domingo, 25 de octubre de 2015

Psicofonías realizadas en el cementerio de La Murada 25/10/2015



Desde pequeñitos nos han contado una historia macabra con la que pretenden meternos miedo.
Dicen los más viejos del lugar que cuando el mes de noviembre está próximo si te acercas mucho o si tienes la mala suerte de vivir cerca de un cementerio, por las noches podrás escuchar como los muertos te silban en el oído.

Por supuesto esto no son más que tonterías que se cuentan para asustar a los más miedosos.

¿O no?

Esto es un experimento psicotónico realizado la noche del día 25 de Octubre en el cementerio de LA MURADA.

El proyecto se compone de 6 audios.
No todos ellos tienen un contenido interesante pero alguno de estos lo cierto es que tienen un algo que os pondrá los pelos de punta.

Para no influir en la mentalidad de aquellos que os atreváis a escucharlos no os voy a dar ninguna descripción.

Lo voy a dejar todos en vuestras propias manos y ya luego me vais comentando en el blog lo que creéis escuchar.

Pido perdón con antelación por la mala calidad de los audios ya que estos han sido realizados con el teléfono móvil.
Eso sí, he utilizado una aplicación que graba a la máxima calidad y en formato WAV 16 Bit y 44 Khz.

Después los he pasado al ordenador, los he normalizado para que se escuchen a un volumen más alto y lamentablemente los he tenido que comprimir en MP3 a 320 Kpbs para poder subirlos a IVOOX.

Aún así espero que podáis escuchar con todo detalle lo que parece o lo que yo quiero creer que parece que se escucha.


martes, 20 de octubre de 2015

El oriolano que vio 2 Ovnis




Siguen las investigaciones y hoy le ha tocado el turno a un simpático anciano vecino de mi lugar de trabajo.
Hablando de otro tema no sé como hemos acabado charlando de estas cosas y me ha relatado este hecho real que le ocurrió por los años 50 que suena bastante interesante y que tendremos que investigar.
Esto es lo que me ha relatado con brevedad:

Yo no he vivido siempre en Orihuela.
Antes vivía con mi familia en Murcia.

Mi madre tenía un puesto fijo en un oscuro rincón en donde vendía prensa para ganarse algunas pesetas con las que poder ayudar a lo que aportaba mi padre que era repartidor.
Así que toda mi familia estaba metida en el mundo de la prensa.

Nos hacían levantar a mi hermano menor y a mí con tan sólo 10 años antes de las 5 de la madrugada para que fuéramos a La Verdad a recoger la prensa y que mis padres pudieran empezar a trabajar cuanto antes.

En aquellos tiempos, el más madrugador era el que ganaba la partida porque al tener en su poder los periódicos antes que los demás podían escoger el mejor sitio para venderlos y por lo tanto se vendían con más rapidez y antes nos reuníamos en casa.

El hecho ocurrió una de esos días que mi padre nos mandó a mi hermano y a mí a por los periódicos a las 5 de la madrugada.

Cuando llegamos a la altura de la Plaza del Cardenal Belluga nos sorprendió allá en lo alto una enorme luz verdosa que fue iluminado la plaza y después desapareció.

Fue un visto y no visto. Como si una aeronave pasara por encima de nosotros muy rápido.

No recuerdo ahora si hizo ruido o no.

Nunca supimos que fue aquello pero lo recuerdo tan vívidamente como si hubiera ocurrido ayer.

Nos pasamos varios días hablando sobre el tema y preguntando a más gente pero nadie más fue testigo del avistamiento pues nadie pudo confirmárnoslo.
También miramos en los periódicos durante bastante tiempo y nunca llegamos a leer nada sobre el tema.

Pero este no es el caso más espectacular que he vivido.
Puedo contarte otro que me llamó mucho más la atención.

Este otro hecho ocurrió en Vélez Rubio.

Mi casa está a 6 kilómetros de Vélez Rubio. Se podría decir que es la última casa de la Región de Murcia ya que a tan sólo 10 metros está la frontera imaginaria de Almería.

Me encontraba yo a eso de las 10 de la noche casi llegado el invierno con mi tarea habitual de regar los Olivos que teníamos junto a la casa.

Vi con toda claridad como encima del monte conocido como de La Muela (Igual que el de Orihuela) en la cima a unos 30 o 40 metros de altura sobre esta una luz fija.

De repente, la luz cayó en picado contra la montaña y después, antes de tocarla varío de rumbo y se dirigió hacia arriba a toda velocidad desapareciendo en el firmamento.


Siempre he pensado que este suceso no tiene nada de normal y no creo que hace más de 10 años existieran drones o aeroneves terretres capaces de hacer una maniobra semejante.

Por supuesto que estos hechos están bajo investigación del grupo de Orihuela Mágica y Misteriosa que crece cada día en integrantes.
Si alguno de los lectores tiene una idea o un hecho curioso que aportar, será bien recibido.




jueves, 15 de octubre de 2015

Primer Testimonio Oriolano de suceso extraño



Todos los días suceden cosas muy curiosas que están impregnadas de un halo de misterio.

Este es un testimonio de una persona que conozco bastante y que no es dada a fantasear ni a divulgar hechos que ella misma dice le da miedo hacer públicos porque teme que la tachen de loca.

El caso es que la historia no tiene desperdicio y tal y como me la contó se la cuento yo  para que juzguen por ustedes mismos.

