jueves, 27 de octubre de 2016

Relatos de Ruta VI: Mi vida no es como las demás


Este es un testimonio curioso de una persona especial que vino a una de mis rutas.

Algunos dicen de ella que es un gran ángel de luz.


A mí me parece muy curioso, pero no daría mi brazo a torcer de que se tratase de fenómenos paranormales. Aun así, lo publico en el blog en honor a ella.

Dedicado a María José.

Estas son algunas de las cosas extrañas que han pasado en mi casa:

Un día que me encontraba sola en el comedor, escuché el ruido de los platos que estaban en la cocina secándose. 

Como si se moviesen empujados por fuerzas invisibles.

En otra ocasión, me encontraba concentrada en el estudio de unas materias pues tenía examen al día siguiente.
Yo estudio en mi escritorio y junto a él hay una mesa auxiliar con unos simpáticos peluches.

El flexo estaba apagado porque en ese instante estaba usando la luz principal de la habitación.

De repente, el flexo se encendió solo y me pegó un gran susto.

En mi cuarto había un tocador en donde en una ocasión dejé posado un papel.

Escuché un curioso sonido y al levantar la vista pude observar con mis propios ojos que la hoja de papel salió volando y caía al suelo sin que hubiese ningún tipo de corriente de aire pues estaba la ventana cerrada.

Recuerdo que esto ocurrió el año pasado por estas fechas, muy cerca de Halloween.

Lo más terrorífico que me ha pasado es el haber escuchado claramente como alguien susurra mi nombre.

Me iba a buscar a mi madre para preguntarle y ella siempre me contestaba que no, que ella no había sido.

Una vez, estaba hablando por video llamada con el Skype, la persona que estaba al otro lado de la línea me dijo todo extrañada que en mi casa estaban pasando cosas muy raras, pues desde su monitor, estaba viendo claramente como los posters que tengo puestos en la pared, se movían solos.

También me ocurren fenómenos en mi casa de campo.
Una ocasión, me quedé allí a dormir y pude ser testigo del fenómeno conocido como parálisis del sueño o como dicen en Hispanoamérica, “Se me subió el muerto”.

La segunda vez que me pasó este hecho, oía claramente en estado de sueño, como unas voces me ordenaban que tirara a la perra por el balcón.

Desperté entonces aterrada e intenté moverme pero algo me lo impedía, no era capaz de realizar movimiento alguno.

Cuando conseguí calmarme un poco y dejar pasar un tiempo prudencial ya pude continuar con mi vida normal. Fui a ver a mi perra y estuve acariciándola con cierto temor.

También he tenido mis más y mis menos con los llamados viajes astrales.

Recuerdo una vez que estaba dormida y mi cuerpo dejó de serlo. Me sentí por los aires y pude escuchar claramente la música que salía de la radio.

Luego de golpe, regresé a mi estado normal y con una sensación de vértigo me desperté sudorosa. Esto fue en el 2014.





Relatos de Ruta V: La Casa Abandonada de Salamanca


Parece cierto, cuanto más pequeño, más sensible ante los fenómenos paranormales.

Algunos niños, desde que nacen tienen un comportamiento que a veces nos asusta o nos deja fuera de sitio.

Es como si vivieran una realidad paralela alternativa a la que nosotros somos completamente ajenos.

Pero eso no implica que no vivan unas experiencias de lo más anecdóticas.

Dicen que hasta los siete años de edad, los niños no son capaces de distinguir las fantasías de la realidad. Que justo a esa edad se produce lo que científicamente se llama la Ruptura Sináptica.

El momento a partir del cual se empiezan a vislumbrar las cosas reales como tales e ir dejando atrás todo aquello que suena o se considera fantasía.

Pero olvidamos que no todos somos iguales, que hay niños que lucen una sensibilidad superior a la de otros niños.

Estos niños, cuentan relatos, historias a las que no damos crédito porque nuestro raciocinio o nuestra objetividad impiden que admitamos como reales.

Uno de estos niños, en esta caso niña, tuvo una experiencia que tanto le llamó la atención en su edad temprana, que nunca lo ha podido olvidar, y ella misma lo relata en su blog.

