó con la victoria comandada por Pedro el Cruel.

Pero en este episodio tan sangriento de nuestra historia es donde se demostró el valor y la fidelidad que los oriolanos tuvieron para el que ellos consideraban su monarca Pedro IV el Ceremonioso.

Dicho soberano, reconociendo la resistencia que los oriolanos opusimos al rey Pedro el Cruel nos concedió en el año 1380 el privilegio de la fidelidad.

Y gracias a él y a este relato de su mano conocemos de lo que los oriolanos tuvimos que hacer para sobrevivir:

Nos ni los nuestros pudiéramos ni pudieran en modo alguno
socorreros; empero, no por ello desmayó vuestro valor,
sino que haciendo de la necesidad virtud, después de haberos comido
para sostener la vida, los cueros de las bestias y perros y ratones y,
lo que es más repugnante a la humanidad,
los cadáveres de los enemigos que podíais coger.

De estas palabras que el rey nos dedicó para ensalzar nuestro honor como defensores salió uno de los lemas que orlan nuestro escudo y que acompaña al pájaro del Oriol:

Semper prevaluit ensis vester
(Siempre prevaleció vuestra espada)



3. El Rey castellano, Pedro II el Cruel, tomó el castillo de Orihuela a traición asaeteando a su alcaide Juan Martínez de Eslava, cuando volvía a la fortaleza después de un parlamento.

Emulando el heroísmo de Sagunto y Numancia, Orihuela se personifica y se inmortaliza en la insigne figura de D. Juan Martínez de Eslava, alcaide del Castillo que murió asesinado cobardemente por la felonía e inhumanidad del rey Castellano.

Pues supo estar al frente de la ciudad de Orihuela ante el cerco al que fuimos sometidos por las tropas de Pedro El Cruel, proclamando Pedro IV de Aragón la pura fidelidad y la extrema valentía de aquellos oriolanos que resistieron por largos años el asedio del terrible invasor.

Nombran las crónicas de los tiempos del Rey don Pedro IV de Aragón a Juan Martínez de Eslava, que siguió fielmente la voz y causa de ese monarca en la unión de Aragón y Valencia, por lo que el citado don Pedro IV le hizo merced de la gobernación de Orihuela, donde pronto fue menester su valor para defender la plaza contra el ataque del Rey de Castilla don Pedro I, “el Cruel”, que la combatió infructuosamente.

Volvió, sin embargo, el Monarca castellano por segunda vez, y con un poderoso ejército, a sitiar la ciudad y castillo de Orihuela, pero comprendiendo que mientras defendiese la plaza Juan Martínez e Eslava no conseguiría conquistarla, hizo llegar a sus puertas “un trompeta con bandera de seguro, y que en su nombre se dijese al gobernador quisiese venir a parlamento con él en su tienda, que tenía que practicar cosas del beneficio común. Aseguráronle mucho la salida a Juan Martínez de Eslava unos caballeros vasallos del Rey de Castilla, y con eso salió a ver qué le quería; mas como era (don Pedro I) de ánimo cruel, tenía puestos dos ballesteros en cierto puesto y dada orden que en llegando el gobernador cerca de su tienda, le tirasen y matasen, como en efecto lo hicieron, por donde hubo de rendirse el castillo”.

Dio el combate á Origuela Jueves á 30 del mes de Mayo de este año, y los de la Villa se defendían muy bien; y fue muerto en aquel combate un gran Cavallero de la Andalucía, que se decía Don Alonso Perez de Guzmán.
Dentro de ocho días se dieron los de la Villa , y combatiose el Castillo con toda furia, y al fin se hubo de rendir á partido.

Por cuanto durante el cerco de doce años , recibisteis inmunerables daños , por haberos talados los campos, guertas y árboles, y arruinado todo el término, y haberos muerto los mas de vosotros, que de seis, ó siete mil que érades, parte murieron peleando,  y otros en poder del mismo Rey presos, con ásperos, y nefandos linajes de muerte los acabó, de manera, que apenas quedaron seiscientos; y aunque no fue menor el daño que les hicistes, en fin huvo de venir en poder de ellos la Villa, y los que quedastes en ella; por ende. Fué dado este privilegio en Barcelona á á 18 de Julio, año 1380.

Tomada la Villa; combatiose el castillo, que era uno de los mejores y mas bien labrados que había en España. Estaba en su defensa Juan Martinez de Eslava, un caballero muy principal, y valiente, y rico hombre de Aragon. Entendiendo el Rey de Castilla, que de solo su valor, y consejo dependía la defensa de aquella fuerza, hízole llamar á trato para hablar con él; y sieno asegurado por algunos Cavalleros, saliendo fuera á la había, estando el Rey en una estrada encubierta, dos Ballesteros que tenía consigo le tiraron dos saetas, y fue herido en el rostro malamente. Viendo la gente del Castillo, su Alcaide, sin esperanza de vida, confusos, y tristes, en efecto rindieron el Castillo á partido, y á pocos días murió Juan Martinez de Eslava de la herida; y aun huvo sospecha , que cohechados los Cirujanos por el Rey de Castilla, echaron ponzoña en la llaga, con que muriese. El Rey Don Pedro de Castilla reparaba tan poco en el modo, que como él se pudiese señorear de sus enemigos, no consideraba si el trato era honesto. Ó no; solo quería hacer menos sus contrarios, sin tener respecto a justicia, ni razón; causa del odio general con que era aborrecido.

Viendo inútiles sus ataques, pidió y obtuvo una entrevista con el gobernador Eslava,a guisa de tratar unas treguas, ofreciéndole las seguridades que reclamó para llegar al campamento. El bravo valenciano, confiando en la palabra del rey, salió con efecto de Orihuela; pero al entrar en el punto señalado para la conferencia, fue herido a traición por dos ballesteros que el rey había hecho apostar con este objeto. Eslava no murió en el acto, porque las heridas que había recibido no ofrecía gravedad; pero falleció, sin embargo, á pocos días, con sospechas de que el mismo rey mandó a los cirujanos, que las envenenasen.



4. En 1707, cayó un rayo en el polvorín del castillo, muriendo en la explosión más de 80 soldados del Regimiento de Madrid que formaban parte de la guarnición borbónica.

Cómo hemos ido a parar de tener uno de los castillos más bellos y esplendorosos de la Península Ibérica (según cuenta el cronista Jerónimo Zurita en el siglo XV) y del que destacaba también su inexpugnabilidad, amplitud y grandeza a las pocas ruinas que nos quedan hoy.

Una fortaleza que se batía con los cielos y que ofrecía una visibilidad estratégica absoluta desde donde estaba erigido.

Durante la Guerra de Sucesión en la que Orihuela era en principio partidaria de Felipe V pero luego de Carlos III por el apoyo del Marqués de Rafal , después del saqueo del cardenal Belluga, concretamente el 28 de mayo de 1707 a las 8 y media de la mañana un siniestro rayo cayó en el lugar en donde antaño se retenía y torturaba a los prisioneros, la mazmorra, pero que en esos tiempos albergaba unos cuantos barriles de pólvora.

La explosión fue espectacular y parte del castillo voló por los aires.

De los 90 hombres del regimiento de Madrid que estaba de guarnición sólo se encontraron 23 cuerpos completos.

El resto, los 67 restantes en forma de almas en pena aun vagan por la sierra de Orihuela buscando las partes de su cuerpo que perdieron en la explosión.



5. A principios de los años 60 del siglo XX se propuso un proyecto para erigir un Sagrado Corazón de Jesús en el castillo, a imitación del de Monteagudo.