Antes vivíamos en el Rabaloche. Nuestra casa se encontraba cerca de lo que es hoy una pequeña comisaría.

Mi marido y yo tenemos dos hijas pero lo que sucedió ocurrió con la primera de ellas cuando era muy pequeña e inocente.

Hacía muy poco tiempo que habíamos perdido a mi padre y estábamos con los trámites de la herencia.

Un día, dejamos a mi hija en casa y nos fuimos a hablar con el abogado para arreglar unos problemillas que habían surgido con el Testamento.

Estuvimos bastante rato fuera y después de algunas horas de papeleos y discusiones con otros familiares nos retiramos por fin a casa.

Al llegar, nada más entrar, mi hija se acercó y nos dijo:

-         ¡Mamá, mamá! ¡Ha venido el abuelito y me ha dicho que os dijera que todos los problemas que hay con la herencia se van a arreglar!

Mi marido y yo nos quedamos mudos y todo el cansancio desapareció de golpe.
Mi hija no había mentido nunca y no entiendo como podía haber sido capaz de contar una cosa así si no fue por que ocurrió de verdad.

Si ella dice que mi padre estuvo con ella aún habiendo asistido nosotros a su entierro unos días antes, yo la creo. Mi cría no tiene malicia. O por lo menos no la tenía cuando era una niña.

Cada vez que pienso en ese momento se me ponen los pelos de punta.

EXPEDIENTES X


Dos hechos curiosos relacionados con las sectas en Orihuela



Que Orihuela es cuna de Sectas Indefinibles ya es un hecho constatado que he puesto de relieve en este Blog en alguna de las publicaciones anteriores.

Un ejemplo claro lo tenemos en este relato que me ha contado hoy un sacristán del que no voy a dar el nombre ni tampoco la Iglesia a la que pertenece.

Me cuenta el hombre que hace tan sólo unas semanas se encontraban todos en la Iglesia a la hora de dar la comunión.
La gente se acercaba guardando su turno en la larga cola que se alejaba hasta el sacerdote.
En una de las filas había una mujer de aproximadamente 54 años.
Cuando llegó su turno, colocó la mano en posición horizontal para que el sacerdote le pusiera  la sagrada forma encima.
La mujer se dio la vuelta y se marchó con toda normalidad con la ostia en su mano.
Pero uno de los sacristanes que acompañaban al sacerdote notó algo raro y la siguió con la vista.
No observó ningún gesto que hiciera interpretar que la mujer se llevaba a la boca la forma sagrada.
Uno de los que se habían dado cuenta del acto fue tras ella y le pidió a la mujer que se detuviera justo antes de que saliera por la puerta.
La mujer sujetaba algo con su mano.
El hombre la increpó para que o bien se comiera el cuerpo de cristo o bien que se la devolviera y la amenazó con avisar al sacerdote.
La mujer se negó a comérsela y tras unos instantes de gran tensión se la dio al hombre para que se la devolviera al cura y se marchó por la puerta como si no hubiera sucedido nada.

Hechos de esta índole deben de ocurrir con bastante frecuencia y aunque no sea una prueba  de la existencia de las sectas que he mencionado sí demuestra que hay muy poco respeto por las costumbres eclesiásticas.

¿Qué querría la mujer de la forma sagrada?
¿Sacarla de la Iglesia con qué fin?

Todos sabemos que las sectas satánicas celebran misas negras en donde precisan de formas sagradas para mancillarlas.



Este hecho me recuerda otro que me contaron cuando yo era un niño y que recuerdo de la siguiente forma:

Era un día de recolección de frutas en el campo.
El capataz se paseaba por la finca echando un vistazo a la cosecha para cerrar el trato con el propietario, dar su aprobación y que vinieran pronto las cuadrillas a recoger los frutos maduros que colgaban de los árboles.

A esto que al pasar por uno de los huertos de Hurchillo oyeron a lo lejos como unas voces humanas recitaban algo en lengua desconocida.

Los dos hombres se sintieron sorprendidos y mordidos por la curiosidad decidieron acercarse al lugar.

Cuando llegaron al espacio que hay entre dos filas de árboles se toparon con un gentío que en su mayoría  lucían ropajes de color negro y recitaban todos a la vez unos versos muy extraños.
También se percataron de que había gente en cueros.

El Dueño se exaltó tanto que entró en cólera y los echó de allí.

Los ensotanados, recogieron sus bártulos y abandonaron la finca.

Nunca supe qué clase de religiosos fueron estos.

Y esto lo escuché de boca del capataz que fue testigo de tal hecho.

No es mi intención enemistarme con ningún culto religioso. Cada uno es libre de elegir su propio camino.

Sólo dejo constancia de hechos que a la mayoría de los oriolanos les parecerán por lo menos curiosos.









domingo, 11 de octubre de 2015

Orihuela curiosa: Las Minas de Mercurio de San Antón



Un día un cabrero vecino de San Antón intentando resguardarse de una tormenta encontró un pequeño orificio en la tierra en donde permaneció cobijado hasta que la lluvia cesó.

El cabrero se topó poco tiempo después con un vecino del barrio de nombre Emeterio Navarro y se lo comentó.

Navarro, que abrazaba de buenas maneras sus orígenes y todo lo que representaba a su barrio se puso a investigar y así estuvo durante 30 años.





Lo primero que hizo fue acudir en busca del orificio y así descubrió que se trataba de la salida de un tubo de ventilación de 27 metros de longitud y metro y medio de diámetro dando la cavidad paso a unas galerías de cinabrio que datan desde el 1600.