Da gusto saber que uno va creando escuela y que inspira a los que vienen detrás de ti a compartir sus propias experiencias con lo misterioso. Tengo como ejemplo a esta chica, joven que inicia sus primeros pasicos por el mundo de lo desconocido, y que habiendo caído en las redes de una de mis Rutas del Miedo, y aficionada a leer las historias que yo relato en mi Blog, se ha atrevido a iniciar ella sola, junto con María, este proyecto de Blog en Internet que trata sobre este tipo de temas. La animo a seguir adelante y por supuesto le pido permiso para poder extraer su historia y publicarla en mi bitácora. ¡Gracias Elena! ¡Gracias María!


Pues bien, esta chica nos cuenta de algo vivido que a más de uno le resultará sorprendente y terrorífico a la vez.

Fascinada desde siempre por el tema de la muerte, la reencarnación y la vida eterna, esta chica, recuerda una anécdota que le ocurrió en la población de su tío, un pueblo de Salamanca, en una de las casas antiguas que hay junto a la vieja ermita.

Un día, que caminaba junto a la mencionada casa, le pareció observar a una mujer de unos cuarenta años de edad vestida de blanco con encaje largo y que no llevaba calzado luciendo unos pies descalzos que parecían deslizarse por el suelo como si fuera una aparición.

La ropa era extraña, como de una época pasada a la que ella no tenía acceso mentalmente.

Ojos verdes y el pelo de un color marrón rojizo.

Acudía con curiosidad todo lo que podía a esa casa para contemplar el fenómeno y la veía pasar de una habitación a otra, llegar al patio que estaba junto al huerto de su tío donde destacaban los hermosos tomates colorados.

Era una sensación de miedo a la vez que de curiosidad. Pero le encantaba, se encandilaba mirándola en su eterno paseo sabiendo que en aquella casa no vivía nadie, que nada había en su interior. 

Tan solo aquella huella del pasado que vivamente se reflejaba sobre las pupilas de sus ojos.

Tiempo ha pasado desde que ella veía aquella cosa hermosa.

Ahora, siendo un poco más mayor, sabe que los cuentos de fantasmas son sólo eso, historias que se inventan para asustar a los más miedosos, ancianos y a los niños.

Pero ella un día fue testigo de lo extraño, y no piensa olvidarlo nunca.




Relatos de Ruta IV: Los Zapatos de Charol


En el Camping del Moncayo entre la Mata y Guardamar se acampaban antiguamente  los tres meses de verano.

A mi suegro le gustaba alojarse cuando apretaba el calor allí.

El camping tenía unos baños y unas duchas normales. Pero los baños principales estaban bajando a la playa.

Y lo que pasó es que una noche que íbamos paseando en grupo quiso uno de los nuestros bajar a orinar a aquellos aseos: (Empieza a relatar la mujer)

Chico, de noche, ahí a oscuras y tan alejado, a la orilla de la playa, ya son ganas.

Pero como es cabezón como él solo, así que tiró para adelante.

Estando dentro de los baños, sabes tú que tienen la puerta por la mitad. Que no llegan hasta abajo del todo.

De momento, oye como unos zapatos, hacer ruido. 

Claro, piensa: ¿Quién se viene a la playa, a un camping con zapatos en pleno agosto?

Y a eso que los vio pasar bien limpicos por debajo de la puerta, todo brillantes que parecían zapaticos de charol. Brillantes, brillantes.

Da paso al relato de su marido:

Me espero a que salga, pasa el tiempo, no sale nadie, me decido a tocar la puerta por si le queda mucho.

Veo como los zapatos se dan la vuelta y se meten para adentro por donde están las duchas.

Me quedo pensando, ya saldrá, ya saldrá. Pero allí no salía nadie.

Entonces, me decido, entro con precaución, y allí no había un alma.

Al fondo las duchas y luego todo cerrado, que era imposible que alguien saliera por otra parte, la única salida era pasando por donde estaba yo.

Y allí no había nadie. Y seguramente nunca lo había estado. Por lo menos vivo.






Relatos de Ruta III: Saludando a Fulanico



Mira, nunca he llegado a ver un ladrillo volando delante de mí y es algo que pongo como ejemplo que me gustaría poder contemplar, por decir algo. –Dice el marido.

Pero sí te digo que a veces los he llegado a ver además de sentirlos.