Lo que este insistente y paciente oriolano junto con su hijo consiguieron descubrir fue que el 5 de marzo de 1888 la sociedad minera “Virgen del Carmen” había inaugurado en San Antón un horno de calcinación de la mina de aludeles (mercurio) que el doctor peruano Lope de Saavedra de Barba había diseñado y que Juan Alonso de Bustamante había introducido en España en el año 1646.





Este horno junto con otro que se encuentra en la población manchega de Almadén son los únicos que hay en toda España.

Buscando entre los diarios antiguos encontró documentación que le permitió catalogar al que conocemos como Horno de Bustamante y la casa cercana a este conocida como la Casa de los Mineros.





Navarro se recorrió todas las galerías encontrando todo tipo de utensilios y se puso en contacto con técnicos en la materia que le pusieron al corriente y añadieron más información en sus indagaciones.

El Diario de Orihuela del 6 de marzo de 1888 llama al horno como de “santa Matilde” dando como fecha de su inauguración el día anterior y que el precio de la obra había costado 30,400 pesetas.





También se conservan los restos de un pozo de donde los mineros sacaban el agua potable que necesitaban.

A día de hoy es fácil encontrar su localización viajando hasta san Antón, llegando hasta la Iglesia Parroquial de San Antón. Se sigue por la calle situada a su izquierda y se camina por el sendero que le llevará directamente hasta los pies del Horno. O bien mediante el sendero que parte desde el mirador del cerro de Oriolet antes de llegar al túnel de la N-340.





Justo antes de llegar al horno hay un pequeño camino que vira hacia la izquierda y que está señalado con grandes piedras. Si caminan por él llegarán hasta la boca de una de las minas.





Lo último que sabemos sobre las minas de mercurio de San Antón es que se han datado algunas galerías de la época de los romanos y algunas de la época musulmana.

Y estamos a la espera de un libro que Emeterio Navarro está a punto de publicar y que le llevó 6 años de su vida buceando por la oscuridad de los túneles sin fondo.


¿Quieres conocer la leyenda de las Minas de Mercurio basada en hechos sobrenaturales que los vecinos de San Antón cuentan? 



FICCIÓN: Orihuela misteriosa: Las caras del antigüo Hospital Municipal

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Empezamos las investigaciones en torno al edificio que albergaba el Hospital Municipal de Orihuela el día 28 de Septiembre del 2015 a las 15:55.

Animado por un amigo que me había hablado de sucesos extraños increíbles sucedidos en el interior del inmueble me decidí a pasar por allí a echar un vistazo y a realizar alguna que otra fotografía. Dicho edificio ha sido testigo de innumerables muertes de pacientes durante las horribles epidemias que asolaron nuestro municipio, albergando incluso la sala de tuberculosos en el piso de arriba.

De momento esta es la información literal que he obtenido:


La calle del Hospital comienza con el Sanatorio San José, que hacía esquina con la plaza del Carmen, después venía la iglesia de San Juan de Dios, perteneciente al Hospital pero abierta al culto a todos los fieles. Justo a su lado, el Hospital Municipal.
El Hospital Municipal, cuyo director era don José Senén, era atendido por las religiosas de San Vicente de Paúl, dirigidas por la madre superiora Sor Petra, posteriormente vendría Sor Isabel. El Centro tenía en la planta baja una sala de hombres y otra de mujeres, sala de parturientas, farmacia y una habitación con tres losas como depósito de cadáveres o morgue.

El primer piso disponía de residencia para las monjas que prestaban sus servicios allí, con una capilla privada para el culto de las religiosas. En esta misma planta, estaba la sala de los tuberculosos, totalmente separados de los demás para evitar contagios, aquí también tenían a los enfermos separados por sexos. Por último, la sala llamada “de los distinguidos”; eran habitaciones independientes para residentes de pago, a estos enfermos les atendía el doctor Valoria.

Así que movido por la curiosidad decidí acercarme al edificio a echar un primer vistazo, pero sin el propósito de entrar dentro.

No esperaba conseguir ningún resultado, tan sólo ver si me daba algún tipo de impresión y sacar alguna fotografía para tener algo en mi archivo personal.

Lo realmente curioso es que en algunas de las fotografías que realicé aparece algo que me llama mucho la atención y que espero también la de ustedes.

En dos fotografías realizadas sobre las 4 de la tarde, y no estoy hablando de fotos hechas de noche a la hora en la que se suponen que se ven fantasmas y todas esas cosas, les hablo de las 4 de la tarde.

Pues bien, en ambas fotografías realizadas con muy poco espacio entre una y otra aparece lo que parece ser el rostro humano de alguien en medio de un reflejo de color azul.

Sobre el reflejo es normal que con la cámara del móvil que es el aparato que tenía a mano para realizarlas y que es de mediocre calidad aparezcan estos destellos azules.

Pero lo que no es normal son los rostros que si se fijan bien se ven con bastante claridad en ambas fotografías

Seguramente será algún tipo de pareidolia que hace que parezca que sean rostros pero es curioso la fuerza y expresividad que tienen en ambas fotos.

Juzguen por ustedes mismos:

He rodeado la supuesta cara con un óvalo amarillo

También le he puesto el óvalo amarillo para que sepan donde mirar
Yo parezco observar la cabeza de una persona con el pelo largo y con el rostro demacrado por el sufrimiento y con unas grandes ojeras provocadas por largas noches en vela sufriendo punzantes dolores.

viernes, 9 de octubre de 2015

Orihuela curiosa: El hechizo de sal sobre la Diablesa


Aprovechando que hoy es fiesta me he levantado con muchas ganas de merodear por los rincones de mi ciudad que no conozco todavía o que habiéndolos visitado de niño ya no recuerdo casi nada de ellos.

Así que armado con un espíritu aventurero me he dirigido a pie hasta San Antón en busca de las Minas de Mercurio.

Guiado por los vecinos de esa zona he conseguido llegar a un paraje muy interesante en donde he podido encontrar un edificio fascinante y una cueva misteriosa que me ha llamado mucho la atención.

De regreso a casa, he dicidido pasar primero por el Museo Arqueológico de Orihuela y allí he estado conversando con Manolo, el hombre que hay en la puerta con el pelo canoso y que está allí para resolver cualquier duda y recibir a los visitantes.

Al hablar sobre La Diablesa y sobre los rumores que viajan por Internet me ha asegurado que todo son bulos que habiendo estado allí muchísimo tiempo, nunca, en ninguna ocasión ha sido testigo de nada insólito o misterioso.

Entonces es cuando me ha relatado un hecho curioso que le ocurrió:

Me cuenta, que un día como otro cualquiera el museo abrió las puertas y los visitantes fueron llegando con ganas de descubrir nuestro pasado.

En esto que llegó una mujer y que no supo porqué pero algo en ella le llamó la atención.

Como el museo estaba plagado de visitantes no pudo estar pendiente de la mujer así que él siguió en lo suyo con su trabajo.

Al poco rato, la mujer pasa por la puerta y antes de marchar le dirije unas palabras muy sospechosas, algo así como que el mal estaba erradicado y que ya no había ningún problema con esa imagen que atentaba contra sus creencias.

Por supuesto que Manolo se quedó muy extrañado.

Un poco más tarde, haciendo una ronda por la parte interior en donde se encuentra situada La Diablesa, notó que algo andaba mal, había como una capa de polvo sobre ella.

Se puso a su lado y pasó el dedo por encima de la talla y pudo comprobar que unos granos de sal habían sido vertidos sobre la figura.

Así que esto es lo que ocurrió, que una mujer que no sabemos quién es se acercó a la figura de La Diablesa y con la excusa de que esa figura iba en contra de su religión le echó sal por encima para hechizarla con un sortilegio con el propósito de anular toda su influencia maliciosa. 

EXPEDIENTES X


jueves, 8 de octubre de 2015

Orihuela misteriosa: Las curaciones imposibles de los curanderos de Orihuela



Hubo un tiempo en que se creía que los animales que se mezclaban con el ganado recorriendo montes o que jugueteaban por los campos no encontraban por su camino el agua con la que saciar su sed en determinados días en los que el calor era insoportable.
Entonces, estos animales encendían sus ánimos y rabiaban con fiereza hasta el punto de que mordían a los pastores o a las reses del ganado transmitiéndoles así la rabia.

Tal y como fuere en los pasados siglos XVI, XVII y XVIII, la rabia era una enfermedad de la que no se tenían datos científicos suficientes y los oriolanos no tenían más remedio que acudir con sus oraciones a los santos y vírgenes o a unas figuras que gozaban de un gran reconocimiento en la sociedad de aquella época conocidos como los saludadores.

Así tenemos nombres que sonaron con fuerza por aquellos tiempos como: Joseph Ramos, Juan Borreguero, Pedro de Luna y el hijo de Gonzalo Ballester.

Sin medicinas o tratamientos médicos específicos para tratar estos males como la peste, la rabia, etc., los oriolanos confiaban la salud de sus parientes a las supuestas sabias manos de estos hombres que a veces con la saliva y otras con la imposición de sus manos, conseguían en algunos casos lo imposible, curar al enfermo.

Por ello gozaban de una gran estima en la sociedad y en las autoridades de la época.

Tenemos documentos que hablan de sus prodigios como por ejemplo los alivios en la salud obtenidos en la casa de Dr. Joseph Roca de Togores

Un caso documentado en Orihuela de transmisión de la rabia fue la que ocurrió en 1693 en Arrabal Roig en la que una mujer fue infectada por un animal además de otras personas por lo que el Consell de la ciudad optó por contratar los servicios de Franses Longas natural de San Sebastián al que se le llegó a ofrecer un total de 15 libras como ayuda para el alquiler de una casa.

domingo, 4 de octubre de 2015

Orihuela curiosa: La preocupación de los oriolanos por los ahogados en el río Segura


La Gaceta de Madrid de 19 de abril de 1791 relata la generosa iniciativa tomada
en Orihuela por el canónigo lectoral Dr. D. Marcelo Miravete. 

Este sacerdote, compadecido de los numerosos infelices que caían en el río Segura en que perecían sin recibir un eficaz auxilio para recobrar sus sentidos, decidió usar parte de sus rentas en formar una Junta para socorrer a los ahogados en el Segura, en las acequias y pozos inmediatos, como también a los sofocados, a los acometidos de muerte repentina y demás asfícticos. 

Se componía la Junta de un cirujano director, dos médicos, dos ayudantes y un sustituto que tenían a sus órdenes dos nadadores para sacar del agua a los ahogados y tres «convocadores» conductores que daban inmediato aviso de la desgracia ocurrida y llevaban a los pacientes al paraje señalado para la administración de socorros. Todos ellos gozaban de un estipendio fijo y de gratificaciones complementarias eventuales, según los casos. Todo venía costeado a expensas del benéfico clérigo así como la Instrucción impresa que había compuesto para prevenir los lances que podían ocurrir, el modo de operar y las obligaciones de la Junta. 