Se me cambia hasta el color de los ojos, los pelos de la nunca se me erizan y siento un escalofrío.

Incluso en ocasiones, estando en contacto con mi mujer le he traspasado la capacidad de observarlos a la vez que yo.

No sé si llamarlo don o maldición, el caso es que yo mismo, me encantaría saber cómo o porqué a veces soy capaz de verlos.

Eso sí, a mí, jamás me han hecho nada malo.

Te voy a contar una cosa curiosa que nos ocurrió una noche que veníamos acompañados de otra pareja. –Empieza a relatar la esposa:

Nosotros estábamos metidos en una comparsa de los Moros y Cristianos de Orihuela que se llamaba Los Realistas  y que estaba por la parte de dentro. Ya sabes que antes la mayoría de comparsas estaban en la zona del Rabaloche.

Subíamos un viernes por la noche a la reunión de los moros.

Desde el paseo pa arriba andando.

Con otra pareja más. Ellos por delante y nosotros los seguíamos a escasa distancia.

Y a la altura un poco más alejado de Monserrate, vemos a un amigo.

¡Chico, cuanto tiempo sin verte!

Nos ponemos a charlar y le dice mi marido, te presento a mi mujer.

Le doy dos besos al chico. Y estuvimos por lo menos diez minutos hablando con él.

Y cuando echamos a andar, la otra pareja esperaba de pie.

Entonces, se acercan nuestros amigos y nos dicen:

¡Qué!, ¿Qué estáis haciendo?

Es que nos hemos parado un momento para saludar a Fulanico.

Qué cojones Fulanico, si hace tres meses que está muerto. Aún no hemos llegado a la comparsa y los locos estos ya van peo.

¿Pero qué estabais haciendo de verdad?

Pues hablando con un amigo de mi marido.

Pero qué amigo, si ahí no había nadie, os veíamos moveros solos haciendo gestos como si hablaseis con alguien pero no había nadie.

Pues yo he hablado con un hombre, lo he saludado e incluso le he dado dos besos. Lo he visto Igual que estás tú aquí delante.

Anda, anda, vamos pa´lante que estáis locos.

Aquellos nos tomaron como dos lunáticos pero yo tengo en mi recuerdo que una noche besé a un aparecido.





domingo, 23 de octubre de 2016

FICCIÓN: Lugares Malditos de Orihuela. 3. La casa del río


Como si de una película de terror de Hollywood se tratase esta historia demencial se produce en la ciudad de Orihuela,

A un lateral del río Segura hay una casa abandonada que esconde una historia oscura y cargada de detalles sombríos.

Un grupo de adolescentes, estaban buscando una forma de establecerse en una vivienda para utilizarla como club.

La pandilla, formada por jóvenes, la mayoría estudiantes, no podían permitirse pagar un alquiler por una vivienda que les sirviera en sus propósitos, así que decidieron buscar alguna casa abandonada cercana a su hogar para ocuparla sin que nadie fuera molestado.

En una ocasión, pasaron cerca del río y un lugar tétrico y bastante descuidado les llamó poderosamente la atención.

Aquel día, eran sólo una avanzadilla, una chica y varios muchachos.

La vivienda se mostraba majestuosamente ante sus ojos, justo pegada al borde del río.

Con un acceso que no era difícil pero que podía resultar peligroso por la cercanía del río, en una parte en donde no hay ninguna protección como una valla que los protegiera ante posibles caídas al agua.


Con mucho cuidado, atravesaron una gran verja de hierro pintada de rojo que no presagiaba nada bueno.

Se asomaron por la ventana y contemplaros enmudecidos un lugar desierto de toda vida pero en el que aún quedaban casi todos los muebles.

Eso sí, devastados por el paso del tiempo y con la indeleble huella de grandes desconchones en las paredes y ciertas partes ennegrecidas como testigos de una calamidad ocurrida en aquel lugar.

Encontraron una parte por la que pudieron acceder al interior.

Pensándoselo mucho, pues el lugar se las tría consigo.



Penetraron dentro de la vivienda y ayudados tanto de la luz del sol como de las luces que salían de sus teléfonos móviles, se pasearon por allí para ver qué clase de tipo de reforma necesitaban hacerle para que aquello resultase habitable para sus fines.

Llegaron a una habitación que les hizo estremecerse, pues arriba de una viga, quedaba colgada una soga a modo de horca.

Muy cerca, una mesa de madera con caracteres tallados a mano a modo de tabla Ouija, como prueba de que aquel lugar había servido también para otras cosas.

Se acercaron y empezaron a bromear con la cuerda una vez superado el susto.

El más valiente de ellos, se atrevió a descolgarla.

Pero alguno de aquellos chicos ya había sentido el pánico al contemplar aquella visión tan siniestra y se dejaron llevar por el ambiente macabro.



Entre los muchos objetos que había por el suelo, encontraron documentos de varios bancos con avisos de pago que reflejaban en la escasa luz que quedaba los nombres de varios de los dueños que habían vivido allí.

La chica, se agachó para agarrar lo que le pareció un pequeño libro.

Le resultó familiar y a la vez interesante.

Era como uno de esos pequeños diarios que se usaban en el siglo XX cuando aún existía la moda de escribir tu vida y que era muy célebre entre las adolescentes enamoradizas que manifestaban en ellos sus inquietudes y aventuras amorosas.

Se guardó el libro y decidió que más tarde le echaría una ojeada.



Contentos con el hallazgo, creyeron ver allí su futuro establecimiento, el lugar en donde habrían de adecentar su nuevo proyecto, un sitio donde pasar el rato jugando con los amigos, charlando, fumando y lo que se prestase.

Salieron pues de allí con una sonrisa en los labios a pesar de la ardua tarea que les quedaba por hacer.

Aún permanecieron un buen rato juntos y luego se marcharon cada uno a sus casas.

La chica, cuando tuvo un hueco libre, sacó el libro y decidió que tenía que empezar a leerlo.

Algo en aquellas hojas sucias y envejecidas por el paso de los años y la humedad la atraía hacia su profunda lectura.

Las primeras páginas del libro le impresionaron bastante.

En el manuscrito, se relataba la vida de la última habitante de la casa, una persona atormentada que veía pasar el tiempo con ojos desconsolados.

Hablaba de manera terrorífica de sucesos poco claros y muy extraños que se producían en la casa y que habían acompañado a todos sus anteriores dueños.

Aseguraba el diario, que algunos de los que habían vivido allí, habían acabado sus días suicidándose, otros en extraños accidentes.

Todo lo que había pasado en aquella casa sonaba inquietante y muy triste.

Relatado como si una novela de Lovecraft se tratase.

En donde solo penurias, crímenes, muertes violentas, incendios, golpes en la noche, voces fantasmales y sombras nocturnas fueran el pan de cada día de la vida cotidiana de los sujetos que estuvieron allí morando.

Así llegó hasta la última parte.



Unas pocas líneas avisaban del futuro proyecto que tenía pensado el autor/a de aquella macabra obra siniestra.

Hablaba de quitarse la vida.

Quizás, para eso había servido aquella soga que poco antes bailaba al son del ritmo de una invisible flauta de hueso tocada por las manos estériles y huesudas de la propia muerte.

Le contaron al resto de los amigos el hallazgo que habían realizado.

Pocos días después, intentaron volver a la casa un grupo mayor de personas.

Pero se toparon con que alguien, quizás el ayuntamiento, había tapado todos los accesos y cerrado todos los huecos para que nadie volviese a entrar en aquel sitio.

Un día, del año 2016, fui yo el que me tropecé con los muchachos.

Me dirigía a realizar una caminata por la ciudad para ponerme en forma cuando pasé por una calle en donde vi a una pareja que pasaba el rato charlando.


Sentados en un banco comenzaron a conversar conmigo por pura casualidad y me relataron todo cuanto conocían sobre aquel lugar.

Fui anotando mentalmente los detalles y decidí que tenía que ir a echar un vistazo y realizar algunas fotografías.

Hablamos de cómo conseguir el diario, pero resultó que la chica que lo había encontrado y leído, la misma que por su propia boca me lo estaba contando, se lo había dejado a una amiga y que por circunstancias de la vida, mantenían una rabiosa riña entre ambas y se negaba a volver a hablar con ella.