Además, había encargado en Cádiz una excelente máquina fumigatoria con todos sus
instrumentos y accesorios (cigarros habanos, aguardiente y álkali volátil) que cedería
al Ayuntamiento después de su muerte. 

El Ayuntamiento aceptó con gratitud la manda, alabando la humanidad que manifestaba el canónigo con sus conciudadanos.

Y el Rey, enterado de todo por su Secretario de Estado, conde de Floridablanca, se sirvió
expresar al Dr. Miravete, lo grato que le había sido su rasgo de patriotismo.


Así es como se debía de proceder:

Se sacaba al ahogado del agua y se llevaba en posición de lado derecho con la cabeza levantada a un lugar en donde había abundancia de aire libre y puro.

Sin perder el tiempo, se le quitaba la ropa y se posaba el cuerpo en una cama a la que previamente se la había calentado de manera moderada.

Se le aplicaba por la nariz un producto conocido como álcali volátil por medio de una pluma o un papel torcido.

En la boca echaban también 4 o 5 gotas mientras tapaban el otro orificio de la nariz.

Y después con una máquina especial de la época, introducían humo en los intestinos con mucho cuidado de no producir la inflación del vientre.


Y de esta forma se aseguraban de su salvación.

Orihuela curiosa: La resurrección de los "muertos"


Tanto la calle de la Acequia como la calle del Río, fueron famosas en Orihuela por compartir hechos similares que hoy llaman poderosamente la atención.

En ambas calles, habitaron en el siglo XX personas que sufrieron de una enfermedad conocida como catalepsia.

Se trata de un estado biológico en el cual la persona yace inmóvil, en aparente muerte y sin signos vitales, cuando en realidad se encuentra viva en un estado que podría ser consciente o inconsciente.

Desde los albores de la Edad Media, el temor a ser enterrado vivo obsesionó la conciencia de muchos países europeos. 

Antiguamente y todavía en el siglo XVIII no muy lejano, no se diferenciaba la
muerte verdadera del coma profundo o de los estados letárgicos provocados por una
multiplicidad de causas generalmente accidentales (síncope, desmayo, apoplejía,
afectos soporosos, alferecía, catalepsia, insulto convulsivo o histérico, éxtasis morbo-
so, vehemente pasión de ánimo como pavor, fuerte ira, pesadumbre o excesiva delec-
tación venérea). Si, como en varios países y en España entre ellos, se practicaba la
inhumación en un plazo breve, existía el peligro de ser enterrado vivo. Y efectiva-
mente, ocurría con bastante frecuencia aquella horrible desgracia. Unos de estos
«muertos vivos» golpeaban con desesperación las paredes del ataúd antes de sucumbir por falta de aire. Otros tenían a veces la suerte inaudita de que alguien oyese sus
gritos y su vuelta a la vida se consideraba como auténtico milagro. El temor de ser
enterrados vivos era tan fuerte que en Inglaterra ciertas personas exigían llevar atado
al dedo un cascabel o una campanita para eventualmente manifestarse desde su fére-
tro. En Alemania, era costumbre destapar en el cementerio el ataúd antes de proceder
a la sepultura.
Resultaría imposible hacer el recuento de aquellos desgraciados condenados a la
podredumbre que lograron in extremis salvar su vida, o que durante la autopsia que
se les hizo, reaccionaron al primer corte de bisturí.

Así no es de extrañar que tanto Manolico “El Marullo” de la calle la Acequia como Mercedes la Trapera de la calle del Río fueran dados por muertos y preparados sus entierros.

Cuando ya estaban los cuerpos amortajados, abrieron los ojos recobrando la vitalidad y dieron un susto de muerte a los visitantes que se habían acercado a dar el pésame a las respectivas familias.

EXPEDIENTES X

Orihuela misteriosa: La mano de Redován


Buscando información sobre hechos curiosos acontecidos en Orihuela me topé en el libro de Antonio Colomina Riquelme ORIHUELA SUS CALLES, SUS PLAZAS, SUS GENTES… una alusión a un caso extraordinario que ocurrió en nuestra vecina localidad de Redován y que nos afectó de manera directa ya que miles de oriolanos se sintieron atraídos por el hecho y acudieron en masa al hogar del protagonista para ser testigos de la manta que con ingeniosa prontitud había colgado en una vitrina en la pared para que todos los asistentes pudieran ver la huesuda mano que se había grabado a fuego y de manera milagrosa en el tejido.
Seguí buscando en la red hasta que pude encontrar este testimonio directo y que contiene una narración de gran calidad literaria que parte de un vecino natural de esta localidad.


LA TIA DE NINO 

Bernardino Murcia Sánchez, vecino de Redovan, conocido como Nino, vivía con sus padres en el número 9 de la calle Chapí. Su vivienda era humilde, de una planta y a dos aguas; se accedía directamente a un espacio amplio, popularmente conocido en Redován como entrada; de ésta se accedía a dos habitación, una a la izquierda y otra a la derecha, en ésta dormía Nino. De la primera entrada se pasaba a otra similar, que hacía de comedor-cocina, en el que, normalmente, se hacía la vida hogareña. Del comedor-cocina una pequeña puerta comunicaba con el corral. 