Acabamos haciendo un pacto, debían de buscar la manera de recuperar el diario a través de otra chica de la pandilla y a la espera quedé.

Me di un garbeo en busca del caserón y creí encontrarlo. 

Realicé alguna toma con la cámara del teléfono y volví para enseñarles las fotografías de lo que había retratado, para estar seguro de no haberme equivocado de casa.

Evidentemente, no era la casa que ellos decían, por unos metros.

Cuando los volví a ver de lejos, advertí que el grupo había crecido. 

Ahora eran muchos más.

Ya era de noche y algunos de ellos se mostraron muy amables al ofrecerse como guías.

Me fui con dos de ellos hacia la casa.



Cierto fue todo lo que me habían contado.

El lugar era siniestro y lúgubre.

Y además en aquellas horas de escasa a luz, parecía mucho más terrorífica que a plena luz del día.

Los dos muchachos, decididos, sacaron sus teléfonos móviles y usándolos a modo de linterna me mostraron todos los detalles con la descripción más acertada que pudieron darme.

Quedé impresionado por el ambiente que se respiraba en la zona.

Después de una mirada que fue todo menos fugaz, decidimos que ya no había nada más que enseñar.

Entonces cuando nos disponíamos a regresar, fue cuando uno de ellos se percató de lo extraño y a la vez fascinante que quedaba una huella de mano sobre la nevera.

Me puse a hacer fotografías y curiosamente la huella se veía como si fuera tinta fosforescente sobre la pared lisa de color blanco esmaltado del frigorífico.

Y de momento esto es todo lo que tengo sobre este sitio.

Así que es ahora cuando empieza la verdadera investigación.

Sigo a la espera de que algún día se pongan en contacto conmigo y me dejen ver el famoso diario.

Sería un puntazo tenerlo y mostrarlo en una de las Rutas.




IMPORTANTE:
Por favor. Todos los lugares que aparecen en mi Blog son muy peligrosos. Están en ruinas y a punto de desplomarse o tienen un acceso con mucho peligro. No quiero que nadie se acerque nunca a uno de ellos. Podéis ver las fotos que acompañan cada entrada. Y si algún día pasáis junto alguno de los sitios mentados, miradlo de lejos. POR VUESTRA SEGURIDAD.

Relatos de Ruta II: Ayuda desde el más allá


Las Rutas del Miedo a veces nos traen sorpresas.

Pues en ese ambiente tan agradable que se produce en ocasiones, la gente se anima a contar sus propias historias y experiencias.

Este es el testimonio de uno de los ruteros que nos acompañó en una de mis rutas y que fue  protagonista principal de un misterioso hecho que a continuación os voy a relatar.

Antiguamente, la mayoría de las comparsas de la fiesta de la reconquista de Moros y Cristianos de Orihuela estaban situadas en el Rabaloche.

En la parte donde está el Oriol, enfrente, había una que ocupaba bastante sitio.

Fue un chico el viernes de fiesta por la tarde a recoger su moto después de trabajar.

Le quitó el candado con cadena que la llevaba sujeta para que no se la robaran y entonces se dio cuenta de que algún gracioso de la comparsa le había puesto un cable 
enganchado y se vio en el apuro de que no podía quitarlo.

Lo intentó una y otra vez, pero no consiguió liberar la moto de aquel cable grueso.

Entonces pasó por allí un coche.

En el interior del coche un amigo suyo al verlo trajinando le preguntó que le pasaba y que estaba haciendo tan sulfurado.

Primero se alegró porque llevaba mucho tiempo sin saber de aquel que le hablaba desde el coche y luego le explicó lo que estaba pasando, que no podía irse a su casa porque algún listillo le había enganchado la moto con un cable y que no había manera de sacar la moto de allí.
- Mira, yo me tengo que ir, pero sube a mi casa y dile a mi padre que detrás de la puerta principal hay una cizalla, dile que te he dicho yo que te la preste para cortar el cable y ya te podrás ir.
Se despidieron y viendo alejarse el coche se dirigió a la casa donde vivía el padre de su amigo y tocó a la puerta.