Tenía 19 años; era amable y callado. Sus facciones, de aspecto mediterráneo, colaboraban a la apariencia de un joven amable y humilde. Trabajaba como jornalero del campo o de cualquier otra faena que en aquellos años fueran comunes en el pueblo. Nino, que por su aspecto poco sobresaliente y por sus hechos pasaba desapercibido, en el año 1950 fue elegido por la Virgen María para que anunciara su deseo de que en Redovan se le hiciera una ermita en el lugar conocido como Las Vagonetas.

Nino solía visitar, como la mayoría de vecinos del pueblo, la zona de la sierra, conocida por Las Vagonetas. Esta finca, había quedado fuera de la plantación de pinos que se habían llevado a cabo ese mismo año. Comprendía lo que hoy es la casa del Tibi-Tibi, la de Enrique Manzanera, la del Comino y toda la zona de chalets que hay detrás. En la esquina de la finca, lo que hoy ocupa la casa del Tibi-Tibi, había un caserón medio derruido. La casa estaba orientada hacia la huerta. A su puerta, después de cruzar el barranco de los Cortaos, se llegaba por el camino de Los Pasos, que continuaba, como ahora, hasta el cementerio. A su derecha, en dirección al cementerio, iniciaba su vida la incipiente pinada. A su izquierda, el cauce del barranco Los Cortaos, que, en días de intensa lluvia, bajaba con fuerza arrolladora. En toda la finca había viejos algarrobos, junto a oscuros y rugosos almendros, que servían de parque de juegos a los más aventureros chiquillos del pueblo. Detrás de la casa, a unos 50 metros, había una vieja aljibe que recogía las aguas de las generosas lluvias de primavera y otoño. En la parte alta, casi al límite con la pequeña pinada, se encontraba una especia de balsilla que recogía el agua cuando llovía y que por medio de un canal de obra, la conducía hasta ella.

Nino, que descansaba cerca del aljibe, después de un día de duro trabajo y una larga caminata por la sierra, recibió de la Virgen María el mensaje, no se sabe si en aparición o en sueños, de que allí mismo debía construirse una ermita en su honor. Asustado e incrédulo, no salía de su asombro. Preocupado, pensativo y eufórico al mismo tiempo, bajó para su casa. Nada dijo a su familia de lo sucedido o soñado. La vida siguió normal. Pasaban los días y sólo la monotonía era novedad.
Se estaba convenciendo que todo había sido un hermoso e increíble sueño.
Una noche, su habituación se iluminó con una tenue luz anaranjada y una voz lejana, metálica, rasgada y fría, pero familiar, le despertó. Era la voz de su tía Josefa Medida, muerta hacía 16 años. Le dijo que no se asustara, que era su tía Josefa y que venía en nombre de la Virgen para recordarle lo dicho por ella en las Vagonetas: Que debían hacer una ermita en aquel lugar para que sirviera de peregrinación y rezo y que, como lugar santo, colocara en aquel lugar una gran cruz. Terminado este breve mensaje, todo quedó, de nuevo, a oscuras y en silencio. Impresionado y tembloroso, ya no pudo conciliar el sueño. Concluyó que lo ocurrido en Las Vagonetas, había sido real. Eso no le tranquilizó, más bien, lo contrarío, porque sabía que para él empezaba una época llena de dificultades. No obstante, decidió no tomar ninguna iniciativa, por ahora. Nada dijo de lo ocurrido.

Como todos los días, al alba, cogió la fiambrera con la comida que su madre le había preparado y se fue al tajo. No podía dejar de pensar en lo sucedido. No sabía que hacer. Dudaba. Sabía que debía obedecer la orden recibida, pero también sabía que esto supondría enfrentarse a críticas y rechazos de su gente y vecinos y que lo tomarían, como mínimo, como loco de cuidar. Pensaba, dudaba y daba largas a la decisión.

El tiempo transcurría y nada cambiaba. De nuevo, mientras dormía, la habitación se llenó de una tenue luz de color naranja oscuro, de olores extraños y, de nuevo, oyó la voz de su tía que le recordaba los deseos de la Virgen y que no podía posponer más tiempo el anuncio de su deseo, ni posponer la colocación de la cruz. Esta vez, para convencerle y para que no dudara de que era ella, su tía, muerta hacía 16 años, quien le hablaba le dejó gravada a fuego, en la manta parda que estaba sobre la cama, la señal de su huesuda y negruzca mano abierta. Al terminar de hablar y sellar en la manta su esquelética mano, la luz y voz desapreciaron, no así la extraña olor que permaneció por algunas horas. Al comprobar que la señal impresa, coincidía exactamente con la mano de su tía, pues tanto la marcada en la manta como la verdadera, según recordaba y le habían dicho en varias ocasiones, tenían dos dedos doblados (la mano de la tía Josefa los tenía doblados debido a un accidente que tuvo, unos años antes de morir) aceptó su destino y decidió que, desde ese momento, su misión sería transmitir a todos el deseo de la Virgen de que en las Vagonetas se le hiciera una ermita. Colocaría de inmediato una cruz cerca del aljibe.