Le abrió un hombre entrado en años vestido de negro con el rostro entristecido que inmediatamente lo reconoció y se saludaron.
- Hola, ¿te acuerdas de mí? Soy Juan el amigo de tu hijo. Es que me he quedado ahí abajo tirado con la moto que no puedo moverla porque algún gracioso de la comparsa me la ha enganchado con un cable. Ha pasado tu hijo y me ha dicho que viniera a pedirte la cizalla para que lo cortara. Déjamela un momento y ahora me paso con la moto y te la devuelvo.
El padre se quedó sin palabras al oír mencionar a su hijo. Su cara pálida ya de por si se puso más blanca.
- Es que yo no sé donde están sus herramientas. -Dijo el hombre con el rostro demacrado por el dolor.
- Me ha dicho que está detrás de la puerta principal.
El fatigado progenitor dudó un instante y luego reaccionó, buscó detrás de la puerta como este le había dicho y era cierto, la cizalla estaba allí. Se la prestó sin abrir la boca y esperó pacientemente a que el otro regresara sin añadir más palabra.

Bajó el chico con la cizalla y al llegar a la altura de la moto, cortó el cable, liberó la moto y se fue a devolver la herramienta.

Volvió en busca del padre de su amigo, le dio las gracias y se despidió de él.

Pasados dos días, el chico se fue a un bar a tomarse una cerveza y se puso a charlar con los amigotes.

Les relató lo que le había ocurrido días antes con la dichosa moto.
- Pues sí, el viernes cuando iba a coger la moto…
- ¡Qué bordes!, -le respondieron los que le rodeaban.
- Sí, pasó mi amigo Pepe Cañizo y me dijo tal cosa y…
- ¿Pepe?, ¿el hijo de Antonio el Morral?
- Sí, ese mismo. Fue el que pasó con el coche y me dijo que le pidiera a su padre la cizalla.
- Pero si ese chico se mató hace dos semanas en el túnel con su coche. ¿Cómo dices que lo viste el viernes?
Todos callaron y no volvieron a comentar el tema.






sábado, 22 de octubre de 2016

FICCIÓN: Lugares Malditos de Orihuela: 2. La calle del ladrón de almas



Casi nadie lo conoce, pero cuentan de un lugar de Orihuela, que por las noches un visitante indeseado hacía su aparición.

De aspecto terrible, las personas que han sobrevivido a semejante espanto, muestran todavía hoy día las huellas de su dolor.

Unas marcas como de arañazos en diversas partes del cuerpo.

La cicatriz ha quedado eterna sobre su piel.

Este lugar terrible era visitado por un ente alargado de aspecto siniestro que vestía siempre de ropa oscura, como si fuese de luto riguroso o estuviese embutido en una túnica negra. que con sus frías y alargadas manos blanquecinas robaba el alma de nuestros seres más queridos.

Parecía una mujer mayor vestida de luto riguroso –me dice la testigo.

Mira, aún me queda este recuerdo de cuando vivía allí y me atormentaba por las noches.

La mujer, se baja un poco la blusa por la espalda y me enseña unas marcas en forma de arañazos cuyo origen me asegura provenían de las garras de aquel ser monstruoso que la visitaba dormida cada noche mientras permanecía en su antigua vivienda.

Así fueron sustraídas las pequeñas almas de varios niños inocentes.


La única casa afectada que queda en pie

Las crónicas documentan la muerte de 5 niños, algunos con apenas unos días en extrañas circunstancias. Muerte súbita diríamos hoy.

Pero los habitantes de aquel lugar saben que fue por otros motivos más tenebrosos.

Cuando hicieron la obra, el colegio que hay actualmente, El Oratorio Festivo, le ofreció a los vecinos que entregaron sus casas, una cantidad de dinero que algunos se negaron a aceptar.

Sólo querían salir de ese sitio y empezar una nueva vida alejados del misterio y de los horribles sufrimientos y malos recuerdos que dejaban para siempre en aquel lugar maldito.

Las camas, los cuadros, los sillones y sillas, todo se dejó allí.

Algunas vecinas, acudían a un sacerdote pidiéndole auxilio, pero el cura no las creía y las trataba de locas.

Determinados objetos de las viviendas, como por ejemplo un cuadro en concreto, se lo encontraban por los suelos cada mañana al pasar por una de las habitaciones en donde habían dado luto a sus niños fallecidos.