Con la claridad de la mañana, despertó a su familia para comunicarles el mensaje que había recibido de la Virgen, en voz de la tía Josefina. Viendo la incredulidad en sus rostros y, sobre todo, en sus palabras de sorpresa, duda y, hasta reproche, les enseñó la manta en la que, hacía pocas horas, su tía había impreso su mano para sellar la autenticidad del mensaje. Esto les convenció y, con los ojos inundados en lágrimas de dicha, abrazaron a su hijo, dando gritos de alegría. Los vecinos de la calle, oyeron el jaleo y, como es frecuente en los pueblos, se acercaron a la casa para saber que estaba sucediendo. Este les contó, ya en plan predicador, el mensaje recibido de la Virgen en las Vagonetas y confirmado con la aparición de su tía Josefina. Para convencerles de lo dicho, les enseñó, también, la huella dejada por su tía en la manta. Se sumaron a la sorpresa y a la admiración. En pocos minutos la noticia se extendió por el pueblo.

Redován se llenó de corrillos que hablaban abiertamente de lo ocurrido y, en pocas horas, todo el pueblo supo del milagro. A la casa acudían, sin cesar, vecinos que querían ver la señal del milagro. Ya por la tarde, dada la enorme cantidad de fervorosos visitantes, en unos casos, y curiosos, en otros, que querían ver el estigma dejado por la mano de la Tía de Nino en la manta, los familiares la extendieron cuidadosamente sobre la cama del “santo”, como empezaba a decirse ya de él, para que en orden pudieran entrar y salir de la habitación, una vez vista con recogimiento por unos o irónica sonrisa por otros. Todos coincidían en que la señal dejada en la manta era exactamente igual a la huesuda mano de la tía Josefa, muerta hacía unos años. Para unos, era una señal de Dios que exigía arrepentimiento por no parar de ofenderle. Para otros, los menos, no era más que a Nino se le había ido la cabeza y le había dado por esta extraña historia de apariciones, bastante común en aquellos años. Para los escépticos de lo sobre natural, sabedores de la noticia, no le daban ningún valor milagrero, más bien veían en ello intereses ocultos.

Después de esto, lo primero que hizo Nino y, ya de una forma abierta, fue construir una cruz de madera que colocó en un lateral de la aljibe de las Vagonetas. El la visitaba todos los días, acompañado de numerosos devotos. Guiados por él, rezaban y pedían favores y perdón a la Virgen.

En los días que siguieron, ya nada le fue igual. La vida le cambió radicalmente. Dejó el trabajo y su vida social. Se recluyó en su casa, en la habitación donde estaba expuesta la manta con la mano impresa de su tía, pues los visitantes querían verla, hablar con él y en muchos casos, tocarle. El, con voz suave, cadenciosa y dulce, les comentaba el deseo de la Virgen. La gente salía exultante de fe. Sólo, de vez en cuando y para evitar tanta presión, subía a la sierra a rezar al pie de la cruz o realizaba labores agrícolas, propias de otoño, en una pequeña propiedad que su familia tenía en la huerta. Se cuenta, como hecho milagroso, que una mañana fue a estrujar tormos y se volvió enseguida, sorprendido y algo agitado. Se comentó que fueron los ángeles, enviados esa noche por la Virgen, los que hicieron el trabajo. Este otro milagro incrementó la fe de los creyentes y la duda en los escépticos.
Las noticias de las apariciones y los milagros eran los temas de conversación en el pueblo y en la comarca. La mayoría de vecinos de Redován y de localidades vecinas empezaron a hacer suya el deseo de la Virgen de que se hiciera una ermita en las Vagonetas. Ya era el momento, decían de empezar a hacer recolectas para tal fin. Otros, los menos, dudaban de la veracidad de los hechos y pensaban que todo era un montaje para conseguir no sé qué y Nino la víctima inocente, o no, del enredo. Esta ebullición de fe y de escepticismo traspasó los límites comarcales y se hizo común en los pueblos cercanos de Alicante y Murcia. Los medios de comunicación nacional también se hicieron eco de lo sucedido en Redovan.

Estos acontecimientos eran muy importantes y podría suponer un cambio trascendental en el pueblo y en la comarca. Por la experiencia en otros lugares-Fátima y Lourdes- de ser cierto, supondría una revolución económica y social. De demostrarse lo contrario, que todo era una farsa, el ridículo sería de grandes dimensiones. Por ello, la autoridad religiosa y política se mantenían al margen, pero expectantes, de los continuos sucesos.

La Virgen decidió poner fin a las dudas y le envió de nuevo a la Tía para indicarle que la noche del día 28 de Octubre se mostraría a todos en las Vagonetas para trasmitirles su deseo. Esto confortó el alma de Nino, porque suponía, por fin, que todo el mundo abandonaría la incertidumbre sobre él y su mensaje y, sobre todo, verían a la madre del creador. Nino comunicó el mensaje recibido. La noticia, rápidamente, se extendió de boca en boca y de pueblo en pueblo. La prensa la llevó a lugares lejanos.