El cuadro aparecía en el suelo sin ningún tipo de marca, era colocado en su sitio y al día siguiente volvía a aparecer otra vez en el suelo. Curiosamente sin romperse.

Una de las familias llegó a sentirse muy asustada y le cogió pánico a la habitación en donde se producía dicho fenómeno.

Por las noches, las viviendas afectadas lucían todas sus luces encendidas por el temor a quedarse a oscuras, creyendo que de esta forma espantarían al intruso.

Aquí se originó el fenómeno

Pocos días antes de abandonar una de las casas, que lamentablemente fue derribada en la zona donde ahora está el campo de fútbol del colegio, se originó un fuego en extrañas circunstancias cuyo origen no puedo explicar ninguno de los bomberos que acudieron a sofocar las llamas.

Una curiosidad más:

La mayoría de los bebés que fallecieron en este lugar habían nacido durante el mes de diciembre en diferentes años como se puede comprobar en sus partidas de nacimiento.

ACTUALIZADO 4/11/2016:

Una persona que participó en una de las famosas Rutas del Miedo, me relata que cuando era pequeña conoció una casa que estaba situada justo en el lugar del que estamos hablando en el Blog.


Iba de acompañante de su tía que estaba viendo casas para comprar y esa se la ofrecieron a buen precio. 

Curiosamente, yo aún no se lo había mencionado.

Me cuenta, que desde siempre, tiene un sueño que se le ha ido repitiendo durante toda su vida y que parece acompañarla como un aviso eterno de peligro.


Ve en su sueño, la casa emplazada justo donde ahora está el campo de fútbol y me la describe con un gran patio interior que no puede borrar de su memoria.

Incluso esa misma semana ha soñado con ella.


A principios de año me pasé por ahí, escamada por los extraños y repetidos sueños e intenté ubicarla pero no pude. 

Sé que estaba ahí pero no el lugar exacto.

miércoles, 19 de octubre de 2016

FICCIÓN: El árbol del ahorcado


Es la primera vez que escribo un relato inspirado en las sensibilidades de una amiga que he conocido gracias a la Ruta del Miedo.

Esta persona (según ella) tiene una especie de poder, de don que la hace visible para lo que ella llama los entes del más allá.

Hace poco, me mandó una fotografía de un punto del llano del Seminario en donde ella cree detectar una serie de energías de seres que claman su atención.

Y este es el relato que he podido tejer con sus palabras mientras me escribía en el mensajero de Facebook.

Pido por favor que si alguien sabe algo relacionado con esto que me lo haga llegar para verificar su exactitud.

Y si alguien tiene cierta sensibilidad y pasa por este lugar, que se deje llevar para ver si su apreciación coincide con la de mi amiga.

Por supuesto, se lo dedico a ella:

Por un lugar olvidado de la mano de Dios se escuchan los gritos de angustia de un alma en pena que habiendo vivido más de trescientos años atada a este rincón, aguarda con impaciencia que alguien la libere.

Está esperando en este sitio marcado en la fotografía.

Con su traje largo de color púrpura y negro y con el cabello castaño llora todavía la insolencia con que fue sacudida el día de su muerte.

La violencia con la que aconteció su muerte la dejó atada para siempre a este lugar maldito.

Su tez blanquecina destaca bajo el ala del sombrero que lleva sobre su cabeza.

La envuelven extrañas energías negativas.

Todos los que pasan por ahí sienten como una parte de sus fuerzas se desfallece, pero es tan poquita energía la que roba cada día a los visitantes que nadie le presta atención.

En ese mismo lugar hay sombras que aún yacen colgadas de las ramas del árbol que algún día estuvo allí.

El viento balancea los cuerpos de los ahorcados mientras las horas trascurren sin prisa y con cierta dejadez.

Uno de esos cuerpos llama la atención.

Es un chico joven moreno vestido de blanco que acabó sus días ahorcándose para acallar los dolores de su sufrimiento amoroso.

El resto de cuerpos pertenece a personas que murieron violentamente bajo las maliciosas manos de aquellos que les deseaban el mal.

La mirada del chico de blanco es triste y a la vez orgullosa.

Es difícil lucir con orgullo su condición sexual en una época en la que estaba mal visto y penado.

Sufre de amor no correspondido de otro hombre.