El deseo, el nerviosismo, la ansiedad y también el temor, se apoderaba de los vecinos, conforme se aproximaba la fecha indicada. El día llegó y empezó a verse por el pueblo a muchas personas desconocidas que preguntaban por el lugar en el que la Virgen se iba a aparecer. Mayores, jóvenes, mujeres, hombres, familias enteras o solitarios individuos, con ropas de bien o con ropas menos bien, oliendo a perfume u oliendo a trabajo…todos venidos de todos los pueblos de la comarca, de pueblos de Alicante y Murcia e incluso de lugares lejanos, iban en aumento conforme avanzaba el día. Llegaban a pie, en bicicletas, en carros, montados en animales de carga y, los menos, en coche. Redován no parecía Redován. Se había transformado en un centro multitudinario de fe y de espectáculo. Al llegar la noche, más de 1000 personas se concentraron en la Vagonetas, iluminada con pequeñas hogueras repartidas en puntos estratégicos. El aljibe, como ya había anunciado Nino, sería el lugar elegido por la Virgen para mostrase a todos los allí presentes. La multitud era enorme. La gran mayoría, dada la multitud concentrada y las dificultades propias del terreno, no podía ver el lugar elegido para la aparición. Mientras el momento llegaba, los fervorosos creyentes, de rodillas, o de pie o sentados sobre el suelo, rezaban el rosario, o improvisaban oraciones espontáneas. Los descreídos y curiosos, que eran escasos, hablaban entre sí del acontecimiento. Pasadas las ocho, llegó Nino rodeado de los más allegados a él. Conforme avanzaba hacia el aljibe, el gentío gritaba pidiéndole favores y se le acercaban con intención de tocar sus ropas o a él. Los que le acompañaban procuraban que no se acercaran a él. Los minutos trascurrían y los ánimos crecían en fervor y esperanza para unos, en confirmación de sus dudas, para otros. Nino, subido al brocal de la aljibe, con voz potente, pero dulce y serena, se dirigió a la multitud para decirles que pronto verían a la Virgen y escucharían su mensaje. Terminadas sus palabras, se arrodilló y, juntando las manos sobre el pecho, rezó mirando hacia el cielo. Todos le imitaron y, arrodillados también, imploraron a la Virgen por sus pecados. Se hizo un respetuoso silencio. Sólo un susurro callado se oía en la oscura noche. El fresco viento de la joven noche se sumaba al fervor popular con verdes silbidos producidos al rozar las hojas de los garroferos. Las más de mil personas se transformaron en una inmensa alma que rezaba por los suyos, por sus pecados y por sus sueños. De pronto, el devoto y respetuoso silencio se transformó en un sonoro griterío de admiración, alegría y júbilo al contemplar un hermoso y blanco resplandor que desde el aljibe iluminaba toda la sierra. Allí estaba, era la Virgen, que convertida en hermosa, regia y dulce luz, hablaba en silencio a sus corazones y les pedía paz, amor y que construyeran una ermita en ese lugar. La mayoría, con lágrimas en lo ojos y emocionados y felices alababan a la Virgen por haber hecho con ellos el milagro de poderla sentir y ver. Otros, menos fervorosos, decían que no veían nada e indicaban que esa iluminación repentina se debía a las luces de algún coche, que descendiendo del túnel de Orihuela, había proyectado los resplandores sobre la sierra de Redován. Para éstos, la aparición había sigo un engaño. Los fervorosos decían que éstas palabras eran propias de personas pecadoras y de poca fe.

Pasados unos minutos y, viendo que nada más sucedía, la multitud se fue disgregando. La mayoría decidió bajar de la sierra e iniciar la marcha a sus domicilios o buscarse un lugar donde pasar la noche. Numerosos henchidos de fe decidieron quedarse en el lugar santo para seguir rezando. Algunos de éstos, a pesar de que Nino, acompañado de sus amigos y familiares, se dirigió a su casa, se quedaron toda la noche entre rezo y cabezada. De alguna forma, todo había terminado: para unos el milagro, el espectáculo para otros. Al día siguiente, el pueblo estaba dividido entre los que habían visto a la Virgen y los que decían que todo había sido un engaño. Los primeros eran mayoría.
Pasados unos días, las autoridades, comprendieron que esta historia se estaba desbordando. La autoridad religiosa no estaba convencida de lo milagroso de estas apariciones y, por lo tanto, no le dio apoyo. Esperaba que hubiera datos más concluyentes. La autoridad civil más radical y preocupada, decidió iniciar una investigación, ya que la concentración de más de 1000 personas y el revuelo producido en los siguientes días, se podía convertir en algo incontrolable. Por ello, al día siguiente, el Gobierno Civil de la Capital dio orden de arrestar a Nino y llevarlo a Alicante para su interrogación. Lo esposaron y se lo llevaron en un coche celular. La cruz y la manta se la llevaron también, cargándola en la baca del coche. Se dijo, que en el trayecto algunas sombras indujeron a los policías al sueño y estos pararon el vehículo y a Nino, sin ser conscientes de lo que hacían, le desataron. El no quiso escapar. Despertados los guardias del sopor, y sin saber qué había sucedido, reiniciaron la marcha. En la comisaría le interrogaron una y otra vez. Nadie supo cómo ni de que manera lo hicieron, lo cierto es que cuando, a los pocos días, volvió a Redovan, ya nunca oyeron de su boca nada referente a los milagros narrados.
Pasó el tiempo y los acontecimientos ocurridos aquellos días se fue olvidando y la normalidad volvió a Redován y a todos. Nino siguió con su mismo trabajo, con su vida. Se fue haciendo mayor, se casó y tuvo mujer e hijos. Nunca después se le oyó hablar de lo ocurrido, aunque se le preguntara por ello. Murió de 69 años, en 1995.

De esta historia, sólo han quedado rumores: como que la manta está en Roma; algunas sospechas, como que a ciertas personas del pueblo se las ha visto rezar, hasta hace muy poco años, en la esquina de la casa del Tibi-Tibi y en dirección a donde estaba el aljibe; una evidencia y algún comentario, como que la ermita de la Virgen de la Salud, es la respuesta a la petición que la Virgen hizo al pueblo de Redován.